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¡Viva Cristo Rey!

La Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, con la que concluye el Año Litúrgico, es una de las fiestas más importantes para nosotros, los católicos. En ella celebramos a Cristo como Rey y Señor universal. Nos recuerda que su Reino es el Reino de la verdad y de la vida, de la santidad y de la gracia, de la justicia, del amor y de la paz.

La Palabra de Dios dice:

Por eso Dios lo exaltó y le concedió el Nombre que está sobre todo nombre. Para que, al nombre de Jesús, toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre…” (Flp 2,9-11).

Es lo que este próximo domingo celebraremos.

 

papa-pio-xiUn poco de historia

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de marzo de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que es Cristo quien gobierna la Iglesia y el mundo. Ante los avances del ateísmo y la secularización de la sociedad quería afirmar la soberana autoridad de Cristo sobre los hombres y las instituciones.

Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Él es el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, de justicia y de servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.

 

Sentido escatológico de la Fiesta de Cristo Rey

Para que comprendas lo que queremos explicarte, primero debes saber que la palabra escatología viene del griego. Etimológicamente está formada por dos términos:

  • Éskhatos: último
  • Logos: estudio

Esto significa que la Escatología es la rama de la Teología que trata sobre las doctrinas de las cosas finales.

Teniendo esto en claro, ya podemos afirmar que esta fiesta tiene un sentido escatológico, es decir, que apunta al final de los tiempos. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de la venida de Jesús al mundo hace más de dos mil años. Pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía.

fiesta-cristo-reyEn la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, en nuestras escuelas, en nuestras empresas, en nuestros ambientes…

 

¿Cómo es el Reino de Jesucristo?

Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 del Evangelio según San Mateo. Nos dice que:

  • “…es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas…” (vv. 31-32);
  • “…es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda…” (v. 33);
  • “…es semejante a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta, y lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo…” (v. 44);
  • “…es semejante a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra…” (vv. 45-46).

Aquí Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscar y encontrar su Reino, que vivir en el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra, y también que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz.

reino-jesucristoLa Iglesia (tú y yo somos la Iglesia) tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Por eso la predicación y la extensión del Reino debe ser el centro de nuestro afán, lo más importante de nuestra vida. Se trata de lograr que Jesucristo reine en tu vida, en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las sociedades, en los pueblos. Con esto conseguiremos alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna de todos los hombres.

 

¿Cómo reinará Jesucristo en tu vida?

Para lograr que Jesús reine en tu vida, en primer lugar debes conocer a Cristo. La lectura y reflexión de la Palabra de Dios -especialmente el Evangelio-, la oración personal y recibir asiduamente los Sacramentos son los medios por los que podrás conocerlo. De ellos recibirás gracias que irán abriendo cada vez más tu corazón a su amor. Porque se trata de que conozcas a Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.

Acércate a la Eucaristía, que es Dios mismo, para recibir de su abundancia. Ora con profundidad escuchando a Cristo que te habla.

Al conocer a Cristo empezarás a amarlo de manera espontánea, porque Él es toda bondad. Y cuando uno está enamorado se le nota.

El siguiente paso es imitar a Jesucristo. El amor te llevará casi sin darte cuenta a pensar como Cristo, a querer como Cristo y a sentir como Cristo. Empezarás a vivir una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana.

Cuando imites a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podrás experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para ti.

Cuando imites a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podrás experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para ti. Clic para tuitear

Por último, vendrá el compromiso apostólico. Porque inevitablemente llevarás tu amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado. No te podrás detener. Tu amor comenzará a desbordarse.

como-reinara-jesucristo-en-tu-vidaDedicar tu vida a la extensión del Reino de Cristo en la tierra es lo mejor que puedes hacer, pues Cristo te premiará con una alegría y una paz profundas e imperturbables en todas las circunstancias de la vida.

Proclamar a Cristo Rey de tu vida implica vivir una vida radical. Implica… ¡entregar la vida si es necesario!

Proclamar a Cristo Rey de tu vida implica vivir una vida radical. Implica… ¡entregar la vida si es necesario! Clic para tuitear

Como tantos mártires del siglo XX en México, España, Cuba y otros lugares, que murieron gritando “¡Viva Cristo Rey!” Prefirieron morir antes que negar a Jesús.

Este es nuestro tiempo. Hoy somos nosotros quienes tenemos que extender el Reinado de Jesucristo en los corazones. Ahora nos toca nosotros decir: “¡Viva Cristo Rey!”

¿Estás dispuesto?

Cinco claves para entender el Año Litúrgico

¿No te ha pasado que el año se te ha ido volando? Ya se está acabando este 2017 que parece que acaba de empezar… Ya todo está marcándonos el final del Año Litúrgico con la fiesta de Cristo Rey que se acerca. Luego iniciará el Tiempo de Adviento y el nuevo Ciclo nos traerá una oportunidad renovada de caminar con Jesús el camino de nuestra fe.

Por eso hoy te proponemos refrescar tus conocimientos sobre el Año Litúrgico. ¿Qué es? ¿Cuándo inicia y cuándo acaba? ¿Cuáles son sus tiempos fuertes? ¿Para qué nos lo propone la Iglesia?

Todo esto y mucho más encontrarás en este post. Esperamos te sea de mucha ayuda en la profundización del misterio de Jesús, centro y cumbre de nuestra fe.

 

1. ¿Qué es el Año Litúrgico?

Se llama Año Litúrgico al tiempo que va entre el primer Domingo de Adviento y la fiesta de Cristo Rey. Durante este período la Iglesia celebra entero el misterio de Cristo, desde su nacimiento hasta su última y definitiva venida, llamada Parusía. Por lo tanto podemos decir que el Año Litúrgico es una realidad salvífica. Esto significa que si lo recorremos con fe y amor, Dios saldrá a nuestro paso ofreciéndonos la salvación a través de su Hijo Jesucristo.

En la Carta Apostólica Spiritus et Sponsa, el Papa Juan Pablo II nos dice que el Año Litúrgico es el “camino a través del cual la Iglesia hace memoria del misterio pascual de Cristo y lo revive (n.3).

que-es-el-anio-liturgicoY precisamente “hacer memoria” no es solamente recordar, sino volver a vivir los acontecimientos de la Historia de la Salvación. Esto se hace a través de las fiestas y celebraciones, en las que se conmemoran y actualizan los acontecimientos más importantes del Plan de Salvación. Por eso el Año Litúrgico es un camino de fe que nos adentra y nos invita a profundizar en el Misterio de la Salvación. Un camino de fe para recorrer y vivir el amor de Dios que nos lleva a la salvación.

