¿Sabías que en la Iglesia también tenemos "Buen Fin"?

En estos días está de moda el Buen Fin. Quien más, quien menos, todos hemos intentado aprovechar alguna rebaja, alguna oferta, algún descuento… Y termina el Buen Fin y continúa Black Friday… Beneficios, premios, regalos, ofertas… Podemos conseguir descuentos desde en la compra de un teléfono celular, o de un televisor, hasta en el pago de la matrícula de la escuela de los chicos…

Pero… ¿Te habías dado cuenta de que en la Iglesia también tenemos “Buen Fin”? Aunque no se trata de rebajas o de descuentos… No es que ahora cuando te vayas a confesar la penitencia será más fácil, o podrás canjearla por otra menos rigurosa… O que en estos días sea más “barata” la Salvación… ¡No! Nada de eso…

No sé si lo habías pensado, pero en estos días estamos llegando al final del Año Litúrgico… Es el “Fin”… Y es verdaderamente el “Buen Fin” porque está lleno de acontecimientos de gracia. En unos pocos días el Señor nos regala tres momentos en los que podemos experimentar de manera casi palpable su amor, su misericordia, su Salvación…

Vamos a ver cuáles son esos acontecimientos de gracia que hacen que estos días sean para nosotros, los cristianos, el verdadero “Buen Fin”.

 

1. La gracia del Día de Acción de Gracias

En el día de Acción de Gracias, gracias por...

Si bien no es una fiesta de origen cristiano, y tampoco es común que se celebre más allá de los Estados Unidos, Canadá y algún otro lugar, es muy interesante pensar en ella.

Algo de historia

Nuestros hermanos del país del norte la celebran el último jueves de noviembre. La tradición dice que surgió en 1621 con la llegada de un grupo de colonos británicos. Los recién llegados tuvieron grandes dificultades para adaptarse a las condiciones climáticas del Nuevo Mundo. Tanto que, de 102 que eran originariamente, en unos pocos meses murieron 46. Pero recibieron ayuda de los indios Wampanoag, y aprendieron nuevas técnicas de cultivo, con lo cual obtuvieron abundantes cosechas. Para celebrarlo se organizó un festival de tres días donde se reunieron indios y colonos a compartir y dar gracias por tanto bien recibido.

La importancia de agradecer

Más allá de esta historia, y de si es cierta o no, lo que queremos resaltar aquí es la importancia de agradecer. Se termina el año, y ¡qué bueno es agradecer! Dice el refrán que “de bien nacidos es ser agradecidos”. Y Jesús alabó al leproso, al único entre los diez que habían sido sanados, al samaritano, que se regresó para agradecer.

Estamos muy acostumbrados a pedir, a veces casi a exigir. Incluso pareciera que nos creemos merecedores de todo bien… Y sin embargo, pocas veces nos acordamos de dar las gracias.

Acostúmbrate a dar las gracias por todo. Hasta por las cosas más pequeñas, más simples de la vida, pero que son tan importantes…

  • Gracias por poder respirar, por ver, por poder sentir… ¡Tantos hay que no pueden hacerlo!
  • Gracias por tener una familia, unos amigos, un trabajo, por la posibilidad de estudiar… ¡Cuántos están solos, sin familia, sin hogar! O tienen una familia pero no un trabajo con qué poder sostener y alimentar a sus hijos…
  • Gracias por la luz, el sol, el aire… ¡Hay tantos que no pueden disfrutar de estas cosas por estar enfermos, o presos!
  • E incluso, por qué no, gracias por las dificultades, por los sufrimientos, por las contrariedades de la vida… Ellas te hacen crecer, te fortalecen…

Y tú… ¿qué agradeces?

