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La Lectio Divina: el secreto para enamorarse de Dios

La Lectio Divina es una forma de Orar la Palabra

Queremos terminar esta serie de temas bíblicos que te ofrecimos en este mes de la Biblia hablando de algo que a las Discípulas de Jesús nos apasiona: la Lectio Divina. Hemos aprendido este método de leer, estudiar y meditar la Sagrada Escritura desde los inicios de nuestro Instituto. El Padre Pablo y la Madre Isabel, nuestros Fundadores, nos enseñaron a “orar la Palabra” a través de esta experiencia tan hermosa.

Y hoy te la compartimos tal como la recibimos. Esperamos que esta enseñanza sea de mucha bendición para ti, así como ha sido para todas nosotras. Tomamos este tema del libro “Orar la Palabra”, de Enzo Bianchi.

lectio-divina-para-recibir-graciaLa Lectio Divina es la manera más auténtica y más apta para leer la Escritura y recibir de ella la gracia. Los rabinos decían que la Palabra era la Presencia de Dios en la creación, presencia que el hombre hacía suya con la lectura, la meditación y la oración. Pues bien, son estos los tres momentos fundamentales de la Lectio Divina.

Este método judaico de asimilar la Palabra ha sido heredado por el cristianismo y es común a todos los Santos Padres de la Iglesia de Oriente y de Occidente.

Guigo el cartujo dice: “Buscad en la lectura y encontraréis en la meditación; insistid en la oración y encontraréis en la contemplación…”

 

Pasos de la Lectio Divina

La Lectio Divina consta de los siguientes pasos:

1.- La debes iniciar haciendo una invocación al Espíritu Santo con todo el corazón para que Él te revele la Palabra.

2.- Luego haces la lectura con una actitud de escucha. Lees y relees con atención y comparas textos.

3.- Pasas a la meditación, que es necesaria para asimilar lo leído. Aquí es muy importante que uses la memoria, la imaginación y el razonamiento:

  • Es bueno que memorices textos que te ayuden a profundizar en lo leído.
  • De lo memorizado escoges textos fuertes que te digan algo al corazón y reflexionas sobre ellos.
  • Luego escoges frases cortas y las repites con el corazón y con la mente (esto se llama musitar).
  • Sigues reflexionando sobre ellos para aplicarlos a tu vida. Con la imaginación puedes representar las escenas que leíste, repetir mentalmente esas escenas y algunos textos al mismo tiempo e involucrarte en ellos hasta experimentar un diálogo profundo, un estar con Dios.

4.- Después continúa la oración. Aquí debes dejar que los pensamientos, sentimientos y afectos te ayuden a dirigirte al Señor, tomando como punto de referencia algo de lo que leíste y meditaste. Es un dar respuesta a Dios en lo que te dijo en su Palabra.

5.- Luego sigue la contemplación. A esta llegarás como en una culminación natural de tu oración. Es el momento de estar con Dios, de permanecer a su lado, de disfrutar de su presencia.

6.- Por último, terminas con la acción. De toda esta experiencia es bueno aterrizar en algo concreto que puedas aplicar en tu vida práctica, para que así seas no solo “oidor”, sino sobre todo “hacedor” de la Palabra. Es el consejo del apóstol Santiago: “Poned por obra la Palabra y no os contentéis solo con oírla, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno se contenta con oír la Palabra sin ponerla por obra, ese se parece al que contempla su imagen en un espejo… En cambio el que considera atentamente la Ley perfecta de la libertad y se mantiene firme, no como oyente olvidadizo sino como cumplidor de ella, ése, practicándola, será feliz…” (St 1,22-25).

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Breve explicación de cada uno de los momentos de la Lectio Divina

A continuación vamos a desarrollar un poco más detalladamente cada uno de los pasos de la Lectio Divina.

 

1. Pedir el Espíritu Santo

San Efrén, el Sirio aconsejaba: “Antes de la lectura, ora y suplica a Dios que se te revele”. Esta es la actitud primera y fundamental que debes tener cuando te introduces en la Lectio Divina: pedir que el Espíritu de Dios venga a iluminar todo tu ser, para que sea posible el encuentro con el Señor. Nuestra realidad es, de hecho, la de los hombres ciegos que deben gritar: “¡Señor, haz que yo vea!” “¡Señor abre mis ojos y mi corazón!”

