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El Santo Rosario: la belleza de la simplicidad

El mes de Octubre es para la Iglesia el Mes del Santo Rosario. Precisamente mañana, 7 de octubre, celebramreos esta hermosa fiesta de nuestra Madre, Nuestra Señora del Rosario.

Por eso hoy queremos hablarte de la oración del Santo Rosario para que te vayas familiarizando con ella, y si ya lo rezas, lo hagas con más amor y devoción, y si aún no lo haces, descubras la belleza escondida en su simplicidad.

 

¿Quién inventó el Santo Rosario?

Esta oración tan hermosa surgió hace muchísimos años, alrededor del siglo X, en plena Edad Media. En esa época el centro de la fe eran los monasterios, donde los monjes pasaban sus días entregados a la oración y el trabajo.

La Orden Cluniacense

santo-rosario-orden-cluniacenseEn el año 910 se fundó la Orden Cluniacense, que le dio gran importancia a la oración coral comunitaria. Los monjes que sabían leer y podían recitar fácilmente el Salterio -es decir, los 150 Salmos- se dedicaban a la oración coral. Sin embargo los hermanos legos, que se dedicaban al trabajo manual, eran analfabetos, por lo que no podían acceder a la oración de los Salmos.

Para suplir esta deficiencia comenzaron a recitar, en lugar de los 150 Salmos, un “Salterio” de 150 Padrenuestros al día. Esta piadosa costumbre se fue difundiendo entre otras comunidades religiosas, los sacerdotes y los laicos.

La Orden Cisterciense

En el año 1098 se fundó la Orden Cisterciense, que le daba gran importancia al culto a la Virgen María. Por eso las monjas y monjes cistercienses empezaron a reemplazar algunos Padrenuestros de los 150 que rezaban por “Salutaciones” a la Virgen.santo-rosario-orden-cisterciense

Y es que todavía no se conocía el Avemaría tal como lo rezamos hoy. Solo se decía la primera parte, a la que se llamaba “Salutación del Ángel”, tomada de Lc 1,28-33: “Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo”. Algunos le añadían la segunda parte del saludo, que son las palabras de Santa Isabel, tomadas de Lc 1,42: “Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre”.

El “Salterio de María”

A lo largo del siglo XII se fue extendiendo la costumbre de rezar 150 Salutaciones en lugar de 150 Padrenuestros, y se agregó al final el nombre de Jesús. Así se creó el “Salterio de María”. Además en este tiempo se empezó a extender el uso de “contadores”, es decir, de rosarios, para poder llevar la cuenta de las Salutaciones que se iban rezando.

Más adelante se estableció la costumbre de meditar un hecho de la vida de Jesús o de María mientras se iban diciendo las Salutaciones. A comienzos del siglo XV se añadió la segunda parte de la oración: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

Así fue como poco a poco se fue conformando el rezo del Rosario que todos conocemos, en el que se combinan el recitado de Avemarías con la meditación de pasajes de la vida de Jesús y de su Madre.

Las Órdenes Mendicantes

En el siglo XIV las Órdenes Mendicantes (Franciscanos, Dominicos, Carmelitas y Agustinos) difundieron el rezo del “Salterio de María” en sus predicaciones y entre los laicos que ellos acompañaban espiritualmente.

Especialmente fueron los Dominicos los grandes difusores del Rosario, debido a la conocida tradición de que la Virgen María le entregó a Santo Domingo un rosario pidiéndole que propagara esta oración por el mundo entero. Por eso se considera a este santo como el fundador del Rosario.

santo-rosario-san-pio-vDel Papa San Pío V al Papa San Juan Pablo II

El Papa San Pío V (1504-1572) fijó el modo de rezar el Rosario, organizándolo en tres grupos de cinco misterios: Gozosos, Dolorosos y Gloriosos. En cada misterio se rezan un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria mientras se medita en un pasaje de la vida de Nuestro Señor o de su Madre.

Este mismo Papa, San Pío V, fue quien impulsó a la cristiandad a rezar el Rosario para que María intercediera y los fieles fueran librados de la amenaza turca. El día 7 de octubre de 1571 se libró la Batalla de Lepanto, en la que la armada cristiana venció a la turca a pesar de que esta era muy superior. Por eso fue instituida en esta fecha la fiesta de la Virgen del Rosario.

Ya en nuestros días, en el año 2002, el Papa San Juan Pablo II agregó los misterios Luminosos, completando así el Santo Rosario tal como lo conocemos hoy.

El “cordón umbilical” que te une a tu Madre

Así se expresó el Papa Francisco en la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario el 7 de octubre de 2016: Por muchos aspectos, la oración del Rosario es la síntesis de la historia de la misericordia de Dios que se transforma en historia de salvación para quienes se dejan plasmar por la gracia. Los misterios que contemplamos son gestos concretos en los que se desarrolla la actuación de Dios para con nosotros. Por medio de la plegaria y de la meditación de la vida de Jesucristo, volvemos a ver su rostro misericordioso que sale al encuentro de todos en las diversas necesidades de la vida. La oración del Rosario no nos aleja de las preocupaciones de la vida; por el contrario, nos pide encarnarnos en la historia de todos los días para saber reconocer en medio de nosotros los signos de la presencia de Cristo”.

santo-rosario-cordon-umbilicalCuando rezas el Rosario te encuentras con María, y Ella te lleva de la mano al encuentro de su Hijo Jesús. Y con María y con Jesús puedes ir al encuentro de los hermanos, de los que sufren, de los que te necesitan… Con María y con Jesús puedes mirar de un modo nuevo tu propia vida, las situaciones que te toca vivir, el dolor, la enfermedad, la cruz…

Esta bella oración es como el cordón umbilical que te une a tu Madre, la Virgen María. A través de él recibes de Ella la gracia, la paz, el alimento espiritual, el consuelo, la fortaleza…

Sabes que el bebé cuando está en el vientre crece y se nutre a través del cordón umbilical que lo mantiene unido a su madre. Así también tú puedes crecer espiritualmente si te mantienes unido a tu Madre a través de esta sencilla pero hermosa oración.