 

2. Finalidades del Año Litúrgico

Por esto que acabamos de explicar, podemos decir que el Año Litúrgico tiene dos objetivos o finalidades:

  • Una finalidad catequética, porque a través de él puedes aprender los misterios de Cristo (Navidad, Epifanía, Muerte, Resurrección, Ascensión, etc.). El Año Litúrgico celebra el misterio de la salvación en las sucesivas etapas del misterio del amor de Dios, cumplido en Cristo.finalidades-anio-liturgico
  • Una finalidad salvífica, porque en cada momento del Año Litúrgico recibes la gracia especifica de ese misterio que estás viviendo. Por ejemplo, la gracia de la esperanza cristiana y la conversión del corazón para el Adviento; la gracia del gozo íntimo de la salvación en la Navidad; la gracia de la penitencia y la conversión en la Cuaresma; el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte en la Pascua; el coraje y la valentía el día de Pentecostés para salir a evangelizar; la gracia de la esperanza serena, de la honestidad en la vida de cada día y la donación al prójimo en el Tiempo Ordinario, etc. Así puedes apropiarte de los frutos que Cristo nos trae aquí y ahora para nuestra salvación, puedes progresar en la santidad y prepararte para su venida gloriosa o Parusía.

 

3. Tiempos del Año Litúrgico

Como ya dijimos, durante el Año Litúrgico hacemos memoria de los hechos históricos de nuestra salvación. De esta manera en la liturgia estos hechos son actualizados y convertidos, bajo la acción del Espíritu Santo, en fuente de gracia divina, aliento y fuerza para nosotros.

anio-liturgico-memoria-de-salvacionTodos ellos se organizan en diferentes Tiempos Litúrgicos, de acuerdo con alguno de los misterios de la vida de Cristo:

  • Adviento: tiempo de alegre espera, pues llega el Señor. Las grandes figuras del Adviento son: Isaías, Juan el Bautista y María. Con Isaías puedes llenarte de esperanza en la venida de Cristo, que traerá la paz y la salvación. San Juan Bautista te invitará a la penitencia y al cambio de vida para que puedas recibir con el alma ya purificada y limpia al Salvador. Y María, que espera, prepara y realiza el Adviento, será para ti ejemplo de esa fe, esperanza y disponibilidad al plan de Dios en tu vida.
  • Navidad: tiempo en el que se conmemora el nacimiento de Jesús en la Iglesia, en el mundo y en el corazón del hombre. Él te traerá una vez más la salvación, la paz, el amor que trajo hace más de dos mil años. Podrás apropiarte de los mismos efectos salvíficos de su primera venida, en la fe y desde la fe. Basta que tengas el alma bien limpia y purificada, como recomendaba san Juan Bautista durante el Adviento.
  • Epifanía: el día de Reyes es la fiesta de la manifestación y revelación de Dios como luz de todos los pueblos, en la persona de esos reyes de Oriente. Cristo ha venido para todos: Oriente y Occidente, Norte y Sur, Este y Oeste; pobres y ricos; adultos y niños; enfermos y sanos, sabios e ignorantes. Cristo ha venido para ti y para mí…
  • Primer tiempo ordinario: tiempo que va desde Epifanía hasta Cuaresma.
  • Cuaresma: es tiempo de conversión, de oración, de penitencia y de limosna. No se dice ni se canta el Gloria ni el Aleluya. Estos himnos de alegría quedan guardados en el corazón para el Tiempo Pascual. Puedes rezar el Vía Crucis cada día o, al menos, los viernes, para unirte a la Pasión del Señor y en reparación de tus pecados y los de todos los hombres.
  • Pascua: tiempo en que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús, sacándonos de las tinieblas del pecado a la claridad de la luz. Y tú mismo puedes morir junto con Él, para resucitar a una nueva vida, llena de entusiasmo y gozo, de fe y confianza, comprometida en el apostolado.
  • Pentecostés: fiesta en la que se conmemora la venida del Espíritu Santo, para santificar, guiar y fortalecer a su Iglesia y a cada uno de nosotros. El Espíritu volverá a renovar en ti el ansia misionera y te lanzará a llevar el mensaje de Cristo con la valentía y arrojo de los primeros apóstoles y discípulos de Jesús.
  • Segundo tiempo ordinario: tiempo que va después de Pentecostés hasta la fiesta de Cristo Rey.

Durante los tiempos ordinarios del Año Litúrgico no se celebra un aspecto concreto del misterio de Cristo. Se profundiza en los distintos momentos históricos de su vida para que te adentres con Él en la historia de la Salvación.

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4. Efectos del Año Litúrgico

Gracias al Año Litúrgico, las aguas de la redención te cubren, te limpian, te refrescan, te sanan, te curan, aquí y ahora. Continuamente te estás bañando en las fuentes de la Salvación. Y esto se logra a través de los Sacramentos. Es en ellos donde se celebra y actualiza el Misterio de Cristo. Los Sacramentos son los canales, a través de los cuales Dios te da a beber el agua viva y refrescante de la Salvación que brota del costado abierto de Cristo.

efectos-anio-liturgicoPodemos decir en verdad que cada día, cada semana, cada mes vienen santificados con las celebraciones del Año Litúrgico. De esta manera los días y meses de un cristiano no pueden ser tristes, monótonos, anodinos, como si no pasara nada. Al contrario, cada día pasa la corriente de agua viva que mana del costado abierto del Salvador. Quien se acerca y bebe, recibe la salvación y la vida divina, y la alegría y el júbilo de la verdadera liberación interior.

 

5. Los ciclos del Año Litúrgico

El Año Litúrgico está organizado en dos ciclos:

1- Ciclo cristológico: dedicado a Cristo. Se divide a su vez en dos ciclos: el de Navidad, que comienza con el tiempo de Adviento y culmina con la Epifanía, y el Pascual, que se inicia con el miércoles de ceniza, Cuaresma, Semana Santa, Triduo Pascual y culmina con el domingo de Pentecostés.

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2- Ciclo santoral: dedicado a la Virgen y los santos. Cada uno de los santos es una obra maestra de la gracia del Espíritu Santo. Por eso, celebrar a un santo es celebrar el poder y el amor de Dios, manifestados en esa creatura.

Los santos ya consiguieron lo que nosotros deseamos. Este culto es grato a Dios, pues reconocemos lo que Él ha hecho con estos hombres y mujeres que se prestaron a su gracia. “Los santos, –dirá san Atanasio- mientras vivían en este mundo, estaban siempre alegres, como si siempre estuvieran celebrando la Pascua”.

Este culto también es útil a nosotros, pues serán intercesores nuestros en el cielo, para implorar los beneficios de Dios por Cristo. Son bienhechores, amigos y coherederos del Cielo.

Por eso es bueno que los veneres, los ames y le agradezcas a Dios lo que por ellos te viene de Dios. Son para ti modelos a imitar. Si ellos han podido, ¿por qué tú no vas a poder, con la ayuda de Dios?

Sobre todos los santos sobresale la Virgen, a quien honramos con culto de especial veneración, por ser la Madre de Dios. Cristo, antes de morir en la cruz, nos la ha regalado como Madre. Ella es la que mejor ha imitado a su Hijo Jesucristo.