Cuando pides el Espíritu Santo debes tener la certeza de que se te dará, porque esta es la única petición que será siempre escuchada con certeza. El Espíritu Santo es “la Cosa Buena” por excelencia que el Padre no puede nunca negar (cf. Lc 11,13).

La Palabra se hace fecunda si el Espíritu de Dios anima al que la lee. El místico belga Guillaume de Saint-Thierry decía: “En el mismo Espíritu en el cual fueron escritas las Escrituras desean ser leídas, y en el mismo Espíritu deben ser interpretadas…” Y San Gregorio Magno: “El mismo Espíritu que ha tocado el alma del profeta, toca el ánimo del lector…”

El Espíritu Santo dispone tu interior

lectio-divina-pedir-espiritu-santoLa acción del Espíritu Santo resulta esencial si no quieres caer en la escucha de una letra muerta, o como máximo, en un estudio puramente intelectual y especulativo de la Sagrada Escritura.

La venida del Espíritu Santo, preparada con la oración y la docilidad, producirá en tu corazón el desapego de las cosas, de los demás y de ti mismo. Es necesario ese despojo de ti mismo. No puedes prestar atención a la Palabra de Dios si no haces callar el ruido en tu interior. No puedes ponerte a leer, si el centro de tu atención es tu yo. No puedes ser libre frente a la acción divina, si reservas algo para ti mismo y no te abandonas totalmente a Él. El Espíritu Santo te ayudará a poner freno a la efervescencia de los pensamientos que te angustian y que brotan de tu corazón como agua en ebullición.

Eleva tu corazón y todo tu ser a Dios, con una actitud de escucha hacia el Señor que te habla. Es una atención no solo al mensaje, sino a quien pronuncia el mensaje.

Lo que se te pide en el diálogo misterioso con Dios, es que seas ante todo oyente atento. Si pides el Espíritu Santo, si te entregas a Él, seguramente recibirás la iluminación necesaria para leer.

 

2. Leer

Si es verdad que es importante saber orar, es también verdad que es importante saber leer. Una buena lectura te llevará a la comprensión, a la inteligencia de la Escritura, al verdadero conocimiento.