 

Un “ritmo” para sintonizar el corazón

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Por eso te invitamos y te exhortamos a adoptar este modo de orar en tu vida. El Rosario no es solo una oración vocal, no se trata solamente de “repetir” Avemarías como si fueras un loro, un periquito que no comprende lo que está diciendo.

Esta repetición rítmica de avemarías irá acompañando el ritmo de tu corazón, el latido de tu amor. Y te ayudará a “sintonizar” tu corazón con el corazón de María para que Ella te conduzca a Jesús.

Y así como dos personas que se aman nunca se cansan de repetirse palabras de amor, así nunca te cansarás de repetirle a tu Madre esas palabras extasiadas del Ángel Gabriel: “¡Llena eres de gracia!”. O el grito gozoso de Santa Isabel: “¡Bendita tú eres…!”

Y ese ritmo irá acompañando también el suave meditar de cada uno de los Misterios de la vida de Jesús. Yesos Misterios iluminarán tus propios misterios, y te ayudarán a comprender tu misma vida, a veces tan difícil, a veces tan marcada por la cruz.

María se irá haciendo así tu compañera de camino, tu guía, tu luz… Le irá dando ritmo a tu propio caminar. Haz la prueba. No pienses: “¡Qué aburrido!” “¡Siempre lo mismo!” Ella va a hablarte. Suavemente se pondrá a tu lado, te hará sentir su presencia, su cariño, su calor de Madre. Te alimentará, te guiará. Sentirás su ternura. Será tu sostén en las horas difíciles. Ya no estarás solo. Tu Madre irá contigo.

Si no sabes cómo rezarlo aprovecha el obsequio que te hacemos, completamente gratis, y descárgate aquí el e-Book sobre el Santo Rosario que hemos hecho especialmente para ti.

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Como siempre lo hacemos, te invitamos a compartir tus experiencias en los Comentarios: ¿Qué significa para ti el Santo Rosario? ¿Lo rezas habitualmente o te cuesta hacerlo? ¿Sientes la presencia de la Virgen María en tu vida?

También puedes compartir esta entrada con tu familia, tus amigos y tus contactos usando los botones de las redes sociales. ¡No te cuesta nada y nos ayudas a evangelizar! Recuerda que la fe crece cuando la compartimos.

¡Que Dios te bendiga!

Te esperamos en la próxima publicación.

La Lectio Divina: el secreto para enamorarse de Dios

La Lectio Divina es una forma de Orar la Palabra

Queremos terminar esta serie de temas bíblicos que te ofrecimos en este mes de la Biblia hablando de algo que a las Discípulas de Jesús nos apasiona: la Lectio Divina. Hemos aprendido este método de leer, estudiar y meditar la Sagrada Escritura desde los inicios de nuestro Instituto. El Padre Pablo y la Madre Isabel, nuestros Fundadores, nos enseñaron a “orar la Palabra” a través de esta experiencia tan hermosa.

Y hoy te la compartimos tal como la recibimos. Esperamos que esta enseñanza sea de mucha bendición para ti, así como ha sido para todas nosotras. Tomamos este tema del libro “Orar la Palabra”, de Enzo Bianchi.

lectio-divina-para-recibir-graciaLa Lectio Divina es la manera más auténtica y más apta para leer la Escritura y recibir de ella la gracia. Los rabinos decían que la Palabra era la Presencia de Dios en la creación, presencia que el hombre hacía suya con la lectura, la meditación y la oración. Pues bien, son estos los tres momentos fundamentales de la Lectio Divina.

Este método judaico de asimilar la Palabra ha sido heredado por el cristianismo y es común a todos los Santos Padres de la Iglesia de Oriente y de Occidente.

Guigo el cartujo dice: “Buscad en la lectura y encontraréis en la meditación; insistid en la oración y encontraréis en la contemplación…”

 

Pasos de la Lectio Divina

La Lectio Divina consta de los siguientes pasos:

1.- La debes iniciar haciendo una invocación al Espíritu Santo con todo el corazón para que Él te revele la Palabra.

2.- Luego haces la lectura con una actitud de escucha. Lees y relees con atención y comparas textos.

3.- Pasas a la meditación, que es necesaria para asimilar lo leído. Aquí es muy importante que uses la memoria, la imaginación y el razonamiento:

  • Es bueno que memorices textos que te ayuden a profundizar en lo leído.
  • De lo memorizado escoges textos fuertes que te digan algo al corazón y reflexionas sobre ellos.
  • Luego escoges frases cortas y las repites con el corazón y con la mente (esto se llama musitar).
  • Sigues reflexionando sobre ellos para aplicarlos a tu vida. Con la imaginación puedes representar las escenas que leíste, repetir mentalmente esas escenas y algunos textos al mismo tiempo e involucrarte en ellos hasta experimentar un diálogo profundo, un estar con Dios.

4.- Después continúa la oración. Aquí debes dejar que los pensamientos, sentimientos y afectos te ayuden a dirigirte al Señor, tomando como punto de referencia algo de lo que leíste y meditaste. Es un dar respuesta a Dios en lo que te dijo en su Palabra.

5.- Luego sigue la contemplación. A esta llegarás como en una culminación natural de tu oración. Es el momento de estar con Dios, de permanecer a su lado, de disfrutar de su presencia.

6.- Por último, terminas con la acción. De toda esta experiencia es bueno aterrizar en algo concreto que puedas aplicar en tu vida práctica, para que así seas no solo “oidor”, sino sobre todo “hacedor” de la Palabra. Es el consejo del apóstol Santiago: “Poned por obra la Palabra y no os contentéis solo con oírla, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno se contenta con oír la Palabra sin ponerla por obra, ese se parece al que contempla su imagen en un espejo… En cambio el que considera atentamente la Ley perfecta de la libertad y se mantiene firme, no como oyente olvidadizo sino como cumplidor de ella, ése, practicándola, será feliz…” (St 1,22-25).

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Breve explicación de cada uno de los momentos de la Lectio Divina

A continuación vamos a desarrollar un poco más detalladamente cada uno de los pasos de la Lectio Divina.

