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La devoción a la Divina Misericordia no es nueva, viene de antiguo. Sin embargo, en los últimos años ha arraigado fuertemente en la Iglesia siguiendo la herencia de Santa Faustina Kowalska.

Precisamente este próximo domingo, segundo después de Pascua, se celebra en todo el mundo la Fiesta de la Divina Misericordia, gracias a las revelaciones que esta joven religiosa polaca recibió del Señor.

 

Santa María Faustina Kowalska y la Divina Misericordia

Helena Kowalska nació en Glogowiec, cerca de Lódz (Polonia), el 25 de agosto de 1905. Era la tercera de diez hermanos, y fue educada cristianamente por sus padres Estanislao y Mariana.

A los 16 años salió de la casa familiar para trabajar como empleada doméstica. Cuatro años más tarde, cuando tenía 20 de edad, entró en la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia.

Ella misma cuenta que cuando llegó, la Superiora, Madre Micaela, la interrogó. A continuación le dijo que fuera a preguntarle al Señor de la casa si Él la aceptaba. Santa Faustina se dirigió a la Capilla y le preguntó al Señor si la aceptaba, y escuchó en su interior: “Yo te acepto; tú estás en mi Corazón”. Ella se dirigió donde la Madre y le dijo lo que había oído. La Madre entonces repuso: “Si el Señor te acepta yo también te acepto. Esta es tu casa” (Diario, 14).

El 2 de agosto de 1925, fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, inició su Postulantado. A comienzos de 1926 fue enviada al Noviciado en Józefów en Cracovia-Lagiewniki para terminar su Postulantado, y el 30 de abril de ese año tomó el hábito religioso como novicia y recibió su nombre de Sor María Faustina.

En este convento Santa María Faustina hizo su Noviciado, pronunció sus primeros votos y los perpetuos en 1933. Allí sirvió como cocinera, jardinera y portera, y pasó sus últimos años.

Las revelaciones

Durante su vida Sor María Faustina recibió innumerables gracias extraordinarias. A través de numerosas apariciones y éxtasis el Señor quiso encomendarle la misión de propagar la devoción a su “Divina Misericordia” o el “Amor Misericordioso”, como también se conoce. Además, quiso el Señor enviarle grandes sufrimientos morales y físicos, que ella aceptó como reparación por los pecados de todo el mundo.

Murió el 5 de octubre de 1938 y sus restos fueron sepultados en el cementerio de su Convento de Cracovia. En 1966 fueron trasladados a la Capilla del Convento.

Aquí puedes ver: “Faustina, apóstol de la Divina Misericordia”, una película sobre su vida. ¡Te la recomendamos!

 

Canonización de Santa María Faustina Kowalska

Treinta años después de su muerte, el entonces cardenal Karol Wojtyla (luego Juan Pablo II), firmó el decreto de clausura del proceso diocesano para su canonización.

El 18 de abril de 1993, siendo ya Sumo Pontífice, beatificó a Sor Faustina. La ceremonia se celebró el segundo domingo después de la Pascua, coincidiendo con el día que Nuestro Señor había señalado a Sor Faustina como el indicado para celebrar la Fiesta de la Divina Misericordia. Y el 30 de abril del 2000, también segundo domingo después de Pascua, Juan Pablo II canonizó a Sor Faustina y celebró a la vez en la plaza de San Pedro la Fiesta de la Divina Misericordia, instituyéndola desde entonces para toda la Iglesia Universal.

canonizacion-santa-faustinaLa inspiración que condujo a la institución de esta fiesta en la Iglesia procedía del deseo que Jesús había comunicado a Sor Faustina. Jesús le había dicho:

Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia (Diario, 299). Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de mi Misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de mi Misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias (Diario, 699).

 

El “ABC” de la Misericordia

El mensaje de Misericordia es que Dios nos ama a todos, no importa cuán grande sean nuestras faltas. Él quiere que reconozcamos que su Misericordia es más grande que nuestros pecados, para que nos acerquemos a Él con confianza y así recibamos su Misericordia y la dejemos derramar sobre otros. De esta manera todos podremos participar de su Gozo.