 

Concluyendo

La Iglesia, que es una Madre muy sabia, ha ido estructurando a lo largo de la historia el Año Litúrgico de manera que todos podamos encontrarnos con Cristo y revivir con Él los misterios de la Salvación.

plan-anio-liturgicoPara este nuevo Año Litúrgico que está por comenzar te proponemos este pequeño plan:

  • Haz conscientemente este camino.
  • Recórrelo de la mano de María, vive con Ella los acontecimientos de la vida de su Hijo.
  • Evita las prisas, lo superficial.
  • Interioriza el mensaje.
  • Profundiza los misterios que se van presentando día a día a lo largo del camino.

Verás qué maravillosa experiencia…

Las 4 claves para que el Ministerio de Música funcione bien

Indudablemente, uno de los medios más importantes para el encuentro de las personas con Dios es la música.

Por eso es fundamental, si te dedicas a este servicio, que te formes para hacerlo con excelencia. De ti y de tu música puede depender que el corazón de tus hermanos se vuelva a Dios o se quede frio e indiferente.

Hoy sumamos esta categoría a las de nuestro Blog, y de vez en cuando estaremos publicando algunos temas para tu formación como músico al servicio de Dios y de tus hermanos. Esperamos que te sean de mucha utilidad y te animen a seguir creciendo, estudiando y perfeccionándote.

No olvides que Dios merece la excelencia en todo lo que hagas para Él, y que muchos conocerán al Señor gracias a tu música.

 

¿Qué es un Ministerio de Música?

que-es-ministerio-musicaCuando se habla de Ministerio de Música a veces no se tiene mucha idea de qué es, o por qué se usa ese nombre…

Posiblemente estés pensando en el grupo que canta en la Misa los mismos cantos de siempre… O en los que cantan en las reuniones del grupo de oración de la Renovación Carismática… O tal vez algunos piensen que ya eso de llamarse Ministerio de Música es algo anticuado y entonces mejor le ponemos otro nombre, algo que suene “más juvenil”, más moderno…

Por eso es bueno comenzar planteándonos la pregunta con la que titulamos este párrafo: “¿Qué es un Ministerio de Música?”

Empezaremos entonces con una definición que luego iremos desglosando en cuatro claves para entender lo que es este Ministerio:

El Ministerio de Música es un servicio en el cual un grupo de hermanos consagrados a Dios guían al pueblo en la alabanza y la adoración con la mejor música.

 

Primera Clave: Es un servicio

ministerio-musica-servicioEmpecemos por lo primero: ¡el Ministerio de Música es un servicio!

La palabra ministerio proviene del latín ministrare que quiere decir servir. Por lo tanto la mentalidad de cualquier hermano que pertenezca o quiera pertenecer a un Ministerio de Música debe ser la mentalidad de servidor.

¡Qué importante es esto y cuántas cosas cambiarían si todos los hermanos que se dedican a la música en la Iglesia tuvieran esta mentalidad de servidor! ¿No crees?

Aquí es muy importante que te examines, hermano músico. ¿Eres servidor o quieres ser servido? ¿Tienes mentalidad de servidor o de estrella de cine? ¿Quieres servir a Dios y a tus hermanos o deseas aparecer como el principal, el más importante?

Recuerda que como este es un ministerio a través del cual Dios obra mucho, también es muy atacado por el enemigo. Y es muy grande la tentación del orgullo, de la soberbia, del querer sobresalir y dominar…

Teniendo en cuenta todo esto, queda claro que el Ministerio de Música deberá estar sujeto al Párroco, a los coordinadores de la Comunidad a la que pertenezca, y sobre todo a la guía del Espíritu Santo.

 

Segunda Clave: Consagrados a Dios

consagrados-a-diosEn segundo lugar, si quieres formar parte del Ministerio de Música es imprescindible que hayas tenido un encuentro con Jesucristo. ¿Por qué? Porque todos los que han tenido esta experiencia han quedado marcados por un profundo deseo de servirle a Él y a su pueblo. Por eso han respondido a su llamado consagrando su voz, sus instrumentos y todas sus capacidades para alabar a Dios, guiados por el Espíritu Santo.

Pero ¿qué significa consagrar? Consagrar es hacer sagrado, separar algo para Dios. Y eso que está separado ya no se puede usar para otra cosa. Por lo tanto un músico consagrado es un músico apartado para servir a Dios.

Quizá te espante esta idea de “consagrarte” a Dios, ya que puedes llegar a pensar que este estilo de vida es solo para los sacerdotes o los religiosos. Pero para cualquier músico que se decida a servir a Dios en este Ministerio este es un requisito indispensable ya que:

  • No se puede servir a dos amos (Mt 6,24). Si sirves en la música tienes que entender que debes renunciar a seguir tus propios gustos, y que ahora el Señor te pide que te decidas a servirlo con un nuevo corazón y un canto nuevo.
  • Nadie puede decir “Jesús es Señor” si no es guiado por el Espíritu Santo… (1Co 12,3). La alabanza y la adoración, base de este Ministerio, solo se dan cuando los miembros están ungidos con el poder del Espíritu. Así cuando cantes, cuando ejecutes un instrumento, cuando levantes las manos, cuando dejes fluir libremente el canto inspirado… atraerás la presencia de Dios. Entonces la comunidad podrá sentir claramente que el Señor está entre ellos y que puede suceder algo nuevo y edificante en cada asamblea.

Si no se da esto, si tú no le has consagrado tu música y toda tu vida al Señor, entonces podrás cantar y tocar con mucho profesionalismo, pero sin unción.

¿No has experimentado alguna vez esa rara sensación? Estás ante un Coro excelente, que interpreta una melodía sin desafinar, donde todos los instrumentos suenan a la perfección… pero que te deja frio el corazón, que no te dice absolutamente nada.

Y sin embargo, puede ser que un solo hermano, apenas con una guitarra, cantando medianamente bien, puede llevar a la presencia de Dios a toda la asamblea. Y el Señor se derrama, y la gente se encuentra con Él, y tú sientes que has llegado fácilmente a la presencia de Dios gracias a ese canto… Porque fue interpretado con unción.

El secreto está en ser un músico consagrado a Dios.

 

Tercera Clave: Guían al pueblo en la alabanza y la adoración

guiar-pueblo-alabanza-adoracionEste es el objetivo por el cual fue creado este Ministerio. Es una labor eminentemente espiritual ya que solo se puede realizar bajo la guía del Espíritu Santo.

Para poder llevarlo a cabo es necesario que cada uno de los miembros del Ministerio de Música tenga claro que el único que merece ser alabado y adorado es Dios (Cf. Dt 6,4-6; Mt 22,37). Esto se logra teniendo una constante relación con Él a través de la oración continua, la lectura de la Palabra y la vida sacramental.