 

1. Pedir el Espíritu Santo

San Efrén, el Sirio aconsejaba: “Antes de la lectura, ora y suplica a Dios que se te revele”. Esta es la actitud primera y fundamental que debes tener cuando te introduces en la Lectio Divina: pedir que el Espíritu de Dios venga a iluminar todo tu ser, para que sea posible el encuentro con el Señor. Nuestra realidad es, de hecho, la de los hombres ciegos que deben gritar: “¡Señor, haz que yo vea!” “¡Señor abre mis ojos y mi corazón!”

Cuando pides el Espíritu Santo debes tener la certeza de que se te dará, porque esta es la única petición que será siempre escuchada con certeza. El Espíritu Santo es “la Cosa Buena” por excelencia que el Padre no puede nunca negar (cf. Lc 11,13).

La Palabra se hace fecunda si el Espíritu de Dios anima al que la lee. El místico belga Guillaume de Saint-Thierry decía: “En el mismo Espíritu en el cual fueron escritas las Escrituras desean ser leídas, y en el mismo Espíritu deben ser interpretadas…” Y San Gregorio Magno: “El mismo Espíritu que ha tocado el alma del profeta, toca el ánimo del lector…”

El Espíritu Santo dispone tu interior

lectio-divina-pedir-espiritu-santoLa acción del Espíritu Santo resulta esencial si no quieres caer en la escucha de una letra muerta, o como máximo, en un estudio puramente intelectual y especulativo de la Sagrada Escritura.

La venida del Espíritu Santo, preparada con la oración y la docilidad, producirá en tu corazón el desapego de las cosas, de los demás y de ti mismo. Es necesario ese despojo de ti mismo. No puedes prestar atención a la Palabra de Dios si no haces callar el ruido en tu interior. No puedes ponerte a leer, si el centro de tu atención es tu yo. No puedes ser libre frente a la acción divina, si reservas algo para ti mismo y no te abandonas totalmente a Él. El Espíritu Santo te ayudará a poner freno a la efervescencia de los pensamientos que te angustian y que brotan de tu corazón como agua en ebullición.

Eleva tu corazón y todo tu ser a Dios, con una actitud de escucha hacia el Señor que te habla. Es una atención no solo al mensaje, sino a quien pronuncia el mensaje.

Lo que se te pide en el diálogo misterioso con Dios, es que seas ante todo oyente atento. Si pides el Espíritu Santo, si te entregas a Él, seguramente recibirás la iluminación necesaria para leer.

 

2. Leer

Si es verdad que es importante saber orar, es también verdad que es importante saber leer. Una buena lectura te llevará a la comprensión, a la inteligencia de la Escritura, al verdadero conocimiento.

Elementos indispensables en la lectura para que sea auténtica

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  1. Tiempo determinado: La lectura requiere un tiempo determinado, un tiempo fijo, un tiempo oportuno. A la Lectio Divina no pueden dársele recortes de tiempo; ella como la oración, no puede ser de ninguna manera un relleno del día.
  1. Lugar adecuado: También requiere un lugar que favorezca la calma, el silencio, la soledad. Sin el recogimiento, sin el silencio externo, no es posible una espera de Dios. Debes buscar un lugar sin ruidos, sin distracciones.
  1. Orden: Debes tener un orden en la lectura y no se debe ni se puede tomar textos al capricho según el estado de ánimo, la necesidad o la preferencia. Es por eso muy recomendable que sigas el orden de la liturgia, que propone unos textos bíblicos determinados para leer diariamente. Debes leer en cada día lo que toca leer sin seleccionar el texto. Déjate conducir obedientemente a donde la intención del Espíritu Santo quiera conducirte.
  1. Constancia: La constancia en la Lectio Divina es el signo y la medida de nuestra vida espiritual. No se puede ser espigadores distraídos de la Biblia, sino que se requiere sumergirse en ella. Debes llegar a estar tan familiarizado con ella que llegues a poseerla en la profundidad de ti mismo y a retenerla como memoria. Isidoro de Sevilla decía: “Quien quiera estar siempre unido a Dios, debe leer frecuentemente… y escuchar con gusto la Sagrada Escritura…” Por eso debes acostumbrarte a leer y releer la Escritura, a fin de que ella penetre tu espíritu y tu cuerpo de creyente. Los Padres antiguos tendían a una tal asiduidad, que se aprendían de memoria los textos de la Escritura, y no sólo porque su cultura era oral, sino porque en la memorización, así como para nosotros en la lectura continua, es posible hacer memoria o revivir la Palabra. Ya el autor del Salmo 119 musitaba, repetía las palabras interiormente, leyendo y releyendo los pasajes de la Escritura. Lee y relee la Escritura, musita interiormente leyendo y releyendo; busca los textos paralelos, las concordancias y las explicaciones al pie de página de la Biblia… esto te hará lector asiduo de la Palabra, hombre o mujer de la Palabra.
  1. Leer con todo el ser: Leer el texto no basta en la lectura, se trata de escuchar la Palabra de manera vital, porque es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo quienes hablan. Por eso debes hacer la lectura con todo el ser: con el cuerpo, porque se pronuncian las palabras con los labios; y con la memoria que las fija en la inteligencia y comprende su sentido. El fruto de esta lectura es la experiencia con Dios. Tu actitud en este sentido debe sintetizarse en esta frase: “Habla, Señor, que tu siervo escucha…” Esta experiencia de Dios a veces es tan profunda que te puede llevar al llanto, como le pasaba al pueblo de Israel, que a la lectura de la Palabra hecha por Esdras, lloraba (cf. Ne 8,9).
  1. Leer con una actitud de fe: La Palabra de Dios se nos ha dado con el fin de la edificación espiritual y de la caridad, no con el fin de la cultura o la erudición. Así pues, buscar la lectura a través de la inteligencia y los medios culturales, es muy conveniente, pero lo que cuenta es la fe que debe iluminar la inteligencia, fe que es punto de partida y término de la reflexión, que es la única condición indispensable para buscar a Cristo en el texto. No la erudición sino la unción, no solo el conocimiento de datos y de hechos, sino la presencia de Dios, eso es lo que debes buscar.

