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Sin duda la santidad es un llamado que Dios nos hace a todos. Sin embargo a veces no estamos convencidos. Nos cuesta creer que así es, que yo, en mi estado de vida, en mi situación, estoy llamado a ser santo, a ser santa…

Más aún: ¡que puedo serlo! Porque el Señor me dará las gracias y todo lo que necesito para ello… Y ¡que debo serlo! Porque Dios es Santo y desea que nosotros, sus hijos, nos parezcamos a Él. Por eso decíamos hace un tiempo que hoy necesitamos poner de moda la santidad.

Por eso el Señor quiere que en su Iglesia haya santos “para todos los gustos y necesidades”. Ellos son nuestros modelos, hermanos nuestros que han vivido la fe de una manera radical. Y que por esa razón nos pueden mostrar el camino.

Entonces a ti, que eres obrero, te puede ayudar un santo que ha alcanzado la santidad trabajando con sus manos, como San José. A ti, que eres mamá, te puede inspirar la vida de Santa Gianna Beretta Molla. Tú, que eres estudiante, puedes tomar como patrono a San José de Cupertino. Los niños encontrarán ejemplo en Santo Domingo Savio. Y las niñas en Santa María Goretti…

Y… ¿las novias? Si estás de novia te tenemos una hermosa noticia. El pasado 6 de marzo el Papa Francisco aprobó el decreto que reconoce las virtudes heroicas de Sandra Sabattini. Ella es una joven italiana fallecida a los 22 años. Y podría convertirse en la primera novia santa de la Iglesia Católica.

 

Desde niña, una vida orientada a Dios

Sandra nació el 19 de agosto de 1961 en Riccione, un municipio situado en el territorio de la provincia de Rímini, en Emilia-Romaña, (Italia). Pasó sus primeros años en el municipio de Misano Adriatico, en la provincia. A los 4 años, ella y su familia se mudaron a la casa parroquial de la Parroquia de San Girolamo. Allí era párroco uno de sus tíos, el P. Giuseppe Bonini, hermano de su madre.

Con una familia profundamente católica, Sandra comenzó a escribir un diario personal el 24 de enero de 1972. Apenas contaba 10 años. Tres años después conoció al P. Oreste Benzi, fundador de la Comunidad Papa Juan XXIII, que se dedicaba a atender a los “últimos” de la sociedad.

A los 14 años vivió su primera experiencia misionera con la Comunidad, pasando unos días con discapacitados graves. Volvió a casa con un pensamiento claro, que dejó así expresado en su diario: “Nos hemos roto los huesos, pero esa es gente a la que nunca abandonaré”.

Empezó a cultivar una relación intensa y clara con Dios. A su tio sacerdote no le resultaba extraño encontrársela cada vez con más frecuencia en adoración ante Jesús Eucaristía. Sus padres y sus amigos también la descubrían muchas veces sentada en el suelo, absorta en la meditación de los Salmos.

Sandra había elegido a Dios, y en consecuencia, eligió también a los pobres. A ellos les dedicaba todo su tiempo libre. Además de participar en los trabajos de la Comunidad Papa Juan XXIII, atendiendo a adictos y discapacitados, iba en busca de los necesitados de casa en casa. Según decían, la joven había desarrollado algo así como un “sexto sentido” para descubrir la pobreza oculta.

 

Estudiante en busca de su vocación

En 1980 ingresó a la Universidad de Bolonia a estudiar medicina. Fue una elección hecha desde la ardua búsqueda del plan de Dios para ella. En su tiempo libre y sus vacaciones se seguía dedicando a atender a los enfermos más necesitados.

Uno de sus sueños era ser médica misionera en África. De hecho, si hubiera podido, hubiera ido allá inmediatamente. Su papá tuvo que aconsejarle que fuera prudente y diera un paso a la vez, terminando sus estudios primero.

Llevaba una vida intensa de oración. Rezaba el Rosario a diario y también todos los días meditaba la Palabra de Dios. Además Sandra tenía la costumbre de rezar la primera hora de cada año (de 12 a 1 a.m.) ante el Santísimo Sacramento.

 

Cuando llega el amor

Sandra no era muy diferente a otros jóvenes de su edad. En casa discutía con su familia, soñaba con un mundo de justicia e igualdad, le gustaba ir a bailar, practicaba deporte, estudiaba piano, cantaba en un coro… Pero aquí radicaba la diferencia: en todas estas cosas Dios no era un extraño. “Cuando realmente amé, sentí que Dios llenaba todo y a todos”, escribe.

Y realmente así fue. Dios no fue ajeno al sentimiento que surgió en su corazón cuando a los 20 años conoció a Guido Rossi. Era un muchacho mayor que ella, del que se enamoró y con quien comenzó a planear su futuro.