Para realizar este objetivo el Espíritu derrama dones que deben utilizarse para el provecho de la comunidad, como dice San Pablo en lCo 12,7. Estos dones se pueden clasificar en:

  • Naturales: con ellos nacen algunas personas, y pueden utilizarse para el servicio en la música. Por ejemplo: voz afinada, habilidad para tocar instrumentos, capacidad para cantar a voces, etc.
  • Sobrenaturales: la persona que ha reconocido a Jesús como su Señor y Salvador y se deja guiar por el Espíritu Santo es una nueva creatura, y comienza a vivir una vida sobrenatural. En esta nueva vida, el Espíritu derrama algunos dones especiales llamados carismas, que ayudan a que el Reino de Dios se extienda. Para los músicos estos carismas son, por ejemplo, el canto en lenguas, el canto inspirado, el canto profético, la composición de cantos, la dirección de asambleas, etc. Sobre ellos conviene recordar lo que dice Lumen Gentium nº 12: “…el juicio de su autenticidad y de su ejercicio razonable pertenece a quienes tienen la autoridad en la Iglesia, a los cuales compete ante todo no sofocar el Espíritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno…”

EI guiar al pueblo en la alabanza y la adoración no es solamente interpretar los cantos, sino además participar activamente en todos los momentos de la asamblea y de la liturgia, orar con el pueblo y poner en práctica los dones naturales y sobrenaturales.

Además hay que tener en cuenta que el Ministerio de Música es parte del pueblo de Dios, del Cuerpo de Cristo, y por lo tanto debe entrar juntamente con este hasta la presencia de Dios. No es un grupo animador en donde los miembros buscan su lucimiento personal. Debe de ser un canal por el cual el Espíritu Santo pueda manifestar su voluntad al pueblo de Dios.

 

Cuarta Clave: Con la mejor música

mejor-musicaEl Señor se merece la excelencia en todo, también en la música. Lo dice el Salmo 33,3: “…Tocad la mejor música en la aclamación…”

Pero ¿cuál es la mejor música?

  • La mejor música es la que nace de un corazón humilde (Cf. Sal 51,16-19). Si tienes un corazón humilde eres capaz de reconocer la grandeza de Dios. Sabes que fuera de Él no hay otro y lo expresas en cantos de alabanza y adoración.

Los que son guiados por el Espíritu y viven los criterios del Evangelio pueden ofrecer a Dios la mejor música con su canto, tocando algún instrumento y respaldados con su testimonio de vida, ya que… “de lo que habla su boca está lleno su corazón…” (Lc 6,45). Por lo tanto es necesario que tengas un estilo de vida congruente con el Ministerio que ejerces.

La vida en alabanza y adoración debe renovar tu espíritu y tu mente, no puedes conformarte con lo que ya lograste (Cf. Rm 12,2), sino dejarte guiar por el Espíritu para ofrecer a Dios un culto de adoración donde se manifiesten continuamente los dones espirituales.

  • La mejor música es la que se hace cuando se ejercitan y se ponen en práctica los dones naturales. Como vimos anteriormente, existen dones naturales dados por Dios, así como los dones materiales (instrumentos musicales, equipo de audio, etc.) que Dios da para el ejercicio del Ministerio. Es necesario que estos dones se desarrollen por medios del ensayo, el estudio y la práctica.

No todo caerá del cielo, la parte que te corresponde como miembros del Ministerio está en la superación continua, apoyándote en el estudio de la música. Algo importante es el definir los días de ensayo y surtirse de material nuevo ya sea de cantos, arreglos, partituras, que ayudarán al crecimiento técnico.

Cuando se da la armonía de las voces y de los instrumentos y la apertura al Espíritu, se crea un ambiente tal que se percibe claramente la presencia de Dios. Esto se logra con músicos y cantores que están dispuestos a poner en práctica los dones que se les han encomendado.

 

musico-para-dios-responsabilidad¡Ser un músico de Dios es toda una responsabilidad!

Nunca olvides que como miembro de un Ministerio de Música estás llamado a proclamar la grandeza de Dios en el canto, la alabanza y la adoración día y noche, así como a ser canal de bendición para el pueblo.

El Ministerio que se reúne y convive no es un club social, es más bien es una comunidad de servicio que responde a una misión encomendada por el Señor. Debes cumplir con responsabilidad esta misión que Dios ha puesto en tus manos. Recuerda que tus hermanos esperan de ti el mensaje de Gracia, y has sido elegido para este fin.

El Santo Rosario: la belleza de la simplicidad

El mes de Octubre es para la Iglesia el Mes del Santo Rosario. Precisamente mañana, 7 de octubre, celebramreos esta hermosa fiesta de nuestra Madre, Nuestra Señora del Rosario.

Por eso hoy queremos hablarte de la oración del Santo Rosario para que te vayas familiarizando con ella, y si ya lo rezas, lo hagas con más amor y devoción, y si aún no lo haces, descubras la belleza escondida en su simplicidad.

 

¿Quién inventó el Santo Rosario?

Esta oración tan hermosa surgió hace muchísimos años, alrededor del siglo X, en plena Edad Media. En esa época el centro de la fe eran los monasterios, donde los monjes pasaban sus días entregados a la oración y el trabajo.

La Orden Cluniacense

santo-rosario-orden-cluniacenseEn el año 910 se fundó la Orden Cluniacense, que le dio gran importancia a la oración coral comunitaria. Los monjes que sabían leer y podían recitar fácilmente el Salterio -es decir, los 150 Salmos- se dedicaban a la oración coral. Sin embargo los hermanos legos, que se dedicaban al trabajo manual, eran analfabetos, por lo que no podían acceder a la oración de los Salmos.

Para suplir esta deficiencia comenzaron a recitar, en lugar de los 150 Salmos, un “Salterio” de 150 Padrenuestros al día. Esta piadosa costumbre se fue difundiendo entre otras comunidades religiosas, los sacerdotes y los laicos.

La Orden Cisterciense

En el año 1098 se fundó la Orden Cisterciense, que le daba gran importancia al culto a la Virgen María. Por eso las monjas y monjes cistercienses empezaron a reemplazar algunos Padrenuestros de los 150 que rezaban por “Salutaciones” a la Virgen.santo-rosario-orden-cisterciense

Y es que todavía no se conocía el Avemaría tal como lo rezamos hoy. Solo se decía la primera parte, a la que se llamaba “Salutación del Ángel”, tomada de Lc 1,28-33: “Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo”. Algunos le añadían la segunda parte del saludo, que son las palabras de Santa Isabel, tomadas de Lc 1,42: “Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre”.

El “Salterio de María”

A lo largo del siglo XII se fue extendiendo la costumbre de rezar 150 Salutaciones en lugar de 150 Padrenuestros, y se agregó al final el nombre de Jesús. Así se creó el “Salterio de María”. Además en este tiempo se empezó a extender el uso de “contadores”, es decir, de rosarios, para poder llevar la cuenta de las Salutaciones que se iban rezando.

Más adelante se estableció la costumbre de meditar un hecho de la vida de Jesús o de María mientras se iban diciendo las Salutaciones. A comienzos del siglo XV se añadió la segunda parte de la oración: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

Así fue como poco a poco se fue conformando el rezo del Rosario que todos conocemos, en el que se combinan el recitado de Avemarías con la meditación de pasajes de la vida de Jesús y de su Madre.

