La clave para vivir con coherencia tu fe en medio de las dificultades de la vida

En esta aventura de vivir la vida cristiana en que estás embarcado desde tu Bautismo, quizá muchas veces te hayas sentido desanimado, sin fuerzas o sin saber cómo seguir. Es que cuando quieres ser cristiano de verdad, cuando quieres que tu fe tiña tu vida entera desde la raíz y no que sea un barniz superficial, suele suceder que todo se te pone “color de hormiga”.

¡Qué difícil es vivir coherentemente la fe en un mundo que te empuja a lo más fácil, a lo light! ¡Qué difícil es vivir la paradoja del Evangelio!

  • En un mundo que te grita que tienes que ser el número uno cueste lo que cueste; el Evangelio te dice que “los últimos son los primeros”.
  • En un mundo que te invita a acumular, a buscar todo para ti; el Evangelio te dice que “hay más alegría en dar que en recibir”.
  • En un mundo que exalta la riqueza y el tener, el Evangelio te enseña: “bienaventurados los pobres”.
  • En un mundo en que los poderosos se aprovechan de los demás, el Evangelio enseña que “el verdadero poder es el servicio”.

Y podríamos seguir enumerando hasta el infinito…

La cuestión es que ser cristiano de verdad implica ir contra la corriente. Y esto, si lo enfrentas solo con tus fuerzas humanas, se te hará cada vez más difícil, y te cansará, y hasta te llegará a parecer imposible.

Pero… ¡Te tengo una buena noticia! Jesús, que sabe lo que necesitas incluso antes de que se lo pidas, te da la gran solución: Él mismo se hizo Alimento para el camino, fuerza, energía, y vida para tu vida.

Como enseña el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica en los nº 292 y 294, cuando comulgas se acrecienta tu unión con Cristo y con la Iglesia, se renueva la gracia que recibiste en el Bautismo y creces en el amor al prójimo. La Eucaristía es, definitivamente, tu fortaleza en la peregrinación de la vida.

Hay también otros medios que te ayudarán a vivir coherentemente tu vida cristiana: la oración, la penitencia, el amor y la devoción a la Santísima Virgen María, el Sacramento de la Reconciliación o Confesión… De todo esto iremos hablando en otros posts, por eso te invitamos a que te suscribas a nuestro Boletín para no perderte nada de lo que vayamos publicando aquí:

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ALIMENTARTE PARA FORTALECERTE

La Palabra de Dios (2R 19,1-8) narra cómo el profeta Elías, en un momento de prueba y tribulación, cae desfallecido, desanimado y desalentado por la dificultad de la prueba. Como respuesta a su clamor Dios le manda un ángel que le invita a comer del alimento que Dios le envía, para que pueda llegar al final de su destino: “Levántate, come y bebe, que te queda mucho por recorrer”. Con la fuerza de ese alimento el profeta caminó día y noche durante cuarenta días hasta llegar al Horeb, el monte de Dios.

En el Antiguo Testamento todo es figura de Cristo. Este alimento que te da la fuerza para seguir hasta que llegues a la casa de Dios es, sin duda, Jesús mismo. Él mismo dijo: “Yo soy el pan de vida, el que venga a mí no tendrá hambre, el que venga a mí no tendrá nunca sed” (Jn 6,35). Jesús es el alimento que te trae la vida, y por eso debes acercarte a Él con la plena conciencia de que serás alimentado de su gracia, de su amor, de su paz, de su salud, de su vida, y sabiendo que aún te queda mucho por recorrer.

¡Cuántas veces no has desfallecido ante las luchas y las dificultades de la vida por estar débil, por carecer de la fuerza de este alimento! La comunión debe ser tu ocasión de unirte profundamente a Él, dejando que Él te abrace, te levante, te sane.

ALIMENTARTE PARA MANTENERTE UNIDO A ÉL, PARA PERMANECER Y PERSEVERAR EN LA FE

En la Eucaristía Jesús también te alimenta para que permanezcas unido a Él, como Él mismo dijo: “Yo Soy el Pan vivo que mi Padre les da, el que come de este Pan tiene vida eterna. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él” (Jn 6,51-56).

Es necesario que comprendas que la vida cristiana no se vive a base de emociones y sentimientos, sino que tienes que avanzar en fe, respondiendo lo mejor que puedas al llamado del Señor: “Busca primero el Reino de Dios y todo lo demás se te dará por añadidura” (Mt 6,33).

Para esto es imprescindible que permanezcas en Él como el sarmiento que, para dar fruto debe permanecer unido a la vid: “Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así también vosotros si no permanecéis en mí” (Jn 15,4). Solo unido a Cristo podrás perseverar en la vida de fe.

Necesitas hacer de la Eucaristía tu alimento de vida para permanecer en su amor, en su gracia, en su voluntad, para resistir la prueba, para fortalecerte en la lucha contra el pecado.

¿Y para qué vivir unido a Él? Para cristificarte, es decir, para ser como Él. Es la experiencia que vivió San Pablo: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20). Únicamente unido a Cristo, apropiándote de sus pensamientos, de sus sentimientos, de su voluntad, podrás irte transformando en Él. Y este es el objetivo final de todo discípulo: ser como su Maestro.

Es en la comunión donde te haces uno con Él, donde alcanzas un solo corazón, una sola mente con Él. Es buscando tener sus mismos deseos, sus anhelos, sus pasiones, sus amores, su voluntad, sus sentimientos… y esto, que es lo que recibes al comulgar, es lo que te irá configurando con Él.

Es importante, pues, que no relativices tu vida eucarística, sino que, como verdadero discípulo de Jesucristo, saques de la Eucaristía la fuerza para toda tu vida, para tu apostolado, para tu misión, para evangelizar, para vivir en pureza, para crecer en la virtud… en fin, para ser santo!

Ten en cuenta que en el combate espiritual nadie puede salir victorioso si no es un hombre o una mujer de vida eucarística. Por eso, haz caso al mandato del Señor, como hizo Elías, y ¡levántate!. Levántate de toda comodidad o apatía y ve a comulgar, ve a disfrutar del banquete del Señor preparado para ti desde el principio de los siglos, levántate y come y no busques ser saciado con otras cosas, con otras personas, no busques alimentarte de las cosas vanas y pasajeras que no te darán la verdadera vida.

Recuerda que, como dijo el ángel al profeta Elías, “te queda mucho por recorrer”.

Te invitamos a que compartas tus experiencias con Jesús Eucaristía, así todos nos iremos enriqueciendo. Puedes hacerlo en los Comentarios de más abajo. Recuerda que las palabras convencen, pero el testimonio arrastra…

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¡Que Dios te bendiga!


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