Aprende a ser agradecido. Aunque no celebres el Día de Acción de Gracias como tal, ahora que está terminando el año, que sea realmente un “Buen Fin”…

Repasa todos los acontecimientos de gracia que has vivido en este año y dale gracias a Dios porque por su amor y su misericordia estás aquí, sigues en la vida, estás junto a las personas que amas, lo conoces y puedes disfrutar de su amor y de su gracia…

¿De qué le das gracias a Dios en este año que se está acabando? ¿Cuál es tu acción de gracias para que este sea realmente un “Buen Fin”?

 

2. La gracia de la Solemnidad de Cristo Rey

La gracia de la Solemnidad de Cristo Rey del Universo

Esta fiesta sí nos la propone la Iglesia, como coronando el Año Litúrgico que se acaba. Es el segundo acontecimiento de gracia del “Buen Fin”: celebrar a Jesucristo, Rey del Universo. Reconocerlo como el dueño y Señor de tu vida, de tu existencia toda. Porque de eso se trata esta fiesta.

Culmen del Año Litúrgico

Durante todo el Año Litúrgico hemos recorrido los misterios de Cristo, desde su Encarnación y su Nacimiento, pasando por su vida oculta en Nazaret, luego su vida pública, después su pasión, muerte y resurrección, y por último su ascensión a los cielos y el envío del Espíritu Santo. Experimentamos así cómo desde entonces es Él quien guía y dirige a su Iglesia. Y ahora, como corolario, llega esta hermosísima fiesta en la que toda la Iglesia lo reconoce como Rey, como Señor, como Dueño.

Jesucristo, tu Rey

¿Pero qué significa esto? ¿Qué implica para cada uno de nosotros? ¿Qué debe suponer para ti celebrar a Cristo Rey?

  • Que quieres que sea Él quien gobierne en tu vida.
  • Que has tomado la decisión de darle autoridad sobre todo lo que eres y tienes, sobre tu voluntad, sobre tus decisiones…
  • Que quieres preguntarle siempre a Él antes de tomar una decisión.
  • Que antepones su voluntad a tus proyectos.
  • Que deseas que Él sea tu Jefe, quien dirija todas tus actividades, tus pensamientos… Que cada día al despertar, vas a preguntarle: “Señor ¿qué quieres tú para mí hoy? ¿Qué quieres que haga?”

Si te fijas, esta fue la actitud de María. Y fue la actitud de muchos santos y santas. Buscar ante todo la voluntad de Jesús, sus deseos, su querer. Hacer tuyos sus proyectos. Dejar de lado tu voluntad para asumir la suya como propia. Esto es hacerlo tu Señor. Esto es proclamarlo tu Rey.

Y proclamarlo Rey del Universo es desear y trabajar para que se cumpla la voluntad del Padre, que es “que todo tenga a Cristo por Cabeza” (Ef 1,10). Esto es lo que Dios desea. Que Jesucristo sea todo en todos. Que Él reine, que Él gobierne…

Consagración a Jesucristo

Por eso, dale lugar en tu corazón. Proclámalo como tu Señor, como tu dueño. Entrégale tu vida. Dile que quieres que Él sea quien gobierne en ti. Abandónate a Él, ríndete ante Él. Dale tu corazón y tu voluntad…

Puedes orar con estas palabras:

Jesucristo, yo creo en Ti. Creo que Tú eres el Hijo de Dios. Creo que moriste por mí en la cruz, que resucitaste y vives para siempre. Te reconozco y acepto como mi dueño y Señor para siempre. Cristo Jesús, toma posesión de cuanto tengo y cuanto soy. Ven, Señor Jesús. Te entrego mi pasado, mi presente y mi futuro. Quiero estar bajo tu autoridad y jurisdicción, quiero escucharte y obedecerte. Haz que yo pueda vivir contigo la vida nueva de hijo de Dios por el poder del Espíritu Santo. Amén.

De este modo el Señor vendrá a habitar en ti, hará de ti su morada, reinará en ti. Porque tú le habrás dado cabida en tu corazón.