Las Órdenes Mendicantes

En el siglo XIV las Órdenes Mendicantes (Franciscanos, Dominicos, Carmelitas y Agustinos) difundieron el rezo del “Salterio de María” en sus predicaciones y entre los laicos que ellos acompañaban espiritualmente.

Especialmente fueron los Dominicos los grandes difusores del Rosario, debido a la conocida tradición de que la Virgen María le entregó a Santo Domingo un rosario pidiéndole que propagara esta oración por el mundo entero. Por eso se considera a este santo como el fundador del Rosario.

santo-rosario-san-pio-vDel Papa San Pío V al Papa San Juan Pablo II

El Papa San Pío V (1504-1572) fijó el modo de rezar el Rosario, organizándolo en tres grupos de cinco misterios: Gozosos, Dolorosos y Gloriosos. En cada misterio se rezan un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria mientras se medita en un pasaje de la vida de Nuestro Señor o de su Madre.

Este mismo Papa, San Pío V, fue quien impulsó a la cristiandad a rezar el Rosario para que María intercediera y los fieles fueran librados de la amenaza turca. El día 7 de octubre de 1571 se libró la Batalla de Lepanto, en la que la armada cristiana venció a la turca a pesar de que esta era muy superior. Por eso fue instituida en esta fecha la fiesta de la Virgen del Rosario.

Ya en nuestros días, en el año 2002, el Papa San Juan Pablo II agregó los misterios Luminosos, completando así el Santo Rosario tal como lo conocemos hoy.

El “cordón umbilical” que te une a tu Madre

Así se expresó el Papa Francisco en la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario el 7 de octubre de 2016: Por muchos aspectos, la oración del Rosario es la síntesis de la historia de la misericordia de Dios que se transforma en historia de salvación para quienes se dejan plasmar por la gracia. Los misterios que contemplamos son gestos concretos en los que se desarrolla la actuación de Dios para con nosotros. Por medio de la plegaria y de la meditación de la vida de Jesucristo, volvemos a ver su rostro misericordioso que sale al encuentro de todos en las diversas necesidades de la vida. La oración del Rosario no nos aleja de las preocupaciones de la vida; por el contrario, nos pide encarnarnos en la historia de todos los días para saber reconocer en medio de nosotros los signos de la presencia de Cristo”.

santo-rosario-cordon-umbilicalCuando rezas el Rosario te encuentras con María, y Ella te lleva de la mano al encuentro de su Hijo Jesús. Y con María y con Jesús puedes ir al encuentro de los hermanos, de los que sufren, de los que te necesitan… Con María y con Jesús puedes mirar de un modo nuevo tu propia vida, las situaciones que te toca vivir, el dolor, la enfermedad, la cruz…

Esta bella oración es como el cordón umbilical que te une a tu Madre, la Virgen María. A través de él recibes de Ella la gracia, la paz, el alimento espiritual, el consuelo, la fortaleza…

Sabes que el bebé cuando está en el vientre crece y se nutre a través del cordón umbilical que lo mantiene unido a su madre. Así también tú puedes crecer espiritualmente si te mantienes unido a tu Madre a través de esta sencilla pero hermosa oración.

 

Un “ritmo” para sintonizar el corazón

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Por eso te invitamos y te exhortamos a adoptar este modo de orar en tu vida. El Rosario no es solo una oración vocal, no se trata solamente de “repetir” Avemarías como si fueras un loro, un periquito que no comprende lo que está diciendo.

Esta repetición rítmica de avemarías irá acompañando el ritmo de tu corazón, el latido de tu amor. Y te ayudará a “sintonizar” tu corazón con el corazón de María para que Ella te conduzca a Jesús.

Y así como dos personas que se aman nunca se cansan de repetirse palabras de amor, así nunca te cansarás de repetirle a tu Madre esas palabras extasiadas del Ángel Gabriel: “¡Llena eres de gracia!”. O el grito gozoso de Santa Isabel: “¡Bendita tú eres…!”

Y ese ritmo irá acompañando también el suave meditar de cada uno de los Misterios de la vida de Jesús. Yesos Misterios iluminarán tus propios misterios, y te ayudarán a comprender tu misma vida, a veces tan difícil, a veces tan marcada por la cruz.

María se irá haciendo así tu compañera de camino, tu guía, tu luz… Le irá dando ritmo a tu propio caminar. Haz la prueba. No pienses: “¡Qué aburrido!” “¡Siempre lo mismo!” Ella va a hablarte. Suavemente se pondrá a tu lado, te hará sentir su presencia, su cariño, su calor de Madre. Te alimentará, te guiará. Sentirás su ternura. Será tu sostén en las horas difíciles. Ya no estarás solo. Tu Madre irá contigo.

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Como siempre lo hacemos, te invitamos a compartir tus experiencias en los Comentarios: ¿Qué significa para ti el Santo Rosario? ¿Lo rezas habitualmente o te cuesta hacerlo? ¿Sientes la presencia de la Virgen María en tu vida?

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¡Que Dios te bendiga!

Te esperamos en la próxima publicación.

La Lectio Divina: el secreto para enamorarse de Dios

La Lectio Divina es una forma de Orar la Palabra

Queremos terminar esta serie de temas bíblicos que te ofrecimos en este mes de la Biblia hablando de algo que a las Discípulas de Jesús nos apasiona: la Lectio Divina. Hemos aprendido este método de leer, estudiar y meditar la Sagrada Escritura desde los inicios de nuestro Instituto. El Padre Pablo y la Madre Isabel, nuestros Fundadores, nos enseñaron a “orar la Palabra” a través de esta experiencia tan hermosa.

Y hoy te la compartimos tal como la recibimos. Esperamos que esta enseñanza sea de mucha bendición para ti, así como ha sido para todas nosotras. Tomamos este tema del libro “Orar la Palabra”, de Enzo Bianchi.

lectio-divina-para-recibir-graciaLa Lectio Divina es la manera más auténtica y más apta para leer la Escritura y recibir de ella la gracia. Los rabinos decían que la Palabra era la Presencia de Dios en la creación, presencia que el hombre hacía suya con la lectura, la meditación y la oración. Pues bien, son estos los tres momentos fundamentales de la Lectio Divina.

Este método judaico de asimilar la Palabra ha sido heredado por el cristianismo y es común a todos los Santos Padres de la Iglesia de Oriente y de Occidente.

Guigo el cartujo dice: “Buscad en la lectura y encontraréis en la meditación; insistid en la oración y encontraréis en la contemplación…”

 

Pasos de la Lectio Divina

La Lectio Divina consta de los siguientes pasos:

1.- La debes iniciar haciendo una invocación al Espíritu Santo con todo el corazón para que Él te revele la Palabra.

2.- Luego haces la lectura con una actitud de escucha. Lees y relees con atención y comparas textos.