Pasos a seguir en el momento de la lectura

1.Leer y releer (con tiempos de silencio). La primera lectura es bueno hacerla en voz alta.

2.Buscar textos paralelos, concordancias y explicaciones al pie de página.

 

3. Meditar

El Salmo 119 dice: “En el silencio de la noche medito tu Palabra… de día y de noche medito tu Palabra…”lectio-divina-meditar

San Ambrosio decía: “Mediten cada día la Palabra de Dios. Tomen como consejeros a Moisés, Isaías… Pedro, Pablo, Juan… tomen como modelo supremo a Jesucristo para poder llegar así al Padre. Hablen con ellos, mediten con ellos todo el día…”

La parte mas importante que ha de buscarse es la “ruminatio” = rumiar, masticar la Palabra. Tal término es aplicado a la Palabra para indicar la acción con la cual se asimila la Palabra leída, oída y comprendida. Es el gustar y ver cómo es bueno el Señor.

La meditación o ruminatio difiere de la simple lectura tanto cuanto difiere la amistad de un encuentro pasajero, o el afecto que nace de contactos frecuentes de un saludo casual.

Si en la lectura es la atención la que más se pone a trabajar; en el meditar es la memoria la que debe intervenir de manera intensa. Para asimilar completamente un pasaje de la Escritura debes llevarlo a la memoria y repasarlo incesantemente, descubrir el tema central, recordar las palabras e imprimirlas profundamente en tu corazón.

Este rumiar la Palabra es “comer” espiritualmente la Escritura, y así ella se convierte en alimento y bebida en la prolongada reflexión contemplativa. Recordar y tener presente las Escrituras no es, por consiguiente, un simple acto de memorización, porque se trata más bien de una “memoria del corazón”, que ha acogido en sí palabras e imágenes del texto bíblico.

La Lectio Divina compromete al hombre entero: murmullo de la Palabra, esfuerzo de atención del pensamiento, del sentimiento, de la memoria, con el fin de que las palabras se impriman en el corazón.

La “ruminatio”, el rumiar, es el medio privilegiado con el cual el texto se convierte en Palabra y revive en ti en modo nuevo. Es el método por el cual, como escriba sabio, puedes sacar de la Escritura cosas nuevas y viejas. Es el hacerte eco del rugido del león que es la Palabra potente de Dios.

Uno de sus frutos más bellos es la memoria que crea en ti de las acciones de Dios. El recuerdo de las maravillas de Dios viene de la lectura, y del retener las Escrituras nace la verdadera meditación. Es entonces la memorización y la ruminatio el inicio de la meditación.

Resumiendo, después de la lectura debes continuar con la ruminatio, y este rumiar te introducirá a la meditación.

La meditación es hacer pasar la Palabra de Dios a la vida, para que se convierta en un instrumento de oración. Meditar es buscar el sabor de la Escritura, no su ciencia.

Pasos en la meditación

  1. Memoriza algún texto.
  2. Entresaca algunas palabras y repítelas mentalmente. (esto es lo que se llama “musitar”).
  3. Reflexiona sobre ese texto. Hazte preguntas. (¿Qué dijo o hizo Jesús? ¿Cómo sucedió? ¿Para qué lo hizo? ).
  4. Trae a la mente otros textos que te inspire el Espíritu Santo y reflexiona sobre ellos, aplicándolos a tu vida.

Por ejemplo:

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  • Memoriza las bienaventuranzas (todo el texto o parte de él).
  • Luego trae a la mente solo el siguiente versículo y repítelo en tu interior: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos…”
  • Reflexiona: ¿Qué recompensa tiene el que es pobre de espíritu? ¿Qué es el Reino? O mejor… ¿Quién es el Reino? ¡Jesús mismo! ¡Jesús es entonces mi recompensa!
  • Trae a la mente otros textos, por ejemplo: Ct 2,16: “Mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado”; o Sal 16,5: “Yahveh es la parte de mi herencia…”
  • Luego pregúntate: ¿Cuánto tengo yo de su santidad, de su pureza, de su humildad, de su alegría?
  • Aplica esto al área de tu vida donde más necesites de su Don, para desear tener lo que es tuyo porque es de Jesús.

Esta puede ser una manera de hacerlo, pero el Espíritu Santo, con el mismo texto, te puede llevar a hacer mil reflexiones y darte otros textos y aplicaciones según Él quiera revelarte los misterios de Dios.

En la meditación también puedes usar la imaginación y traer a la mente la escena del pasaje que estás leyendo. Por ejemplo, si leíste el pasaje de la Samaritana, después de leer, releer, comparar textos y referencias y memorizar alguno de los textos del diálogo de Jesús con la Samaritana, puedes hacer lo que San Ignacio llama “la composición de lugar”, o sea, representar con la imaginación el encuentro de Jesús con la Samaritana.

Lo haces reflexionando en todos los detalles de ese encuentro. Por ejemplo: ¿cómo le habló Jesús? ¿Cómo era su tono de voz? ¿Qué sentimientos tenía la Samaritana? Etc., etc…

Después te detienes en una expresión o actitud concreta, tanto de Él como de la Samaritana, en lo que el Señor quiera hablarte.

También puedes repetir algún texto del diálogo que más te hable al corazón y puedes traer a la mente otros textos que te inspire el Espíritu Santo. Por ejemplo., si repites el texto que dice: “Señor, dame de esa agua”, puedes traer a la mente y musitar el Salmo 42,2-3: “Como jadea la cierva tras las corrientes de agua, así jadea mi alma en pos de Ti, mi Dios; tiene mi alma sed de Dios, del Dios vivo…”

Por último se cambian los personajes, y ya no es Jesús y la Samaritana; ahora en la escena, están Jesús y tú dialogando…

 

4. Orar

Sobre este punto seremos muy discretos, porque creemos que es difícil determinar y guiar semejante momento, que varía de persona a persona y que es el resultado y no el medio de la Lectio Divina.

En realidad, todo lo que hasta ahora hemos descrito es ya una forma de oración, pero es en este momento en el cual debes tomar conciencia de este hecho y sentirte más que nunca orante. La lectura y la meditación tienden a llevarnos a Dios.