Estaban de novios como si no lo estuvieran, al menos según la mentalidad actual, que ya no sabe cómo vivir las expectativas y quema todo en la prisa de las relaciones, que de amor tienen solo la apariencia. Sandra y Guido vivían juntos la castidad y avanzaban en el conocimiento mutuo a la luz de la Palabra. Y compartían los mismos ideales, como el sueño de ir a África para fundar una comunidad que sirviera a los “últimos de los últimos”.

Poco a poco se iba modelando en ella un estilo de radicalidad evangélica que la hizo escribir: “Hoy hay una inflación de buenos cristianos, mientras que el mundo necesita santos”. Y ella no estaba contenta con ser parte del primer grupo. Por eso aspiraba a la santidad corrigiendo sus flaquezas y haciendo cada vez más activa su misión en favor de los pobres.

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El fruto ya estaba maduro

El 29 de abril de 1984 iba con Guido y un amigo a la Asamblea Anual de la Comunidad Papa Juan XXIII. Apenas bajó del auto y a la espera de cruzar la calle, fue embestida por otro vehículo que iba en sentido contrario. Fue llevada al Hospital Bellaria de Bologna, al que ingresó en estado de coma. Finalmente falleció 3 días después, el 2 de mayo. Todavía no había cumplido los 23 años.

En una reciente entrevista con TV 2000, Guido recordó: “La primera vez que salimos juntos (…) me llevó a un cementerio, a mirar los rostros de las viejitas en las tumbas olvidadas, para advertir en estas vidas olvidadas la real presencia del Señor que no las olvida nunca”.

“El tiempo del noviazgo no era simple o solamente una alegría humana… Era una alegría que se debía al hecho de que esta relación estaba al centro de un proyecto más alto”, resaltó.

 

Inicio de la causa de canonización

El P. Oreste Benzi, fundador de la Comunidad Papa Juan XXIII, siempre convencido de que en Sandra tenía un modelo joven de excepcional fidelidad evangélica, fue quien promovió la apertura de la causa de la beatificación.

La investigación diocesana se inició el 27 de septiembre de 2006 y se cerró el 6 de diciembre de 2008. En ella se recolectaron y probaron alrededor de sesenta testimonios.

En 2009, 25 años después de su muerte, se quisieron trasladar sus restos a la Iglesia. Pero cuando se quitó la tierra que cubría el ataúd, de Sandra no se encontró nada, ni siquiera un hueso. El P. Benzi dijo: “No se debe buscar a Sandra entre los muertos”, y el Obispo de Rímini, Monseñor Francesco Lambiasi, simplemente comentó: “El grano de trigo que tiene la cara y el nombre de Sandra ha caído tanto en la tierra que se deshizo por completo, se hizo tierra”.

De todos modos quiso llevar el sarcófago a la Iglesia, que, precisamente porque estaba destinado a permanecer vacío, más que una tumba es un monumento a la resurrección.

Finalmente el 6 de marzo de 2018 el Papa Francisco recibió en audiencia al Cardenal Ángelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. En dicha audiencia autorizó la promulgación del decreto en el cual se reconocen las virtudes heroicas de Sandra Sabattini y es así declarada Venerable.

 

¿Qué es eso de las virtudes heroicas?

La aprobación del decreto que reconoce las virtudes heroicas de un Siervo de Dios es un paso importante en una causa de canonización.

Esta aprobación significa que la Iglesia reconoce que un Siervo de Dios ha vivido de manera heroica o sobresaliente las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad (el amor).

Lo que sigue en el proceso es esperar a que se obre un milagro por intercesión del Siervo de Dios y que sea reconocido de modo oficial, también a través de un decreto. Así ya se puede proceder luego con la beatificación.

Después, se requiere de otro milagro, que también sea reconocido oficialmente por la Congregación para las Causas de los Santos, con lo que luego se puede proceder a la canonización.

 

La santa de la puerta de al lado

Sandra Sabattini ha sido definida como la “santa de lo cotidiano”, ya que no hizo nada extraordinario. Así la presenta su biografía titulada “La santa de la puerta de al lado”, una obra editada por la teóloga Laila Lucci, con el prefacio del actual Obispo de Rimini, Mons. Francesco Lambiasi.

La documentación sobre la curación de Stefano Vitali, expresidente de la Provincia de Rímini, ocurrida en 2007 tras haber pedido la intercesión de Sandra Sabattini, ya ha sido enviada a la Congregación para las Causas de los Santos.

Creemos que el ejemplo de esta joven es muy actual y necesario hoy, que todos los valores se están perdiendo. ¡Anímate a ser santa! ¡Anímate a ser santo! En lo de todos los días, en lo cotidiano, en lo que te toca vivir.

Y si estás viviendo un noviazgo, anímate a que sea un noviazgo santo. Sandra puede alentarte con su ejemplo e intercesión.

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¡Dios te bendiga!

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