3.- Pasas a la meditación, que es necesaria para asimilar lo leído. Aquí es muy importante que uses la memoria, la imaginación y el razonamiento:

  • Es bueno que memorices textos que te ayuden a profundizar en lo leído.
  • De lo memorizado escoges textos fuertes que te digan algo al corazón y reflexionas sobre ellos.
  • Luego escoges frases cortas y las repites con el corazón y con la mente (esto se llama musitar).
  • Sigues reflexionando sobre ellos para aplicarlos a tu vida. Con la imaginación puedes representar las escenas que leíste, repetir mentalmente esas escenas y algunos textos al mismo tiempo e involucrarte en ellos hasta experimentar un diálogo profundo, un estar con Dios.

4.- Después continúa la oración. Aquí debes dejar que los pensamientos, sentimientos y afectos te ayuden a dirigirte al Señor, tomando como punto de referencia algo de lo que leíste y meditaste. Es un dar respuesta a Dios en lo que te dijo en su Palabra.

5.- Luego sigue la contemplación. A esta llegarás como en una culminación natural de tu oración. Es el momento de estar con Dios, de permanecer a su lado, de disfrutar de su presencia.

6.- Por último, terminas con la acción. De toda esta experiencia es bueno aterrizar en algo concreto que puedas aplicar en tu vida práctica, para que así seas no solo “oidor”, sino sobre todo “hacedor” de la Palabra. Es el consejo del apóstol Santiago: “Poned por obra la Palabra y no os contentéis solo con oírla, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno se contenta con oír la Palabra sin ponerla por obra, ese se parece al que contempla su imagen en un espejo… En cambio el que considera atentamente la Ley perfecta de la libertad y se mantiene firme, no como oyente olvidadizo sino como cumplidor de ella, ése, practicándola, será feliz…” (St 1,22-25).

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Breve explicación de cada uno de los momentos de la Lectio Divina

A continuación vamos a desarrollar un poco más detalladamente cada uno de los pasos de la Lectio Divina.

 

1. Pedir el Espíritu Santo

San Efrén, el Sirio aconsejaba: “Antes de la lectura, ora y suplica a Dios que se te revele”. Esta es la actitud primera y fundamental que debes tener cuando te introduces en la Lectio Divina: pedir que el Espíritu de Dios venga a iluminar todo tu ser, para que sea posible el encuentro con el Señor. Nuestra realidad es, de hecho, la de los hombres ciegos que deben gritar: “¡Señor, haz que yo vea!” “¡Señor abre mis ojos y mi corazón!”

Cuando pides el Espíritu Santo debes tener la certeza de que se te dará, porque esta es la única petición que será siempre escuchada con certeza. El Espíritu Santo es “la Cosa Buena” por excelencia que el Padre no puede nunca negar (cf. Lc 11,13).

La Palabra se hace fecunda si el Espíritu de Dios anima al que la lee. El místico belga Guillaume de Saint-Thierry decía: “En el mismo Espíritu en el cual fueron escritas las Escrituras desean ser leídas, y en el mismo Espíritu deben ser interpretadas…” Y San Gregorio Magno: “El mismo Espíritu que ha tocado el alma del profeta, toca el ánimo del lector…”

El Espíritu Santo dispone tu interior

lectio-divina-pedir-espiritu-santoLa acción del Espíritu Santo resulta esencial si no quieres caer en la escucha de una letra muerta, o como máximo, en un estudio puramente intelectual y especulativo de la Sagrada Escritura.

La venida del Espíritu Santo, preparada con la oración y la docilidad, producirá en tu corazón el desapego de las cosas, de los demás y de ti mismo. Es necesario ese despojo de ti mismo. No puedes prestar atención a la Palabra de Dios si no haces callar el ruido en tu interior. No puedes ponerte a leer, si el centro de tu atención es tu yo. No puedes ser libre frente a la acción divina, si reservas algo para ti mismo y no te abandonas totalmente a Él. El Espíritu Santo te ayudará a poner freno a la efervescencia de los pensamientos que te angustian y que brotan de tu corazón como agua en ebullición.

Eleva tu corazón y todo tu ser a Dios, con una actitud de escucha hacia el Señor que te habla. Es una atención no solo al mensaje, sino a quien pronuncia el mensaje.

Lo que se te pide en el diálogo misterioso con Dios, es que seas ante todo oyente atento. Si pides el Espíritu Santo, si te entregas a Él, seguramente recibirás la iluminación necesaria para leer.

 

2. Leer

Si es verdad que es importante saber orar, es también verdad que es importante saber leer. Una buena lectura te llevará a la comprensión, a la inteligencia de la Escritura, al verdadero conocimiento.

Elementos indispensables en la lectura para que sea auténtica

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  1. Tiempo determinado: La lectura requiere un tiempo determinado, un tiempo fijo, un tiempo oportuno. A la Lectio Divina no pueden dársele recortes de tiempo; ella como la oración, no puede ser de ninguna manera un relleno del día.
  1. Lugar adecuado: También requiere un lugar que favorezca la calma, el silencio, la soledad. Sin el recogimiento, sin el silencio externo, no es posible una espera de Dios. Debes buscar un lugar sin ruidos, sin distracciones.
  1. Orden: Debes tener un orden en la lectura y no se debe ni se puede tomar textos al capricho según el estado de ánimo, la necesidad o la preferencia. Es por eso muy recomendable que sigas el orden de la liturgia, que propone unos textos bíblicos determinados para leer diariamente. Debes leer en cada día lo que toca leer sin seleccionar el texto. Déjate conducir obedientemente a donde la intención del Espíritu Santo quiera conducirte.
  1. Constancia: La constancia en la Lectio Divina es el signo y la medida de nuestra vida espiritual. No se puede ser espigadores distraídos de la Biblia, sino que se requiere sumergirse en ella. Debes llegar a estar tan familiarizado con ella que llegues a poseerla en la profundidad de ti mismo y a retenerla como memoria. Isidoro de Sevilla decía: “Quien quiera estar siempre unido a Dios, debe leer frecuentemente… y escuchar con gusto la Sagrada Escritura…” Por eso debes acostumbrarte a leer y releer la Escritura, a fin de que ella penetre tu espíritu y tu cuerpo de creyente. Los Padres antiguos tendían a una tal asiduidad, que se aprendían de memoria los textos de la Escritura, y no sólo porque su cultura era oral, sino porque en la memorización, así como para nosotros en la lectura continua, es posible hacer memoria o revivir la Palabra. Ya el autor del Salmo 119 musitaba, repetía las palabras interiormente, leyendo y releyendo los pasajes de la Escritura. Lee y relee la Escritura, musita interiormente leyendo y releyendo; busca los textos paralelos, las concordancias y las explicaciones al pie de página de la Biblia… esto te hará lector asiduo de la Palabra, hombre o mujer de la Palabra.
  1. Leer con todo el ser: Leer el texto no basta en la lectura, se trata de escuchar la Palabra de manera vital, porque es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo quienes hablan. Por eso debes hacer la lectura con todo el ser: con el cuerpo, porque se pronuncian las palabras con los labios; y con la memoria que las fija en la inteligencia y comprende su sentido. El fruto de esta lectura es la experiencia con Dios. Tu actitud en este sentido debe sintetizarse en esta frase: “Habla, Señor, que tu siervo escucha…” Esta experiencia de Dios a veces es tan profunda que te puede llevar al llanto, como le pasaba al pueblo de Israel, que a la lectura de la Palabra hecha por Esdras, lloraba (cf. Ne 8,9).
  1. Leer con una actitud de fe: La Palabra de Dios se nos ha dado con el fin de la edificación espiritual y de la caridad, no con el fin de la cultura o la erudición. Así pues, buscar la lectura a través de la inteligencia y los medios culturales, es muy conveniente, pero lo que cuenta es la fe que debe iluminar la inteligencia, fe que es punto de partida y término de la reflexión, que es la única condición indispensable para buscar a Cristo en el texto. No la erudición sino la unción, no solo el conocimiento de datos y de hechos, sino la presencia de Dios, eso es lo que debes buscar.

