La cuaresma: un camino interior
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Cuarenta oportunidades para amar a Cristo

Hace unos días comenzó la Cuaresma: cuarenta días, cuarenta oportunidades para decirle a Cristo: «No estarás solo camino del Calvario, yo te acompañaré». Y hoy Él sigue cargando con la cruz en tantos hermanos nuestros que sufren, que padecen, y que necesitan de un Cireneo.

Como hemos dicho en un artículo anterior (puedes leerlo aquí), la Cuaresma es un camino que, como cristianos y amigos de Jesús, debemos recorrer. No podemos (ni debemos) tomar atajos; Cristo y nuestros hermanos más débiles nos necesitan… Y seguramente ya lo has experimentado: el peso de la cruz, de los problemas, de los fracasos, de las enfermedades, de las contrariedades de la vida… se lleva mucho mejor entre dos. Por eso el Papa Francisco, en su Mensaje Cuaresmal para este año, nos invita a vivir una Cuaresma de caridad, mostrando atención y compasión por cada persona.

Por eso hoy te invitamos a tomar conciencia de lo que significa la Cuaresma, a revisar tu vida como cristiano, y a posicionarte no a la orilla del camino, viendo cómo Cristo pasa con la cruz, sino desde dentro, arrimando el hombro y el corazón, siendo coprotagonista en la pasión del Señor.

La «entrada» para la Cuaresma

Entrada para la Cuaresma

Iniciar la Cuaresma es como adquirir una entrada para acompañar, animar, ayudar y, lo más importante, vivir en tu propia carne y en tu mismo corazón la pasión de Cristo…

En este momento tienes dos opciones:

  • Si no quieres complicarte la vida, si tú eres de los que se conforman con mirar desde afuera y «echar un par de lagrimitas» al ver pasar a Jesús, vuelve a tu vida y olvídate de la entrada…
  • Pero si te quedas y recibes tu entrada, si te decides a vivir la Cuaresma como un camino interior, entonces recuerda que la adquisición de esta entrada significa la aceptación de algunas condiciones, que te detallamos a continuación.

Condiciones para vivir la Cuaresma como un camino interior

Vive la Cuaresma como un camino interior

No debes buscar culpables, condenar o juzgar. El tiempo que tenías reservado para eso, úsalo para amar, para perdonar.

Las únicas armas que se admiten son la palabra, el diálogo y la oración.

Cargar con la cruz de Cristo es una elección, y para los amigos del Señor, un privilegio. No lo hagas por cumplir o solo para que los demás te vean.

Caerse está permitido. Una, dos, tres o cien veces… Eso sí, levantarse es absolutamente obligatorio.

Llevar la cruz no es una carrera de relevos: unos metros, media hora, hasta que sientas dolor… ¡No! Cristo quiere que lo acompañes siempre.

Durante esta Cuaresma podrás encontrar al Señor en cualquier sitio, a cualquier hora. Si miras a tu alrededor con los ojos de la fe, del corazón, te encontrarás con Él.

De la misma manera, la cruz se manifiesta de muchas formas: En el amigo que está pasando un mal momento, en el hermano que viene de lejos, en el que se encuentra solo, enfermo, desamparado.

Queda terminantemente prohibido acompañar a Cristo por intereses personales, pensando en lo que vas a conseguir con eso.

No están permitidas las caras largas y el mal humor. A Jesús le ayudará más una sonrisa tuya desde el corazón, que una semana flagelándote.

Al finalizar la Cuaresma, si la has vivido como una experiencia interior y no como un espectáculo externo, sentirás en tu corazón la experiencia de Cristo resucitado. Y eso cambiará por completo tu vida, y pasarás a gozar de una enorme e inagotable dicha.

Es hora de preguntarte

¿Cómo vas a vivir tu Cuaresma?

Sí, este es el momento de cuestionarte a ti mismo: ¿Dónde vas a colocarte? ¿Entre los que, ante la cruz, huyeron y se escondieron? ¿O vas a permanecer de pie, al lado de María, de Juan y de las otras mujeres?

¿Vas a vivir esta Cuaresma como un camino interior, que te lleve a amar más a tus hermanos que sufren? ¿O nada más vas a dejar que pasen estos cuarenta días sin prestarles mayor atención?

La decisión es tuya. Solo recuerda que hoy Cristo está pasando delante de ti, cargando la cruz, herido y humillado, en cada uno de tus hermanos que sufren.

¿Estás dispuesto a enjugar su rostro con el paño de tu caridad?


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