Elementos indispensables en la lectura para que sea auténtica

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  1. Tiempo determinado: La lectura requiere un tiempo determinado, un tiempo fijo, un tiempo oportuno. A la Lectio Divina no pueden dársele recortes de tiempo; ella como la oración, no puede ser de ninguna manera un relleno del día.
  1. Lugar adecuado: También requiere un lugar que favorezca la calma, el silencio, la soledad. Sin el recogimiento, sin el silencio externo, no es posible una espera de Dios. Debes buscar un lugar sin ruidos, sin distracciones.
  1. Orden: Debes tener un orden en la lectura y no se debe ni se puede tomar textos al capricho según el estado de ánimo, la necesidad o la preferencia. Es por eso muy recomendable que sigas el orden de la liturgia, que propone unos textos bíblicos determinados para leer diariamente. Debes leer en cada día lo que toca leer sin seleccionar el texto. Déjate conducir obedientemente a donde la intención del Espíritu Santo quiera conducirte.
  1. Constancia: La constancia en la Lectio Divina es el signo y la medida de nuestra vida espiritual. No se puede ser espigadores distraídos de la Biblia, sino que se requiere sumergirse en ella. Debes llegar a estar tan familiarizado con ella que llegues a poseerla en la profundidad de ti mismo y a retenerla como memoria. Isidoro de Sevilla decía: “Quien quiera estar siempre unido a Dios, debe leer frecuentemente… y escuchar con gusto la Sagrada Escritura…” Por eso debes acostumbrarte a leer y releer la Escritura, a fin de que ella penetre tu espíritu y tu cuerpo de creyente. Los Padres antiguos tendían a una tal asiduidad, que se aprendían de memoria los textos de la Escritura, y no sólo porque su cultura era oral, sino porque en la memorización, así como para nosotros en la lectura continua, es posible hacer memoria o revivir la Palabra. Ya el autor del Salmo 119 musitaba, repetía las palabras interiormente, leyendo y releyendo los pasajes de la Escritura. Lee y relee la Escritura, musita interiormente leyendo y releyendo; busca los textos paralelos, las concordancias y las explicaciones al pie de página de la Biblia… esto te hará lector asiduo de la Palabra, hombre o mujer de la Palabra.
  1. Leer con todo el ser: Leer el texto no basta en la lectura, se trata de escuchar la Palabra de manera vital, porque es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo quienes hablan. Por eso debes hacer la lectura con todo el ser: con el cuerpo, porque se pronuncian las palabras con los labios; y con la memoria que las fija en la inteligencia y comprende su sentido. El fruto de esta lectura es la experiencia con Dios. Tu actitud en este sentido debe sintetizarse en esta frase: “Habla, Señor, que tu siervo escucha…” Esta experiencia de Dios a veces es tan profunda que te puede llevar al llanto, como le pasaba al pueblo de Israel, que a la lectura de la Palabra hecha por Esdras, lloraba (cf. Ne 8,9).
  1. Leer con una actitud de fe: La Palabra de Dios se nos ha dado con el fin de la edificación espiritual y de la caridad, no con el fin de la cultura o la erudición. Así pues, buscar la lectura a través de la inteligencia y los medios culturales, es muy conveniente, pero lo que cuenta es la fe que debe iluminar la inteligencia, fe que es punto de partida y término de la reflexión, que es la única condición indispensable para buscar a Cristo en el texto. No la erudición sino la unción, no solo el conocimiento de datos y de hechos, sino la presencia de Dios, eso es lo que debes buscar.

Pasos a seguir en el momento de la lectura

1.Leer y releer (con tiempos de silencio). La primera lectura es bueno hacerla en voz alta.

2.Buscar textos paralelos, concordancias y explicaciones al pie de página.

 

3. Meditar

El Salmo 119 dice: “En el silencio de la noche medito tu Palabra… de día y de noche medito tu Palabra…”lectio-divina-meditar

San Ambrosio decía: “Mediten cada día la Palabra de Dios. Tomen como consejeros a Moisés, Isaías… Pedro, Pablo, Juan… tomen como modelo supremo a Jesucristo para poder llegar así al Padre. Hablen con ellos, mediten con ellos todo el día…”

La parte mas importante que ha de buscarse es la “ruminatio” = rumiar, masticar la Palabra. Tal término es aplicado a la Palabra para indicar la acción con la cual se asimila la Palabra leída, oída y comprendida. Es el gustar y ver cómo es bueno el Señor.

La meditación o ruminatio difiere de la simple lectura tanto cuanto difiere la amistad de un encuentro pasajero, o el afecto que nace de contactos frecuentes de un saludo casual.

Si en la lectura es la atención la que más se pone a trabajar; en el meditar es la memoria la que debe intervenir de manera intensa. Para asimilar completamente un pasaje de la Escritura debes llevarlo a la memoria y repasarlo incesantemente, descubrir el tema central, recordar las palabras e imprimirlas profundamente en tu corazón.

Este rumiar la Palabra es “comer” espiritualmente la Escritura, y así ella se convierte en alimento y bebida en la prolongada reflexión contemplativa. Recordar y tener presente las Escrituras no es, por consiguiente, un simple acto de memorización, porque se trata más bien de una “memoria del corazón”, que ha acogido en sí palabras e imágenes del texto bíblico.

La Lectio Divina compromete al hombre entero: murmullo de la Palabra, esfuerzo de atención del pensamiento, del sentimiento, de la memoria, con el fin de que las palabras se impriman en el corazón.

La “ruminatio”, el rumiar, es el medio privilegiado con el cual el texto se convierte en Palabra y revive en ti en modo nuevo. Es el método por el cual, como escriba sabio, puedes sacar de la Escritura cosas nuevas y viejas. Es el hacerte eco del rugido del león que es la Palabra potente de Dios.

