La Vida Consagrada: Encuentro con el Amor de Dios

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Hoy, 2 de febrero, celebramos la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Esta es una excelente ocasión para conocer más y tratar de comprender mejor este don que Dios hace a su Iglesia. Y también un motivo para comprometernos en la súplica al Señor pidiéndole que envíe vocaciones a la Vida Consagrada.

En la primera parte de este artículo te contamos algunos pormenores sobre el mensaje que el Papa Francisco ofreció en la Homilía de la Misa que presidió esta mañana en la Basílica de San Pedro. Si quieres leer el texto ínegro de la Homilía puedes hacerlo aquí.

Y luego te ofrecemos algunas reflexiones sobre lo que significa esta palabra “consagrar”, quién el “el Consagrado”, quién es el que consagra y a quién… Muchas cosas interesantes sobre este tema que hemos extractado del Capítulo VIII del excelente libro del P. Severino María Alonso La Vida Consagrada – Síntesis teológica.

También puedes aquí ver cómo vivimos nuestra Consagración las Discípulas de Jesús.

No te lo pierdas…

 

Fiesta del encuentro

fiesta-encuentroEn primer lugar el Santo Padre habló del “encuentro”. Cuarenta días después de Navidad celebramos al Señor que, entrando en el Templo, va al encuentro de su pueblo. En el Oriente cristiano a esta fiesta se la llama precisamente la “Fiesta del encuentro”: es el encuentro entre el Niño Dios, que trae novedad, y la humanidad que espera, representada por los ancianos en el Templo.

Allí sucede el encuentro de dos parejas: por una parte, los jóvenes María y José, y por otra, los ancianos Simeón y Ana. María y José encuentran en el Templo las raíces del pueblo y las raíces de la fe, y así se encuentran a sí mismos. Y los dos ancianos, encontrando a Jesús, encuentran el sentido de sus vidas.

 

La gracia del encuentro

gracia-encuentroLa vida consagrada nace del encuentro con Jesús. Se mueve por una doble vía: por un lado, la iniciativa amorosa de Dios, de la que todo comienza y a la que siempre debemos regresar. Por otro, la respuesta de la persona, que es de amor verdadero cuando se da sin peros ni excusas, y cuando imita a Jesús pobre, casto y obediente.

“Mirémonos a nosotros, queridos hermanos y hermanas consagrados -invitó el Papa Francisco- todo comenzó gracias al encuentro con el Señor. De un encuentro y de una llamada nació el camino de la consagración. Es necesario hacer memoria de ello. Y si recordamos bien –agregó- veremos que en ese encuentro no estábamos solos con Jesús: estaba también el pueblo de Dios -la Iglesia-, jóvenes y ancianos, como en el Evangelio”.

También advirtió que la vida frenética de hoy lleva a cerrar muchas puertas al encuentro, a menudo por el miedo al otro. “Que no sea así en la vida consagrada -precisó el Pontífice- el hermano y la hermana que Dios me da son parte de mi historia, son dones que hay que custodiar. No vaya a suceder que miremos más la pantalla del teléfono que los ojos del hermano, o que nos fijemos más en nuestros programas que en el Señor”.

 

Del encuentro surge la vida

encuentro-vidaVivir el encuentro con Jesús es abrirse a la cotidiana agitación de la gracia. Dejarse encontrar por Jesús, ayudar a encontrar a Jesús: este es el secreto para mantener viva la llama de la vida espiritual. Es la manera de escapar a una vida asfixiada, dominada por los lamentos, la amargura y las inevitables decepciones. Encontrarse en Jesús como hermanos y hermanas, jóvenes y ancianos, para superar las diferencias generacionales.