Este es un mensaje que podemos recordar tan fácilmente como un “ABC”:

 

  • A — Pide su Misericordia

    Dios quiere que nos acerquemos a Él por medio de la oración constante, arrepentidos de nuestros pecados y pidiéndole que derrame su Misericordia sobre nosotros y sobre el mundo entero.

  • B — Sé misericordioso

    Dios quiere que recibamos su Misericordia y que por medio de nosotros se derrame sobre los demás.

  • C — Confía completamente en Jesús

    Dios nos deja saber que las gracias de su Misericordia dependen de nuestra confianza. Mientras más confiemos en Jesús, más recibiremos.

La esencia del culto a la Divina Misericordia

De este “ABC” se desprenden los dos atributos más propios y esenciales del culto a la Divina Misericordia, los dos pilares en los que se fundamenta: la confianza para con Dios y la misericordia para con el prójimo.

⇒ La confianza para con Dios

Caracteriza nuestra actitud hacia Dios y expresa no solo la esperanza, sino también fe viva, la humildad, la perseverancia y el arrepentimiento por las culpas cometidas. Se trata, pues, de una actitud filial, por la que el hombre, en cada situación, confía sin reservas en el amor misericordioso y en la omnipotencia del Padre celestial.

La sola actitud de confianza asegura las gracias de la misericordia de Dios. Decía el Señor a Sor Faustina: “Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en mi Misericordia” (Diario 263). La confianza no solo constituye la esencia, es el fundamento del culto de la Divina Misericordia. Es, como ya se ha dicho, una condición para poder recibir las gracias: “Las gracias de mi Misericordia se alcanzan con solo un recipiente, y este es la confianza. Cuanta más confianza tiene un alma, más obtiene” (Diario 519).

La misericordia con el prójimo

Caracteriza nuestra actitud hacia cada hombre. Jesucristo había dicho a Sor Faustina: “Te exijo actos de misericordia, que deben derivar del amor hacia Mí. Siempre y en todas partes debes demostrar misericordia hacia el prójimo: no puedes eximirte de esto, ni retirarte ni justificarte. Te propongo tres modos para demostrar misericordia hacia el prójimo: el primero es la acción, el segundo es la palabra, el tercero es la oración. En estos tres grados está encerrada la plenitud de la misericordia y es una prueba irrefutable del amor hacía Mí. De este modo el alma exalta y da culto a mi Misericordia…” (Diario, 277-278).

Los actos de caridad hacia el prójimo constituyen una condición necesaria para recibir las gracias. Jesucristo desea que sus fieles lleven a cabo cada día por lo menos un acto de misericordia. En referencia a esto, hace un tiempo publicamos una entrada donde puedes encontrar varias ideas sobre cómo crecer en misericordia con los demás: “Ocho maneras de llevar una vida misericordiosa”. Te recomendamos este artículo, que puede ayudarte a ser más misericordioso con el prójimo.

 

La Coronilla a la Divina Misericordia

Nuestro Señor le reveló a Santa Faustina una oración poderosa que quería que todos rezaran: la Coronilla a la Divina Misericordia. Ella Faustina la recitaba casi constantemente, y de manera especial por los agonizantes. El Señor le insistió en que alentara a los demás a hacer lo mismo, prometiendo gracias extraordinarias para quienes recitaran esta oración especial.

Nuestro Señor dijo a Santa Faustina:

“Reza incesantemente esta Coronilla que te he enseñado. Quienquiera que la rece recibirá gran misericordia a la hora de la muerte… Cuando recen esta Coronilla junto a los moribundos, me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso. (…) Los sacerdotes se la recomendarán como la última tabla de salvación. Hasta el pecador más emperdernido, si reza esta Coronilla una sola vez, recibirá la gracia de mi misericordia infinita. Deseo que el mundo entero conozca mi misericordia. (…) A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con mi voluntad.” (Diario, 687, 1541, 1731).

Aquí te ofrecemos una ayuda para que reces la Coronilla, con cantos y meditaciones. ¡Que la disfrutes!

Y para terminar, queremos invitarte a compartir tu experiencia con la Divina Misericordia. ¿Conocías ya la historia de esta devoción? ¿Habías rezado alguna vez la Coronilla? ¿Qué te ha dado el Señor al hacer esta oración?

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Todos nos enriquecemos con lo que cada uno pone en común… Así que… ¡Gracias por tu generosidad…!

 

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