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Está acabando un año más y en pocos días comenzará el Año Nuevo. Son momentos en los que nace casi espontáneamente la reflexión. Momentos en los que tomamos conciencia más lúcida del tiempo, esa realidad que vamos gastando sin tomarla demasiado en cuenta.

Son momentos idóneos para realizar un balance del pasado y proyectar también la mirada hacia el porvenir.

Hoy queremos compartir contigo una sencilla reflexión que puede ayudarte en el análisis y evaluación del año que acaba y también a poner en las manos del Señor el año que pronto iniciaremos.

 

Un tiempo para examinar el propio corazón

Cuando se termina el año surgen en el corazón diversos sentimientos. Algunos encontrados y otros hasta contradictorios. Y eso es lo que le da a estos momentos ese sabor tan especial, imposible de describir.

Por un lado, sientes alegría…

Por haber logrado finalizar una etapa más en la vida.

Porque este año ha sido una oportunidad que Dios te ha dado para ir creciendo en el bien y en la bondad.

Porque has podido hacer felices a los demás.

Porque has alcanzado algunas metas que te habías propuesto.

Por el bien que has recibido y por todo lo bueno que has podido hacer por los demás.

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Pero también seguramente sientes cierta nostalgia…

Por el tiempo que ha pasado.

Por los momentos felices que has vivido.

Por las penas que has sufrido.

Por todos aquellos que se han ido, o que están viviendo lejos.

Por tantas cosas que formaban parte de tu vida y tuviste que dejar.

Tal vez viene también a tu corazón un sentimiento de remordimiento…

Por todo lo que pudiste hacer y por dejadez o descuido no hiciste.

Habrá quien sienta que el año que termina ha sido un año desperdiciado inútilmente.

Y también…

Puede ser que para ti este año haya sido el año del reencuentro con Dios, con su amor y su misericordia. Un año en el que encontraste el verdadero sentido a la vida y volviste al camino del que nunca debías haberte alejado. Entonces este ha sido, sin duda, un año de gracia y de bendición.

Pero puede haber sido un año en el que tu fe se ha enfriado, en que tu amor a Dios se ha oscurecido. Un año en el que dejaste a un lado todo aquello que te acercaba a Dios… En que te alejaste del camino por donde Él te llamaba.

Examínate… ¿Cómo está hoy tu corazón? ¿Cómo ha sido este año para ti? ¿De qué das gracias? ¿De qué pides perdón?

 

El año nuevo, una nueva oportunidad

A pesar de todos esos sentimientos que llenan tu corazón el año se termina, y no puedes quedarte mirando hacia atrás. Lo que ya pasó, pasó, y las cosas no se pueden remediar con suspiros o con lágrimas.

Por eso es que necesitas lanzar la mirada al año que va a comenzar. Pero no debe ser una mirada de miedo o de temor, sino más bien de optimismo y de esperanza. Dios te concede la vida para que puedas enmendar todo aquello que no estuvo bien y para que mejores todo lo bueno que has hecho.

ano-nuevo-nueva-oportunidadPor eso debes mirar el año nuevo como una nueva oportunidad que Dios te ofrece para reorientar tu camino. Para darle a tu vida su verdadero sentido.

Hay muchos que se preguntan: “¿qué nos traerá este año?” Y en realidad el año no nos traerá nada. Un año es simplemente un poco de tiempo que se pone en nuestras manos para que nosotros lo aprovechemos de la mejor manera posible. Así que para ti el año nuevo será lo que tú hagas de él. Es tu responsabilidad personal.

Es cierto que sucederán muchas cosas: unas agradables, otras dolorosas, otras molestas, otras maravillosas… Pero todo eso no es bueno o malo en sí mismo. Todo dependerá de cómo tú lo aproveches. Todo lo que te suceda será solamente una oportunidad para amar y para servir mejor a Dios.

San Pablo en su carta a los Romanos (8,28) dice que “todo concurre al bien de los que aman a Dios”. Esto significa que no se trata de que lo que te suceda te guste o te moleste. Sino que se trata de que debes amar a Dios en todos los acontecimientos de tu vida, y entonces lo que sea que te suceda será bueno para ti.

 

Oración para despedir el año que termina y recibir el Año Nuevo

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Señor, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.

Al terminar este año quiero darte gracias…

Por todo aquello que recibí de Ti.

Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.

Te agradezco por todo cuanto hice en este año, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y mis amigos de siempre, los más cercanos a mí y los que están más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.

Pero, Señor, hoy también quiero pedirte perdón…

Por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado.

Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho. Perdón por vivir sin entusiasmo. Por la oración que poco a poco fui aplazando y que hasta ahora no te había presentado. Por todos mis olvidos, descuidos y silencios.

Pronto iniciaremos un nuevo año y ante el nuevo calendario aún sin estrenar, te presento estos días que sólo Tú sabes si llegaré a vivir.

Hoy te pido para mí y los míos la paz, la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad, llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre mi ser a todo lo que es bueno. Que mi espíritu se llene solo de bendiciones y que yo sea capaz de derramarlas a mi paso.

Lléname de bondad y de alegría para que cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí encuentren en mi vida un poquito de Ti.

Danos a todos un año feliz y a mí dame sabiduría para dar amor y paz.

Amén.

¡Feliz Año Nuevo!

 

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