Antes de concluir su homilía, el Santo Padre indicó que, al final de los Evangelios hay otro encuentro con Jesús que puede ayudar a la vida consagrada: el de las mujeres en el sepulcro. Los consagrados, “al igual que aquellas mujeres, las primeras que encontraron al Señor resucitado y vivo, se abrazan a Él y lo anuncian inmediatamente a los hermanos, con los ojos que brillan de alegría…”

 

Algunas reflexiones sobre la consagración

La palabra “consagración”

La palabra “consagración” se deriva de verbo “consagrar”, que a su vez hace referencia a santificar, divinizar, sacralizar o sacrificar. Todos estos términos implican una relación directa con Dios. La persona es introducida en la esfera de lo Sagrado, de lo Absoluto, de lo Divino, de lo Santo, es decir, en el ámbito de la Divinidad. Lo contrario a lo consagrado es lo secular o profano, es decir, lo que está alejado o separado de Dios.

palabra-consagracionConsagrar, de parte de Dios, significa:

  • tomar plena posesión,
  • reservarse especialmente,
  • invadir y penetrar con la propia santidad,
  • admitir a la intimidad personal,
  • relacionar profundamente consigo mismo,
  • transformar por dentro,
  • renovar interiormente…
  • y sobre todo, configurar a alguien con Jesucristo, que es EL CONSAGRADO.

Por parte del hombre, consagrarse es:

  • entregarse a Dios,
  • dejarse poseer libremente por Él,
  • acoger activamente la acción santificadora de Dios,
  • darse a Él sin reservas, en respuesta a la previa autodonación de Dios y bajo el impulso de su gracia.

La consagración supone para el hombre donación y renuncia, entrega y separación. Recordemos las parábolas del tesoro escondido en el campo y de la perla preciosa (cf. Mt 13,44-45), que cautivan a quienes los descubren y les mueven a vender todo lo demás para adquirir ese tesoro y esa joya.

Consagrarse a Dios implica renuncia a la propia suficiencia y autonomía, para encontrar en Dios y en la plena y filial dependencia de Él, una mayor autonomía, suficiencia y libertad.

 

Sentidos de la palabra “consagrar”

Sentido relativo

Por “consagración” en sentido relativo, se entiende cualquier tipo de relación con Dios o de referencia a Él. De estra manera puede aplicarse la palabra “consagrado/a” a cosas, lugares y personas. Es una dedicación al culto y al servicio de Dios, más bien que una entrega a Dios mismo.

Por ejemplo; el cáliz que está consagrado, es un objeto separado que no podemos utilizar para otra cosa que no sea consagrar el vino. Aunque es una copa como otras, no le podemos dar el mismo uso o el mismo destino que a las demás.

objetos-personas-consagradasSentido teológico

La consagración en sentido teológico, implica y es una relación estrictamente personal, de tú a Tú, con Dios. Por eso solo es aplicable a la persona: el cáliz no puede relacionarse así con Dios, porque solo la persona puede relacionarse de manera íntima, entrañable y formal con Dios.

Así la consagración es una real transformación de la persona, una configuración verdadera con Cristo, una santificación. La persona queda unida de manera nueva e íntima a Dios, invadida por la santidad de Dios, transida de divinidad, poseída por el mismo Dios y transformada en Él, sin que ella pierda su propia individualidad.

 

La consagración de Cristo

consagracion-cristoJesús es el Consagrado. Él mismo es Aquel a quien el Padre consagró (cf. Jn 10,36). En Él se resumen todas las consagraciones de la antigua ley, que simbolizan la suya, y en Él está consagrado el nuevo Pueblo de Dios. Jesús vivió su consagración precisamente como Hijo de Dios: dependiendo del Padre, amándole sobre todas las cosas y entregado por entero a su voluntad.

Cristo es el Ungido, es decir, el Consagrado, el Mesías. Cristo no se encarna para “secularizarse”, sino para consagrar toda su realidad humana, asumiéndola, elevándola, trascendiéndola y sacrificándola.

Cristo vive en Sí mismo un proceso de consagración que dura toda su vida, hasta su muerte y resurrección. Él se anonadó (cf. Flp 2,7-8), y parte esencial de este anonadamiento -por el que se sacrifica y se consagra su naturaleza humana -es su obediencia, su pobreza y su virginidad.

 

La consagración bautismal

consagracion-bautismalPor designio eterno y amoroso del Padre, Cristo vino al mundo para consagrarnos, comunicándonos su propia filiación divina. Desde siempre Dios nos pensó y nos eligió en la Persona de Cristo, por pura iniciativa suya, para que fuéramos de verdad hijos suyos, santos y consagrados en su presencia por el amor (cf. Ef 1,3-14).

“Los bautizados somos consagrados por la regeneración y la unción del Espíritu Santo como casa espiritual y sacerdocio santo” (LG Nº 10).