Uno de sus frutos más bellos es la memoria que crea en ti de las acciones de Dios. El recuerdo de las maravillas de Dios viene de la lectura, y del retener las Escrituras nace la verdadera meditación. Es entonces la memorización y la ruminatio el inicio de la meditación.

Resumiendo, después de la lectura debes continuar con la ruminatio, y este rumiar te introducirá a la meditación.

La meditación es hacer pasar la Palabra de Dios a la vida, para que se convierta en un instrumento de oración. Meditar es buscar el sabor de la Escritura, no su ciencia.

Pasos en la meditación

  1. Memoriza algún texto.
  2. Entresaca algunas palabras y repítelas mentalmente. (esto es lo que se llama “musitar”).
  3. Reflexiona sobre ese texto. Hazte preguntas. (¿Qué dijo o hizo Jesús? ¿Cómo sucedió? ¿Para qué lo hizo? ).
  4. Trae a la mente otros textos que te inspire el Espíritu Santo y reflexiona sobre ellos, aplicándolos a tu vida.

Por ejemplo:

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  • Memoriza las bienaventuranzas (todo el texto o parte de él).
  • Luego trae a la mente solo el siguiente versículo y repítelo en tu interior: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos…”
  • Reflexiona: ¿Qué recompensa tiene el que es pobre de espíritu? ¿Qué es el Reino? O mejor… ¿Quién es el Reino? ¡Jesús mismo! ¡Jesús es entonces mi recompensa!
  • Trae a la mente otros textos, por ejemplo: Ct 2,16: “Mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado”; o Sal 16,5: “Yahveh es la parte de mi herencia…”
  • Luego pregúntate: ¿Cuánto tengo yo de su santidad, de su pureza, de su humildad, de su alegría?
  • Aplica esto al área de tu vida donde más necesites de su Don, para desear tener lo que es tuyo porque es de Jesús.

Esta puede ser una manera de hacerlo, pero el Espíritu Santo, con el mismo texto, te puede llevar a hacer mil reflexiones y darte otros textos y aplicaciones según Él quiera revelarte los misterios de Dios.

En la meditación también puedes usar la imaginación y traer a la mente la escena del pasaje que estás leyendo. Por ejemplo, si leíste el pasaje de la Samaritana, después de leer, releer, comparar textos y referencias y memorizar alguno de los textos del diálogo de Jesús con la Samaritana, puedes hacer lo que San Ignacio llama “la composición de lugar”, o sea, representar con la imaginación el encuentro de Jesús con la Samaritana.

Lo haces reflexionando en todos los detalles de ese encuentro. Por ejemplo: ¿cómo le habló Jesús? ¿Cómo era su tono de voz? ¿Qué sentimientos tenía la Samaritana? Etc., etc…

Después te detienes en una expresión o actitud concreta, tanto de Él como de la Samaritana, en lo que el Señor quiera hablarte.

También puedes repetir algún texto del diálogo que más te hable al corazón y puedes traer a la mente otros textos que te inspire el Espíritu Santo. Por ejemplo., si repites el texto que dice: “Señor, dame de esa agua”, puedes traer a la mente y musitar el Salmo 42,2-3: “Como jadea la cierva tras las corrientes de agua, así jadea mi alma en pos de Ti, mi Dios; tiene mi alma sed de Dios, del Dios vivo…”

Por último se cambian los personajes, y ya no es Jesús y la Samaritana; ahora en la escena, están Jesús y tú dialogando…

 

4. Orar

Sobre este punto seremos muy discretos, porque creemos que es difícil determinar y guiar semejante momento, que varía de persona a persona y que es el resultado y no el medio de la Lectio Divina.

En realidad, todo lo que hasta ahora hemos descrito es ya una forma de oración, pero es en este momento en el cual debes tomar conciencia de este hecho y sentirte más que nunca orante. La lectura y la meditación tienden a llevarnos a Dios.