Por eso San Agustín nos advertía: “Si el texto es oración, orad; si es gemido, gemid; si es agradecimiento, estad alegres; si es un texto de esperanza, esperad; si se expresa temor, temed…”

Se entra así en la conversación con Dios, y no podemos hacer otra cosa que una oración agradable. La Palabra ha venido a nosotros y ahora regresa a Dios bajo la forma de oración. También decía San Agustín: “Cuando escuchas a Dios, Él te habla; cuando oras, tú le hablas a Dios”. En este momento se cumple el movimiento, se cierra, se completa; y esta es la verdadera oración cristiana.

lectio-divina-orarLa oración meditativa es la que brota de un corazón tocado por la Palabra Divina: verdadero gotear del corazón herido por la espada de dos filos que es la Palabra de Dios. Él se me habrá entregado en la lectura y yo me entrego a Él en la oración.

La oración se puede iniciar con un tiempo de agradecimiento oral, verbal, sensible frecuentemente. Es un momento de encanto que puede desembocar en lágrimas de alegría. Aquí puedes decirle al Señor libremente lo que brota de tu corazón, palabras de amor, gratitud, admiración, adoración, etc., o puedes también traer a tu mente frases cortas de salmos u otros textos bíblicos que se convierten en ese momento en expresiones gozosas a Dios.

También puedes dejar que el Espíritu Santo te inspire cantos y vivir la Palabra que dice: “Recitad salmos, himnos y cánticos inspirados, cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor, dando gracias por todo a Dios Padre en nombre de nuestro Señor Jesucristo…” (Ef 5,19-20).

Este es el momento de dar respuesta a Dios a lo que te dijo en la lectura y meditación.

Siguiendo los ejemplos anteriores, en el ejemplo de las Bienaventuranzas, puedes darle gracias porque Él es tu riqueza, o pedirle que te haga pobre de verdad, o que saque de tu corazón los ídolos… En fin, como el Espíritu Santo te guíe.

También puedes cantar el canto: “Solo Dios, solo Dios… Tú mi tesoro, mi porción, mi delicia, Señor…” En fin, todo lo que puedas decirle al Señor como respuesta a lo que Él te ha dado al leer y meditar “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”.

En el ejemplo del pasaje de la Samaritana, puedes expresar al Señor tu gratitud por haberte encontrado con Él, entrando en un diálogo como si fueras la Samaritana, dejando que los afectos te lleven a un encuentro amoroso con el Señor. Aquí también te podemos auxiliar de algún salmo ( por ejemplo el Sal 45), o apropiarte de uno de los diálogos de Jesús y la Samaritana, o cantar algún cántico inspirado por el Señor, o en fin, decirle al Señor lo que ha significado y significa para ti cada encuentro con Él.

 

5. Contemplar

lectio-divina-contemplarDespués de este momento de la oración, sigue una fase de estupor y maravillas, en la cual la Palabra que te ha hecho gozar, cesa de estar junto a Dios, pero en tu interior es luz, camino, vida. No tienes ya la necesidad de hablar, de decirle cosas a Dios, o de cantar. Dejas que esta Palabra suba como incienso, sin ruido y pacíficamente al cielo. Es la fase de los gemidos inexplicables e inefables del Espíritu que apenas percibimos. Es el momento de descansar en esta Palabra, y es el Espíritu quien te eleva enteramente hacia Dios.

Coloquio sereno con Dios, sin otro deseo que el de permanecer a su lado. Presencia y cercanía que se van haciendo cada vez más silenciosas, como en un paseo entre amado y amada, en el cual, a un cierto punto, después del diálogo y la alegría de estar juntos, se permanece simplemente al lado. No se dice nada, hablan solamente los ojos, el corazón. Así, cada vez más cercano a Dios, conoces a fondo su pensamiento, sientes su Corazón descubierto en el texto y te abandonas en Él. No te queda sino contemplarlo.

Él está, no tienes necesidad de oír su Palabra.

Él ha entrado en la parte más interior y más profunda de tu ser. No te queda sino mirarlo y contemplarlo como María Magdalena a los pies de su Maestro. Admiración, sorpresa, estupor: la contemplación es esto. Es el mirar a quien es “el más bello entre los hijos de los hombres” (Sal 45). Es la experiencia de la fe.

Todo calla, todo está en calma, el corazón arde de amor, el alma está llena de alegría, la memoria llena de fuerza, la inteligencia de luz y el Espíritu entero inflamado de amor.

En la contemplación es inútil buscar y pensar. Reflexionar sobre Dios se convierte en una cosa estúpida cuando se está en su presencia.

A este nivel hay poco que decir. Solamente quien lo experimente podrá descubrir la profundidad de la contemplación, la anchura, la profundidad, la longitud y la altura del misterio de Dios.

 

6. Actuar

lectio-divina-actuarSi eres oyente de la Palabra debes convertirse en realizador de la Palabra. La escucha verdadera de la Palabra debe llevarte a la práctica de la Palabra.

La semilla ha sido depositada en buen terreno, ahora tu esfuerzo debe ser el permanecer en la Palabra: “Si permanecen en mi Palabra, serán verdaderamente mis discípulos…” (Jn 8,31).

La Lectio Divina no es solamente una escuela de oración, es también una escuela de vida. Dice San Ambrosio: “La Lectio Divina nos lleva a la práctica de las buenas obras, porque así como la meditación de la Palabra tiene por fin memorizarla, de tal forma que nos acordemos de las palabras meditadas, así la meditación de la ley, de la Palabra de Dios, nos impulsa y nos lleva a actuar”.

Debes estar dispuesto, entonces a obedecer la Palabra, a vivirla. Y para esto es necesario y te ayudará mucho sacar de la oración una conclusión, una meta, un propósito a realizar. ¿En qué momento? Cuando Dios te lo inspire.

Será bueno que tengas una libreta de anotaciones para que vayas escribiendo estos propósitos diariamente. También ahí podrás ir anotando los textos bíblicos a memorizar durante el día, y algunas ideas claves de tu meditación. Todo esto te ayudará para ir dándole cada vez más profundidad a tu Lectio Divina.