Es una verdadera configuración con Cristo en su condición filial y fraterna y, por eso mismo, es una verdadera consagración.

Dios, por medio del Bautismo, nos hace hijos suyos en el Hijo y, en Él, nos hace hermanos de todos los hombres. Es decir, nos consagra realmente, configurándonos con el Consagrado.

 

La consagración religiosa

consagracion-religiosa“La vida religiosa, como consagración total de la persona, manifiesta el desposorio admirable establecido por Dios en la Iglesia, signo de la vida futura. De este modo el religioso consuma la plena donación de sí mismo como sacrificio ofrecido a Dios, por el que toda su existencia se hace culto continuo a Dios en la caridad” (CIC can. 607,1).

El religioso es el que trata de vivir la consagración bautismal en toda su radicalidad, llevando hasta sus últimas consecuencias las exigencias del Bautismo y haciendo fructificar todas las virtualidades en él contenidas. El religioso vive en total disponibilidad, de forma permanente y asumiendo como estado de vida la virginidad, la obediencia y la pobreza. En la profesión de los consejos evangélicos hace un compromiso público y definitivo de conformar la propia vida con Cristo virgen, obediente y pobre.

La dedicación absoluta al Reino es su estilo de vida. La donación de sí mismo que abarca la vida entera y el vivir únicamente para Dios, es el contenido más hondo de la consagración religiosa. Y esto es lo que distingue esencialmente la consagración religiosa de la bautismal y del estilo propio de ser cristiano.

 

Una consagración de amor

consagracion-amorLa consagración religiosa es una consagración de amor, una pasión de amor. Tiene las características propias del amor verdadero convertido en pasión:

  • la totalidad en la entrega,
  • la exclusividad en la persona amada y
  • el desinterés absoluto en servirle.

Y al decir que es una consagración total quiere decir que es perpetua, porque si la persona no se entregara para siempre, no se entregaría del todo. Es un estado que nos permite ser adoración perpetua para Dios.

Por amor a Dios el religioso muere de forma habitual no solo al pecado, sino también a valores humanos positivos: el amor humano compartido (voto de castidad), la propiedad y el uso independiente de los bienes materiales (voto de pobreza) y la libre programación de la propia vida (voto de obediencia).

Por eso decía el Papa Pablo VI a los religiosos:

“Por el Reino de los Cielos, vosotros habéis consagrado a Dios, con generosidad y sin reservas, las fuerzas de amar, el deseo de poseer y la libre facultad de disponer de vuestra propia vida, que son bienes tan preciosos para el hombre”. (ET Nº 7).

De esta manera los consejos evangélicos expresan y realizan la donación integral e irrevocable de todo nuestro ser personal, de lo que somos, de lo que tenemos y de lo que podemos poseer. Es no solo una oblación, sino un sacrificio que lleva a sus últimas consecuencias la consagración del Bautismo. Es vivir con radicalidad el Evangelio y la imitación de Cristo.

Vista así, la consagración religiosa es una entrega total, absoluta e inmediata, de amor a Dios. Desde el momento en que es consagrado, todo el ser y la vida del religioso tiene un sentido y lleva un sello: “pertenencia de Dios”.

 

Un don

un-donNadie es religioso por propia iniciativa. Es Dios quien llama y quien capacita para responder. Porque siempre para Dios llamar es dar.

Por eso la vocación es un verdadero don. Y los dones de Dios, por ser dones de amor, enteramente gratuitos, son dones definitivos, sin posible arrepentimiento por su parte, como nos lo recuerda san Pablo: “Los dones y la vocación de Dios son irrevocables…” (Rom 11,29).

Dios llamar para siempre y crear en el llamado una permanente capacidad de respuesta. La fidelidad del hombre consistirá en apoyarse en esa fidelidad inquebrantable de Dios.

 

Esperamos que todo esto te motive a:

  • dar gracias a Dios por el regalo que hace a su pueblo con la Vida Consagrada, signo de su amor, anunciadora de la alegría del Evangelio;
  • pedirle que siga llamando cada día a más hombre y mujeres que estén dispuestos a vivir este ideal de amor apasionado y radical; y…
  • ponerte a la escucha, en total y plena disponibilidad a su Palabra, a su voz…

 

¿Y si Él te estuviera llamando a ti?

¿O a tu hijo o hija?

¿Qué le dirías?

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