Por eso San Agustín nos advertía: “Si el texto es oración, orad; si es gemido, gemid; si es agradecimiento, estad alegres; si es un texto de esperanza, esperad; si se expresa temor, temed…”

Se entra así en la conversación con Dios, y no podemos hacer otra cosa que una oración agradable. La Palabra ha venido a nosotros y ahora regresa a Dios bajo la forma de oración. También decía San Agustín: “Cuando escuchas a Dios, Él te habla; cuando oras, tú le hablas a Dios”. En este momento se cumple el movimiento, se cierra, se completa; y esta es la verdadera oración cristiana.

lectio-divina-orarLa oración meditativa es la que brota de un corazón tocado por la Palabra Divina: verdadero gotear del corazón herido por la espada de dos filos que es la Palabra de Dios. Él se me habrá entregado en la lectura y yo me entrego a Él en la oración.

La oración se puede iniciar con un tiempo de agradecimiento oral, verbal, sensible frecuentemente. Es un momento de encanto que puede desembocar en lágrimas de alegría. Aquí puedes decirle al Señor libremente lo que brota de tu corazón, palabras de amor, gratitud, admiración, adoración, etc., o puedes también traer a tu mente frases cortas de salmos u otros textos bíblicos que se convierten en ese momento en expresiones gozosas a Dios.

También puedes dejar que el Espíritu Santo te inspire cantos y vivir la Palabra que dice: “Recitad salmos, himnos y cánticos inspirados, cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor, dando gracias por todo a Dios Padre en nombre de nuestro Señor Jesucristo…” (Ef 5,19-20).

Este es el momento de dar respuesta a Dios a lo que te dijo en la lectura y meditación.

Siguiendo los ejemplos anteriores, en el ejemplo de las Bienaventuranzas, puedes darle gracias porque Él es tu riqueza, o pedirle que te haga pobre de verdad, o que saque de tu corazón los ídolos… En fin, como el Espíritu Santo te guíe.

También puedes cantar el canto: “Solo Dios, solo Dios… Tú mi tesoro, mi porción, mi delicia, Señor…” En fin, todo lo que puedas decirle al Señor como respuesta a lo que Él te ha dado al leer y meditar “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”.

En el ejemplo del pasaje de la Samaritana, puedes expresar al Señor tu gratitud por haberte encontrado con Él, entrando en un diálogo como si fueras la Samaritana, dejando que los afectos te lleven a un encuentro amoroso con el Señor. Aquí también te podemos auxiliar de algún salmo ( por ejemplo el Sal 45), o apropiarte de uno de los diálogos de Jesús y la Samaritana, o cantar algún cántico inspirado por el Señor, o en fin, decirle al Señor lo que ha significado y significa para ti cada encuentro con Él.

 

5. Contemplar

lectio-divina-contemplarDespués de este momento de la oración, sigue una fase de estupor y maravillas, en la cual la Palabra que te ha hecho gozar, cesa de estar junto a Dios, pero en tu interior es luz, camino, vida. No tienes ya la necesidad de hablar, de decirle cosas a Dios, o de cantar. Dejas que esta Palabra suba como incienso, sin ruido y pacíficamente al cielo. Es la fase de los gemidos inexplicables e inefables del Espíritu que apenas percibimos. Es el momento de descansar en esta Palabra, y es el Espíritu quien te eleva enteramente hacia Dios.

Coloquio sereno con Dios, sin otro deseo que el de permanecer a su lado. Presencia y cercanía que se van haciendo cada vez más silenciosas, como en un paseo entre amado y amada, en el cual, a un cierto punto, después del diálogo y la alegría de estar juntos, se permanece simplemente al lado. No se dice nada, hablan solamente los ojos, el corazón. Así, cada vez más cercano a Dios, conoces a fondo su pensamiento, sientes su Corazón descubierto en el texto y te abandonas en Él. No te queda sino contemplarlo.

Él está, no tienes necesidad de oír su Palabra.

Él ha entrado en la parte más interior y más profunda de tu ser. No te queda sino mirarlo y contemplarlo como María Magdalena a los pies de su Maestro. Admiración, sorpresa, estupor: la contemplación es esto. Es el mirar a quien es “el más bello entre los hijos de los hombres” (Sal 45). Es la experiencia de la fe.

