Llegar a la adoración por el camino de la alabanza
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Introducción

La alabanza conduce a la adoración, es como la preparación para este momento tan importante de intimidad con Dios. Por eso este artículo es continuación del anterior: La alabanza: un estilo de vida.

A su vez la adoración tiene el objetivo de llevarnos a una comunión profunda, intensa con Dios, hasta que lleguemos a la contemplación, es decir, a la experiencia del alma que ya no requiere palabras: ya no eres tú quien habla, es Dios quien ahora se comunica contigo dándote su amor, su paz, su vida misma. Este es un sublime momento de quietud, de dejarte abrazar, de dejarte llenar por Él, por su amor.

¿Qué es la adoración?

¿Qué es la adoración?

El Catecismo de la Iglesia Católica en el número 2628 la define como «la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador… Exalta la grandeza del Señor… Es la acción de humillar el espíritu ante el Rey de la Gloria…»

La adoración es el momento de la interioridad, de la entrega, de rendirte ante Dios, de entregarle el corazón, de postrarte delante de Él.

Su lenguaje es tan propio como el de la alabanza, y se manifiesta en todas las dimensiones de tu vida. Con el cuerpo rindes adoración postrándote de rodillas, cerrando tus ojos o contemplando su imagen, levantando las manos en un signo de entrega. El canto se vuelve suave, expresivo, porque interioriza y expresa tus sentimientos, tu piedad. Solo hay el deseo de entregarse, de agradar a Dios, de expresarle tu amor.

La adoración culmina con ese momento de interioridad profundo que llamamos contemplación.

Actitudes propias de la adoración

Actitudes propias de la adoración

Abandono

Una actitud de descanso, de entrega, de quietud, que te lleva a experimentar el encuentro con Dios. Es la actitud relajada del niño que se abandona en los brazos de su madre.

No hagas esfuerzos por pensar en algo, acalla los sentidos, no centres la mente en nada que no sea Dios. Puedes pronunciar algunas palabras como: «Jesús mío», «Mi Dios y mi todo», «Señor mío y Dios mío…»

Escucha

Dios desea hablar a tu corazón, compartirte su sentir; desea además derramar sus dones, sus gracias, sus bendiciones en tu vida.

Por eso debes escuchar en silencio, y podrás experimentarlo de diferentes formas: a través de una lectura que te inspira, a través de algún mensaje, de palabras que sientes en el interior del corazón, o a través de una visión en tu mente. Puede ser una experiencia personal o algo que puedes compartir con todos los demás.

Fe y confianza

En una actitud de confianza en Dios debes dejar que Él tome tus cargas, tus preocupaciones, todo lo que eres, y tener la disposición de adherirte a sus deseos, a su voluntad, de creer en Él y de creerle a Él. Cree que te ama, que está contigo, que estás en sus manos.

Este es el momento en que Dios te sana, te transforma, te renueva, te sacia en todas tus necesidades. Nadie que vive verdaderamente esta unidad profunda con Dios puede continuar igual.

Conclusión

La alabanza y la adoración son más que una forma de oración, son una forma de vida que viene a hacer plena tu vida espiritual. Esto es porque no se basan en tus sentimientos o deseos, sino en tu convicción, en tu voluntad.

Recuerda que cuanto más te cueste la oración, más perfecta es tu entrega, puesto que es más grande tu renuncia, tu inmolación a la voluntad de Dios. Que el Señor te regale la gracia de vivir en alabanza y adoración.


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