 

Como ves, aquí hay mucha riqueza… Esperamos, con todo el corazón, que estos consejos puedan servirte en tu vida de oración, que poco a poco puedas ir implementando la Lectio Divina como modo de orar con la Palabra de Dios tanto de forma personal como en tu grupo y en tu comunidad.

Si tienes dudas, comunícate con nosotras. También te invitamos a compartirnos tu experiencia en los comentarios, y todo lo que quieras aportar. Serás muy bienvenida/o.

Que Dios te bendiga, que su Palabra se vaya haciendo cada vez más parte de tu vida, y tú te vayas transformando cada día en un verdadero “hacedor” de la Palabra.

Sencillo plan de lectura bíblica para que pongas en práctica… y disfrutes de tu encuentro con la Palabra de Dios

Encontrarte con la Biblia es encontrarte con Dios

La Biblia no es un libro como cualquier otro. No la puedes leer así, de corrido, como a una novela o a un periódico. Siendo Palabra misma de Dios, deberás leerla y meditarla como un encuentro vivo con Dios. Nos dice el documento del Concilio Vaticano II:

“Los cristianos deben recibir los libros sagrados con devoción, porque expresan un vivo sentido de Dios, contienen enseñanzas sublimes sobre Dios y una sabiduría salvadora acerca del hombre, encierran tesoros de oración y esconden el misterio de nuestra salvación” (Dei Verbum, n. 15).encontrarte-con-la-biblia-encontrarte-con-dios

Por eso a la Biblia debes acercarte con los pies descalzos, con el corazón abierto y con la voluntad disponible para escuchar a Dios y encontrarte con Él. Su Palabra es luz para tus pasos, alimento para tu alma y camino de salvación.

Debes leer la Biblia con el mismo espíritu con que fue escrita. Pero no podrás adentrarte en ella sin un guía, pues te perderás. La Biblia no puede leerse ni entenderse provechosamente si no es explicada.

 

Por qué es importante un plan de lectura bíblica

Por otra parte debemos considerar que la Biblia no es un libro sino más bien una biblioteca de 73 libros. Son muy diferentes unos de otros, tienen estilos muy distintos, fueron escritos en épocas muy distantes y en situaciones muy diferentes.

por-que-es-importante-un-plan-de-lecturaImagínate que llegas a una biblioteca así y empiezas a leer el primer libro que ves en el estante, y luego sigues con el segundo, el tercero, y así te propones llegar hasta el final. Esa lectura va a ser muy poco productiva y vas a cansarte muy rápido. Seguramente no vas a entender mucho de lo que leas y te vas a desanimar. Eso es lo que pasa cuando quieres empezar a leer la Biblia por el principio, es decir, desde el Génesis. Es muy probable que pronto te canses porque no consigas entender el mensaje, se te haga todo muy confuso y pesado y lo dejes.

Por eso es necesario tener un plan de lectura bíblica. Al principio habrá muchas cosas que no vas a entender, y eso es muy natural. También en la lectura de una novela te pasa eso, hasta que te vas familiarizando con los personajes, con la trama… Cuando eso te suceda ¡no te pares! ¡Sigue leyendo! A medida que vayas avanzando las cosas se irán aclarando. Es una regla de oro: la Biblia se explica por sí misma. Por eso es tan importante, especialmente al leer la Biblia por primera vez, seguir un plan de lectura.

 

El plan que te proponemos

Debes saber algo muy importante: no existe un único y perfecto plan de lectura bíblica. Hay varios, todos ellos buenos y válidos. Aquí vamos a presentarte uno en concreto. Está destinado a aquellos que desean empezar a leer la Biblia y no tienen otros recursos, como Comentarios Bíblicos u otros estudios y explicaciones. Este plan te ayudará a conocer la Biblia a través de ella misma. Para ello te recomendamos que siguas el orden indicado aquí:

 

Primera etapa: Conoce la Salvación a la que has sido llamado y a tu Salvador, Jesucristo

primera-etapaEn primer lugar puedes comenzar por la 1º Carta de San Juan. ¿Por qué? Esta pequeña carta fue escrita con el propósito de darnos la certeza de la salvación: “Les he escrito estas cosas a ustedes, que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen Vida eterna” (1Jn 5,13). Y esta es la primera necesidad de un cristiano: tener la certeza de su salvación. Saber que Dios le ama y le ha elegido. Leyendo esta carta descubrirás que gratuitamente, y sin ningún merecimiento por tu parte, Dios te puso en la lista de los que quiere salvar. ¡Fue una elección gratuita! ¡Amorosa! ¡Estás salvado ¡Eres elegido!

Luego puedes continuar por los Evangelios Sinópticos. El de San Mateo es el más pedagógico. Es rico en parábolas y contiene cinco grandes discursos de Jesús, entre los cuales el célebre “Sermón de la montaña” (5,1-7,29). Es considerado como el texto más rico en valores morales y por siglos ha inspirado pueblos de toda cultura y religión.

El de San Marcos es el más resumido. Tiene un tono más narrativo: rico en particularidades, pinta eficazmente la Palestina de la época de Jesús. Está marcado por el “camino”: el viaje de Jesús hacia Jerusalén para el cumplimiento del misterio pascual.

El de San Lucas es el más fácil de entender. El corazón de la obra es la actividad de Jesús en Jerusalén, su misión redentora y su amor por los pobres. Forma una sola obra junto con los Hechos de los Apóstoles, que puedes leer a continuación, una narración bellísima y fácil acerca de los primeros tiempos de la Iglesia.

A continuación puedes leer el Evangelio según San Juan. Es muy distinto a los otros, aun estilísticamente. Es más espiritual, más teológico. Contiene menos parábolas y menos milagros. Aparecen, sin embargo, nuevas expresiones para hablar de Jesús, como por ejemplo, “Verbo de Dios”.

 

Segunda etapa: Conoce los fundamentos de tu fe

segunda-etapaDespués puedes seguir con las Cartas de San Pablo: Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón.