Todo calla, todo está en calma, el corazón arde de amor, el alma está llena de alegría, la memoria llena de fuerza, la inteligencia de luz y el Espíritu entero inflamado de amor.

En la contemplación es inútil buscar y pensar. Reflexionar sobre Dios se convierte en una cosa estúpida cuando se está en su presencia.

A este nivel hay poco que decir. Solamente quien lo experimente podrá descubrir la profundidad de la contemplación, la anchura, la profundidad, la longitud y la altura del misterio de Dios.

 

6. Actuar

lectio-divina-actuarSi eres oyente de la Palabra debes convertirse en realizador de la Palabra. La escucha verdadera de la Palabra debe llevarte a la práctica de la Palabra.

La semilla ha sido depositada en buen terreno, ahora tu esfuerzo debe ser el permanecer en la Palabra: “Si permanecen en mi Palabra, serán verdaderamente mis discípulos…” (Jn 8,31).

La Lectio Divina no es solamente una escuela de oración, es también una escuela de vida. Dice San Ambrosio: “La Lectio Divina nos lleva a la práctica de las buenas obras, porque así como la meditación de la Palabra tiene por fin memorizarla, de tal forma que nos acordemos de las palabras meditadas, así la meditación de la ley, de la Palabra de Dios, nos impulsa y nos lleva a actuar”.

Debes estar dispuesto, entonces a obedecer la Palabra, a vivirla. Y para esto es necesario y te ayudará mucho sacar de la oración una conclusión, una meta, un propósito a realizar. ¿En qué momento? Cuando Dios te lo inspire.

Será bueno que tengas una libreta de anotaciones para que vayas escribiendo estos propósitos diariamente. También ahí podrás ir anotando los textos bíblicos a memorizar durante el día, y algunas ideas claves de tu meditación. Todo esto te ayudará para ir dándole cada vez más profundidad a tu Lectio Divina.

 

Como ves, aquí hay mucha riqueza… Esperamos, con todo el corazón, que estos consejos puedan servirte en tu vida de oración, que poco a poco puedas ir implementando la Lectio Divina como modo de orar con la Palabra de Dios tanto de forma personal como en tu grupo y en tu comunidad.

Si tienes dudas, comunícate con nosotras. También te invitamos a compartirnos tu experiencia en los comentarios, y todo lo que quieras aportar. Serás muy bienvenida/o.

Que Dios te bendiga, que su Palabra se vaya haciendo cada vez más parte de tu vida, y tú te vayas transformando cada día en un verdadero “hacedor” de la Palabra.

Diez consejos para que tu lectura bíblica dé frutos en tu vida

¿Por qué es tan importante leer la Biblia?

Si estás siguiendo estos artículos, seguramente estarás de acuerdo con nosotras en que es sumamente importante leer la Biblia.

En el primero de esta serie, Dos motivos y siete condiciones necesarias para leer la Biblia, quisimos motivarte a que te iniciaras en esta aventura de leer la Sagrada Escritura. En ella es el mismo Dios quien se revela al hombre, le abre su Corazón, se entrega a él.

El segundo post fue un Sencillo plan de lectura bíblica para que pongas en práctica… y disfrutes de tu encuentro con la Palabra de Dios. Y precisamente se trató de eso, de ofrecerte un caminito muy práctico, muy fácil, para que empieces a leer la Biblia sin desanimarte.

Llegados a este punto, suponemos que ya estás entusiasmado en este encuentro con la Palabra de Dios, que ya has empezado a leerla. Y no solamente a leerla, sino también a conocerla, a vivirla y a hacerla parte de tu oración, como bellamente dice esta canción de Martín Valverde:

¿Qué sucede cuándo lees tu Biblia habitualmente?