 

3. La gracia de comenzar el Adviento

La gracia del Adviento: tiempo de espera de las dos venidas del Señor

Este es el tercer acontecimiento salvífico de estos días que completa el “Buen Fin”, que hace que este tiempo sea un muy “Buen Fin”. Aunque en realidad podríamos decir que este acontecimiento ya pertenece al “Buen Principio” del próximo Año Litúrgico.

Las dos “venidas”

El Adviento es el tiempo hermoso que tenemos para prepararnos a la venida de Jesús: su primera venida que, como cada año, recordamos, y su segunda venida que anhelamos…

Esta primera venida en la carne de nuestro Salvador Jesucristo hace que no temamos su segunda venida. Porque la primera vez vino como un bebé, débil, pequeño, necesitado… Y se hizo uno de nosotros, compartió nuestra carne, nuestros dolores, nuestros miedos… Así nos redimió… Por eso, cuando venga grande y terrible, en su segunda venida, podremos esperar en su misericordia.

¡Maranathá! ¡Ven!

El nuevo Año Litúrgico se abre con este gran deseo, con esta llamada, con este anhelo, con esta esperanza: “¡Ven!”… Este “Maranathá”, este “¡Ven Señor Jesús!” es un grito de esperanza y amor que se renueva cada año –y se seguirá renovando- hasta que nuestro deseo se vea consumado, cuando al final de los tiempos Cristo venga definitivamente.

Por eso con toda tu Iglesia, gozosos y anhelantes, clamamos: ¡Ven, Señor Jesús!

  • Ven que te necesitamos, ven que te esperamos… Ven Jesús…
  • Tú eres el Dios que siempre está viniendo al hombre…
  • Tú nunca nos deja solos, Tú no nos abandonas…
  • Ven porque sin Ti la vida no tiene sentido…
  • Ven porque estamos desamparados…
  • Ven porque no podemos seguir caminando en la oscuridad…

María, tu compañera en el Adviento

En Adviento nadie mejor para enseñarte a esperar que María. Imagínala esos nueve meses esperando a Jesús, preparando su nacimiento… Piensa en cómo habrá sido su oración, su comunión con Dios en ese tiempo… ¡Con cuánto amor esperó a su Hijo, deseó su venida!

Ella puede ser tu mejor compañera de camino durante este Adviento. Ella sí que supo esperar… Pídele que te enseñe, que te ayude. Ella tuvo su “Buen Principio” de la Navidad, porque primero vivió el “Buen Principio” del primer Adviento de la historia, mientras Jesús se iba formando en su vientre. Pero recuerda que antes ya había vivido su “Buen Fin”, cuando se entregó por entero, sin reservas, en la mañana de la Anunciación…

 

Que tu “Buen Fin” prepare un “Buen Principio”

Recibir la gracia de Dios en este "Buen Fin" para tener un "Buen Principio"

Tres acontecimientos que hacen que este tiempo sea lleno de gracia, desbordante de Dios… Si tú quieres, puede ser para ti, realmente, un muy “Buen Fin”… Porque el Señor tiene regalos para darte a manos llenas…

Y a través de ellos Dios quiere prepararte para que comiences un nuevo año lleno de su gracia, de sus dones. Él te está equipando, te está dando todas las herramientas que necesitas para que seas capaz de construir su Reino, para que puedas vivir feliz, como hijo suyo que eres.

El Señor te está regalando sus dones en este “Buen Fin” porque también quiere que tengas un “Buen Principio”…

¿Los quieres recibir? ¿Te abres a su gracia? ¿Qué vas a hacer para recibir todo lo que Dios tiene reservado para ti?

 

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Fátima Verónica Carello dj
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Fátima Verónica Carello dj

De los tres la verdad me encanta iniciar el tiempo de adviento. Es una nueva oportunidad de cambiar, de animarse a comenzar una nueva vida, de reconciliarse con uno mismo, con Dios y con los demás. Es un verdadero tiempo de conversión y por lo tanto de crecimiento en las virtudes que abren la puerta a la accion de la gracia de Dios.
Exelente publicación. Felicidades!