Terminadas estas, sigues con las Epístolas Católicas que te faltan leer: 2 y 3 de Juan, Santiago, 1 y 2 de Pedro y Judas.

Luego puedes leer la Carta a los Hebreos, que es un tratado de teología donde se hace una defensa acerca del sacerdocio de Cristo, superior al sacerdocio levítico. Su objetivo es animar a los cristianos en momentos duros de persecución para que se mantengan fieles a la grandeza de su fe y recordarles que ¡vale la pena ser cristiano!

Y puedes terminar el Nuevo Testamento con la lectura del Apocalipsis. Esta te puede resultar un poco más dificultosa de comprender a causa de la gran cantidad de símbolos y signos que posee. Por ello te recomendamos que te apoyes de un buen Comentario o Diccionario Bíblico (procura siempre que sea católico para que no te confunda o te desvíe de la sana doctrina).

 

Tercera etapa: Conoce la Historia del Pueblo de Dios

tercera-etapaCuando ya hayas leído el Nuevo Testamento, entonces sí estarás preparado para comprender mucho mejor el Antiguo Testamento, ya que toda esta primera parte de la Sagrada Escritura se refiere a Jesucristo y en Él encuentra pleno sentido y significación.

El Antiguo Testamento lo puedes leer en el orden en que viene en la Biblia

Una recomendación es que paralelamente a tu lectura del Nuevo Testamento vayas leyendo también los Salmos. Son las oraciones del Pueblo de Dios. Con ellos Jesús mismo oró, y seguramente te encontrarás reflejado en ellos. Léelos. Repítelos. Medítalos. Hazlos tuyos. Verás cuánto bien encontrarás en esas palabras. Más adelante haremos un post dedicado exclusivamente a explicarte algunas maneras de orar con los Salmos.

 

 

Esperamos que este plan de lectura bíblica te sea de utilidad y puedas aplicarlo a tu vida. Y te invitamos a que nos compartas tus experiencias y tus dudas en los comentarios.

Que el Señor te bendiga y te haga crecer cada día más en amor a Él y a su Palabra.

 

Dos motivos y siete condiciones necesarias para leer la Biblia

 

Septiembre: el mes de la Biblia

 

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Durante todo Septiembre la Iglesia celebra el mes de la Biblia. La intención es que durante este mes en todas las comunidades cristianas se desarrollen algunas actividades que nos permitan acercarnos mejor y con más provecho a la Palabra de Dios. Por eso las Discípulas de Jesús queremos ofrecerte desde nuestro Blog Haciendo Discípulos una serie de enseñanzas que puedan ayudarte a conocer y amar más este gran tesoro que es la Sagrada Escritura.

La Biblia es la Palabra de Dios que existía desde siempre, que estaba con Dios, y era Dios. Como lo dice bellamente San Juan en el prólogo de su Evangelio: “En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios…” (Jn 1,1). La Biblia es el mismo Dios que se revela y se entrega al hombre. Por eso la Biblia, más que hablarte de Dios, es Dios hablándote.

Pero la Biblia es también la palabra del hombre hablando con Dios, con los demás hombres y consigo mismo. No hay libro más humano que la Escritura. En ella se manifiesta lo profundo del corazón del hombre, con sus gozos y esperanzas, sus luchas y temores.

En la Biblia se expresa el hombre con toda su generosidad, su limitación, su grandeza y su miseria. Por eso ella es el mejor espejo donde te puedes conocer a ti mismo. En la Biblia se nos manifiesta Dios, al mismo tiempo que el hombre. En ella te puedes dar cuenta de lo que eres para Dios, y te puedes ver como Dios te ve.

La Biblia es el libro más divino y más humano a la vez. Solo podrás ir comprendiéndola en la medida en la que te relaciones con ella. Así, la amarás más a medida que la comprendas mejor, y sobre todo, la conocerás mejor a medida que más la ames.

 

Dos motivos para estudiar la Biblia

Primer motivo: Para permanecer en Cristo

primer-motivo-permanecer-en-cristoJesús mismo nos exhortó en su discurso de despedida, durante la Última Cena: “Permanezcan en mí…” Particularmente en el capítulo 15 del Evangelio según San Juan esta es la idea que prevalece. Pero ¿qué significa permanecer en Jesús y en su Palabra? Significa estar unido a Él, desarrollar una relación íntima y personal con Él. Significa permitir que su Palabra llene tu mente, dirija tu voluntad y transforme tu corazón.

Para permanecer en Cristo y que su Palabra permanezcan en ti es imprescindible, entonces, que conozcas su Palabra. Y la Palabra de Dios no “está contenida” en la Biblia, la Palabra de Dios ES la Biblia.

Segundo motivo: Para que la Palabra te purifique

segundo-motivo-que-la-palabra-te-purifiqueCuentan que un novicio le dijo una vez a San Arsenio: “Padre, es que yo leo la Biblia y no me queda casi nada”. El santo entonces mandó al joven a sacar agua de un profundo pozo con un canasto empolvado y sucio. Después de una hora le preguntó: “¿Has logrado sacar agua?” “Nada, nada… -respondió el discípulo- Todo se sale por las rendijas del canasto.” “¿Y el canasto cómo ha quedado?” preguntó el maestro. “Ah, el canasto sí ha quedado totalmente limpio, sin polvo y sin basura.” “Mira, le dijo San Arsenio: Eso es lo que hace en tu vida la lectura de las Sagradas Escrituras. Aunque no se te quede casi nada en tu memoria, la Palabra Divina te va manteniendo el alma pura y limpia y va alejando de ti la mancha del pecado y la basura de los vicios…”

 

Siete condiciones necesarias para leer la Biblia

Primera condición: orar

Nadie comprenderá bien la Biblia si no reza al Señor pidiéndole que le ilumine y que le haga entender bien esos consejos divinos. Por eso siempre es importante que inicies tu tiempo de lectura o estudio bíblico invocando la asistencia del Espíritu Santo. ¡Quién mejor que Él, que inspiró la Sagrada Escritura, podrá guiarte en la apasionante experiencia de leerla, meditarla y guardarla en tu corazón!