Pasos a seguir en el momento de la lectura

1.Leer y releer (con tiempos de silencio). La primera lectura es bueno hacerla en voz alta.

2.Buscar textos paralelos, concordancias y explicaciones al pie de página.

 

3. Meditar

El Salmo 119 dice: “En el silencio de la noche medito tu Palabra… de día y de noche medito tu Palabra…”lectio-divina-meditar

San Ambrosio decía: “Mediten cada día la Palabra de Dios. Tomen como consejeros a Moisés, Isaías… Pedro, Pablo, Juan… tomen como modelo supremo a Jesucristo para poder llegar así al Padre. Hablen con ellos, mediten con ellos todo el día…”

La parte mas importante que ha de buscarse es la “ruminatio” = rumiar, masticar la Palabra. Tal término es aplicado a la Palabra para indicar la acción con la cual se asimila la Palabra leída, oída y comprendida. Es el gustar y ver cómo es bueno el Señor.

La meditación o ruminatio difiere de la simple lectura tanto cuanto difiere la amistad de un encuentro pasajero, o el afecto que nace de contactos frecuentes de un saludo casual.

Si en la lectura es la atención la que más se pone a trabajar; en el meditar es la memoria la que debe intervenir de manera intensa. Para asimilar completamente un pasaje de la Escritura debes llevarlo a la memoria y repasarlo incesantemente, descubrir el tema central, recordar las palabras e imprimirlas profundamente en tu corazón.

Este rumiar la Palabra es “comer” espiritualmente la Escritura, y así ella se convierte en alimento y bebida en la prolongada reflexión contemplativa. Recordar y tener presente las Escrituras no es, por consiguiente, un simple acto de memorización, porque se trata más bien de una “memoria del corazón”, que ha acogido en sí palabras e imágenes del texto bíblico.

La Lectio Divina compromete al hombre entero: murmullo de la Palabra, esfuerzo de atención del pensamiento, del sentimiento, de la memoria, con el fin de que las palabras se impriman en el corazón.

La “ruminatio”, el rumiar, es el medio privilegiado con el cual el texto se convierte en Palabra y revive en ti en modo nuevo. Es el método por el cual, como escriba sabio, puedes sacar de la Escritura cosas nuevas y viejas. Es el hacerte eco del rugido del león que es la Palabra potente de Dios.

Uno de sus frutos más bellos es la memoria que crea en ti de las acciones de Dios. El recuerdo de las maravillas de Dios viene de la lectura, y del retener las Escrituras nace la verdadera meditación. Es entonces la memorización y la ruminatio el inicio de la meditación.

Resumiendo, después de la lectura debes continuar con la ruminatio, y este rumiar te introducirá a la meditación.

La meditación es hacer pasar la Palabra de Dios a la vida, para que se convierta en un instrumento de oración. Meditar es buscar el sabor de la Escritura, no su ciencia.

Pasos en la meditación

  1. Memoriza algún texto.
  2. Entresaca algunas palabras y repítelas mentalmente. (esto es lo que se llama “musitar”).
  3. Reflexiona sobre ese texto. Hazte preguntas. (¿Qué dijo o hizo Jesús? ¿Cómo sucedió? ¿Para qué lo hizo? ).
  4. Trae a la mente otros textos que te inspire el Espíritu Santo y reflexiona sobre ellos, aplicándolos a tu vida.

Por ejemplo:

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  • Memoriza las bienaventuranzas (todo el texto o parte de él).
  • Luego trae a la mente solo el siguiente versículo y repítelo en tu interior: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos…”
  • Reflexiona: ¿Qué recompensa tiene el que es pobre de espíritu? ¿Qué es el Reino? O mejor… ¿Quién es el Reino? ¡Jesús mismo! ¡Jesús es entonces mi recompensa!
  • Trae a la mente otros textos, por ejemplo: Ct 2,16: “Mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado”; o Sal 16,5: “Yahveh es la parte de mi herencia…”
  • Luego pregúntate: ¿Cuánto tengo yo de su santidad, de su pureza, de su humildad, de su alegría?
  • Aplica esto al área de tu vida donde más necesites de su Don, para desear tener lo que es tuyo porque es de Jesús.

Esta puede ser una manera de hacerlo, pero el Espíritu Santo, con el mismo texto, te puede llevar a hacer mil reflexiones y darte otros textos y aplicaciones según Él quiera revelarte los misterios de Dios.

En la meditación también puedes usar la imaginación y traer a la mente la escena del pasaje que estás leyendo. Por ejemplo, si leíste el pasaje de la Samaritana, después de leer, releer, comparar textos y referencias y memorizar alguno de los textos del diálogo de Jesús con la Samaritana, puedes hacer lo que San Ignacio llama “la composición de lugar”, o sea, representar con la imaginación el encuentro de Jesús con la Samaritana.

Lo haces reflexionando en todos los detalles de ese encuentro. Por ejemplo: ¿cómo le habló Jesús? ¿Cómo era su tono de voz? ¿Qué sentimientos tenía la Samaritana? Etc., etc…

Después te detienes en una expresión o actitud concreta, tanto de Él como de la Samaritana, en lo que el Señor quiera hablarte.

También puedes repetir algún texto del diálogo que más te hable al corazón y puedes traer a la mente otros textos que te inspire el Espíritu Santo. Por ejemplo., si repites el texto que dice: “Señor, dame de esa agua”, puedes traer a la mente y musitar el Salmo 42,2-3: “Como jadea la cierva tras las corrientes de agua, así jadea mi alma en pos de Ti, mi Dios; tiene mi alma sed de Dios, del Dios vivo…”

Por último se cambian los personajes, y ya no es Jesús y la Samaritana; ahora en la escena, están Jesús y tú dialogando…

 

4. Orar

Sobre este punto seremos muy discretos, porque creemos que es difícil determinar y guiar semejante momento, que varía de persona a persona y que es el resultado y no el medio de la Lectio Divina.