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Segunda condición: leer despacio

En la lectura, como en la comida, lo que aprovecha no es la cantidad sino lo bien que se digiera. Lo que te aprovechará no es que leas muchas páginas a la vez, sino que pienses y medites en lo que lees, que lo relaciones con tu vida, que hables con Dios acerca de lo que estás leyendo.

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Tercera condición: leer con humildad

O sea, no leas para parecer sabio o para poder decir que has leído toda la Biblia, o que te sabes tal o cual libro de la Escritura de memoria. Lee para amar más a Dios y al prójimo, para hacer lo que a Dios le agrada y para abstenerte de todo lo que le pueda disgustar al Señor.

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Cuarta condición: no buscar ciencia profana sino un mensaje espiritual

La Biblia no es un libro de historia ordinaria, ni un libro de ciencias que te va a enseñar cómo se formó el mundo, o cómo es el hombre, o cómo fue la historia de un acontecimiento, o la geografía de un lugar. Es un libro espiritual que te enseña qué le gusta y qué le disgusta a Dios, y qué debes hacer para agradarlo siempre, para ser feliz, para vivir en santidad.

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Quinta condición: no dejar pasar un día sin leer un párrafo de la biblia

Porque el enemigo del alma es muy astuto y cada día te pondrá alguna excusa para no leas la Palabra de Dios. Hoy será: “estoy cansado”, mañana “no tengo tiempo”, al otro día “estoy sin ganas de leer”, al siguiente “no entiendo”, y así pasarán los días y al final del año no habrás leído nada y te habrás quedado sin aumentar tu amor a Dios, sin romper con tus pecados y sin progresar en tu vida espiritual. Por eso, pase lo que pase, no debes dejar pasar un solo día sin leer la Biblia.

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Sexta condición: leer las explicaciones o pedirlas

Hay páginas de la Biblia que no se entienden fácilmente. Entonces debes leer las notas explicativas que trae, o pedirle a alguien que te explique ese pasaje. Esto te será de mucho provecho.

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Séptima condición: leerla en el orden más fácil para entenderla

La Biblia no es para leerla toda de corrido, como un libro cualquiera. Si quieres poder entenderla bien y sacarle el máximo provecho para tu vida es conveniente que la leas según un orden específico. En el próximo post te daremos algunas recomendaciones sobre el orden en que conviene leer la Biblia.

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Hasta aquí el post de hoy. Esperamos que haya despertado en tu corazón el deseo de profundizar en el conocimiento de la Palabra de Dios y el compromiso de leerla cada día. Recuerda que hasta finales de septiembre estaremos publicando mucho más sobre este tema, así que… ¡no te lo pierdas!

Dios te bendiga.

¡Feliz cumpleaños, María!

Comienza septiembre y estamos de fiesta. Exactamente 9 meses después de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, la Iglesia nos presenta la Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María… ¡El cumpleaños de nuestra Mamita del Cielo! ¡Feliz cumpleaños, María!

En la Inmaculada Concepción celebramos el momento en que María es engendrada por sus padres, San Joaquín y Santa Ana, libre de pecado original, limpia, pura, santa, Inmaculada, en previsión de los méritos de Cristo Jesús. Y hoy es la gran fiesta de su nacimiento en este mundo.

 

Si Cristo es la Luz del día, Ella es la Aurora

¿Por qué celebramos con tanto gozo su nacimiento?

Podríamos decir que el nacimiento de María, tanto o más que el de Juan Bautista, es como el preludio de la Salvación, su anticipo, su anuncio.

ella-es-la-auroraAsí como en el comienzo del día, antes de que salga el sol, viene la aurora, así llega María. La aurora es ese primer momento del día: todavía no amanece, todavía la oscuridad llena la tierra, pero hay una claridad que ya va anunciando el amanecer, que va pintando todo con una tenue y sonrosada luz. Los pájaros despiertan, la vida vuelve, todo anuncia el nuevo día.

Así es Ella. Llega María y todo anuncia que ya llega la Salvación, que ya viene Jesús, que el gozo está cerca, que la Redención es nuestra, que este amanecer ya no tendrá ocaso, que Jesús vendrá y que su Salvación, preanunciada por Ella, es real y definitiva.

 

Esperada por los siglos

esperada-por-los-siglosMaría fue anunciada ya en el Paraíso por el mismo Dios cuando le dijo a la serpiente (el Diablo), después que el hombre cometiera el pecado original: Establezco enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia, Él te aplastará tu cabeza, y tú le acecharás el calcañar” (Gn 3,15).

Más tarde fue esperada y anunciada por los profetas, así como fue esperado el Mesías. Miqueas habla de “la que ha de dar a luz” (Mq 5,2), Isaías de “una doncella que está encinta y va a dar a luz un hijo” (Is 7,14).

Su nacimiento es el anuncio de que la salvación esperada por los siglos está por llegar. Ella es quien anuncia la “plenitud de los tiempos”, como dirá San Pablo: “Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva…” (Ga 4,4-5)

 

Donde llega María llega la alegría

Si leemos atentamente los Evangelios podemos ver que cuando María aparece en escena su presencia siempre es fuente de alegría.

Lo vemos especialmente cuando visita a su prima Isabel: “…el niño saltó de gozo en mi seno…” (Lc 1,44) y en las bodas de Caná, cuando gracias a ella Jesús convierte el agua en vino (¡Era mucho vino…! Según los estudiosos, entre 480 y 720 litros!) y alegra la fiesta de unos novios que estaban en problemas (Jn 2,1 y sig).

Donde Ella llega, llega el gozo, la alegría, la plenitud, la salvación, porque Ella siempre anuncia a Jesús, y Jesús es la fuente de todos esos bienes.donde-llega-maria-llega-la-alegria

Por eso hoy, en su cumpleaños, te invitamos: ¡Déjala entrar en tu vida! ¡Permite que entre en tu casa! No le cierres la puerta de tu corazón… Como Aurora que anuncia la plenitud de la Luz, Ella anunciará en tu vida un nuevo amanecer, un nuevo gozo, una esperanza renovada para que puedas levantarte de todas tus penas y soledades y caminar a la luz de Jesús.