En realidad, todo lo que hasta ahora hemos descrito es ya una forma de oración, pero es en este momento en el cual debes tomar conciencia de este hecho y sentirte más que nunca orante. La lectura y la meditación tienden a llevarnos a Dios.

Por eso San Agustín nos advertía: “Si el texto es oración, orad; si es gemido, gemid; si es agradecimiento, estad alegres; si es un texto de esperanza, esperad; si se expresa temor, temed…”

Se entra así en la conversación con Dios, y no podemos hacer otra cosa que una oración agradable. La Palabra ha venido a nosotros y ahora regresa a Dios bajo la forma de oración. También decía San Agustín: “Cuando escuchas a Dios, Él te habla; cuando oras, tú le hablas a Dios”. En este momento se cumple el movimiento, se cierra, se completa; y esta es la verdadera oración cristiana.

lectio-divina-orarLa oración meditativa es la que brota de un corazón tocado por la Palabra Divina: verdadero gotear del corazón herido por la espada de dos filos que es la Palabra de Dios. Él se me habrá entregado en la lectura y yo me entrego a Él en la oración.

La oración se puede iniciar con un tiempo de agradecimiento oral, verbal, sensible frecuentemente. Es un momento de encanto que puede desembocar en lágrimas de alegría. Aquí puedes decirle al Señor libremente lo que brota de tu corazón, palabras de amor, gratitud, admiración, adoración, etc., o puedes también traer a tu mente frases cortas de salmos u otros textos bíblicos que se convierten en ese momento en expresiones gozosas a Dios.

También puedes dejar que el Espíritu Santo te inspire cantos y vivir la Palabra que dice: “Recitad salmos, himnos y cánticos inspirados, cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor, dando gracias por todo a Dios Padre en nombre de nuestro Señor Jesucristo…” (Ef 5,19-20).

Este es el momento de dar respuesta a Dios a lo que te dijo en la lectura y meditación.

Siguiendo los ejemplos anteriores, en el ejemplo de las Bienaventuranzas, puedes darle gracias porque Él es tu riqueza, o pedirle que te haga pobre de verdad, o que saque de tu corazón los ídolos… En fin, como el Espíritu Santo te guíe.

También puedes cantar el canto: “Solo Dios, solo Dios… Tú mi tesoro, mi porción, mi delicia, Señor…” En fin, todo lo que puedas decirle al Señor como respuesta a lo que Él te ha dado al leer y meditar “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”.

En el ejemplo del pasaje de la Samaritana, puedes expresar al Señor tu gratitud por haberte encontrado con Él, entrando en un diálogo como si fueras la Samaritana, dejando que los afectos te lleven a un encuentro amoroso con el Señor. Aquí también te podemos auxiliar de algún salmo ( por ejemplo el Sal 45), o apropiarte de uno de los diálogos de Jesús y la Samaritana, o cantar algún cántico inspirado por el Señor, o en fin, decirle al Señor lo que ha significado y significa para ti cada encuentro con Él.

 

5. Contemplar

lectio-divina-contemplarDespués de este momento de la oración, sigue una fase de estupor y maravillas, en la cual la Palabra que te ha hecho gozar, cesa de estar junto a Dios, pero en tu interior es luz, camino, vida. No tienes ya la necesidad de hablar, de decirle cosas a Dios, o de cantar. Dejas que esta Palabra suba como incienso, sin ruido y pacíficamente al cielo. Es la fase de los gemidos inexplicables e inefables del Espíritu que apenas percibimos. Es el momento de descansar en esta Palabra, y es el Espíritu quien te eleva enteramente hacia Dios.

Coloquio sereno con Dios, sin otro deseo que el de permanecer a su lado. Presencia y cercanía que se van haciendo cada vez más silenciosas, como en un paseo entre amado y amada, en el cual, a un cierto punto, después del diálogo y la alegría de estar juntos, se permanece simplemente al lado. No se dice nada, hablan solamente los ojos, el corazón. Así, cada vez más cercano a Dios, conoces a fondo su pensamiento, sientes su Corazón descubierto en el texto y te abandonas en Él. No te queda sino contemplarlo.

Él está, no tienes necesidad de oír su Palabra.

Él ha entrado en la parte más interior y más profunda de tu ser. No te queda sino mirarlo y contemplarlo como María Magdalena a los pies de su Maestro. Admiración, sorpresa, estupor: la contemplación es esto. Es el mirar a quien es “el más bello entre los hijos de los hombres” (Sal 45). Es la experiencia de la fe.

Todo calla, todo está en calma, el corazón arde de amor, el alma está llena de alegría, la memoria llena de fuerza, la inteligencia de luz y el Espíritu entero inflamado de amor.

En la contemplación es inútil buscar y pensar. Reflexionar sobre Dios se convierte en una cosa estúpida cuando se está en su presencia.

A este nivel hay poco que decir. Solamente quien lo experimente podrá descubrir la profundidad de la contemplación, la anchura, la profundidad, la longitud y la altura del misterio de Dios.

 

6. Actuar

lectio-divina-actuarSi eres oyente de la Palabra debes convertirse en realizador de la Palabra. La escucha verdadera de la Palabra debe llevarte a la práctica de la Palabra.

La semilla ha sido depositada en buen terreno, ahora tu esfuerzo debe ser el permanecer en la Palabra: “Si permanecen en mi Palabra, serán verdaderamente mis discípulos…” (Jn 8,31).

La Lectio Divina no es solamente una escuela de oración, es también una escuela de vida. Dice San Ambrosio: “La Lectio Divina nos lleva a la práctica de las buenas obras, porque así como la meditación de la Palabra tiene por fin memorizarla, de tal forma que nos acordemos de las palabras meditadas, así la meditación de la ley, de la Palabra de Dios, nos impulsa y nos lleva a actuar”.

Debes estar dispuesto, entonces a obedecer la Palabra, a vivirla. Y para esto es necesario y te ayudará mucho sacar de la oración una conclusión, una meta, un propósito a realizar. ¿En qué momento? Cuando Dios te lo inspire.

Será bueno que tengas una libreta de anotaciones para que vayas escribiendo estos propósitos diariamente. También ahí podrás ir anotando los textos bíblicos a memorizar durante el día, y algunas ideas claves de tu meditación. Todo esto te ayudará para ir dándole cada vez más profundidad a tu Lectio Divina.

 

Como ves, aquí hay mucha riqueza… Esperamos, con todo el corazón, que estos consejos puedan servirte en tu vida de oración, que poco a poco puedas ir implementando la Lectio Divina como modo de orar con la Palabra de Dios tanto de forma personal como en tu grupo y en tu comunidad.

Si tienes dudas, comunícate con nosotras. También te invitamos a compartirnos tu experiencia en los comentarios, y todo lo que quieras aportar. Serás muy bienvenida/o.

Que Dios te bendiga, que su Palabra se vaya haciendo cada vez más parte de tu vida, y tú te vayas transformando cada día en un verdadero “hacedor” de la Palabra.