Y cuando empieces a ser asiduo en la lectura bíblica te irás dando cuenta de lo que irá sucediendo en ti:

  • Comenzarás a entusiasmarte cada vez más por Dios y a llenarte de amor hacia Él.
  • Te abrirás más fácilmente a la oración.
  • Te empezarán a entrar ganas de llenarte de buenas obras: limosna, sacrificios, perfecto cumplimiento del deber de cada día, etc.
  • Iniciarás un camino de arrepentimiento, conversión y cambio de vida, y te alejarás del pecado.
  • Te sentirás consolado en las penas, en las enfermedades, en las aflicciones económicas, en las tentaciones, en las angustias de cualquier clase, porque descubrirás a un Dios que siempre está atento a consolarte y a velar por ti.
  • Aumentará tu fe al convencerte de que Dios siempre tiene razón en lo que dice y nunca se equivoca. Aumentará tu esperanza pues descubrirás que Dios siempre cumple lo que promete. Aumentará tu caridad pues te llevará a amar más a Dios y a tu prójimo.

Pero para que todos estos frutos se vayan dando en tu vida tu lectura tiene que seguir un método, o más bien unas pautas o requisitos que te ayudarán a extraer de ella toda su riqueza.

Por eso hoy queremos ofrecerte estos

DIEZ CONSEJOS PARA UNA LECTURA BÍBLICA FRUCTÍFERA

1. Lee con regularidad

lectura-biblica-fructifera-lee-regularidadAsí como en las comidas, para que sean provechosas, tiene que haber cierta regularidad y tiempo fijo para tomarlas, así en la lectura bíblica conviene tener algún método bastante fijo y señalarse cierto tiempo del día para hacerla. Para algunos será la mañana, porque su mente está fresca. Para otros será la noche porque están más tranquilos. Otros más preferirán cierta hora del día en que tienen un rato libre. También habrá quienes puedan hacerla en familia antes de comer… Lo importante es que tú descubras cuál es tu momento ideal y destines un tiempo fijo de cada día para dedicarlo a esta labor.

2. Aprovecha todos los retazos de tiempo para leerla

lectura-biblica-fructifera-aprovecha-tiempoSi bien es fundamental que tengas tu tiempo fijo de lectura bíblica diaria, también es muy bueno que aproveches todos los momentos del día que tengas libres. Por ejemplo, cuando estás haciendo cola en alguna ventanilla, o esperando el autobús, o aguardando a alguien que no llega a tiempo… Lleva siempre contigo un Evangelio o una Biblia. ¡Hoy en día son muy útiles las aplicaciones para los teléfonos celulares en los que podemos tener tan a mano la Palabra de Dios! Y aprovecha cada momento para leer. Esta lectura siempre enriquecerá tu mente y tu espíritu con su mensaje. ¿Cuántas veces dejas que tu mente divague o se llene de cualquier cosa? ¡Haz que se llene de Palabra de Dios!

Cuentan que un herrero de Canadá llegó a conocer la Biblia mejor que cualquiera de sus vecinos solo porque la tenía en su taller y, entre trabajo y trabajo, le echaba una ojeada. La Biblia terminó llena de herrumbre, pero él se llenó de sabiduría.

No hay economía que produzca tanto como economizar el tiempo. Economiza tus tiempos libres empleándolos en leer la Palabra de Dios. No dejes que se te pase la vida mano sobre mano, descansando; aprovecha todos los momentos posibles para llenarte de Dios y de su Palabra.

3. No te desanimes cuando al principio no te parezca fácil

lectura-biblica-fructifera-no-te-desanimesTodo trabajo es difícil en sus inicios, pero cuando lo repites una y otra vez se vuelve agradable, fácil y rendidor. ¿La lectura de la Biblia se te hace pesada ahora? Llegará el día en que te será muy agradable, fácil y rendidora.

4. Conténtate con ir comprendiendo un poco a la vez

lectura-biblica-fructifera-un-poco-a-la-vezNo podrás comprender la Biblia en un mes, ni si quiera en un año. Pero si la vas estudiando continuamente y le pides a Dios que te ilumine, ella llegará a ser para ti una mina inagotable de la cual irás sacando cada vez mayores tesoros de enseñanzas.

5. No te preocupes por lo que no entiendes

lectura-biblica-fructifera-sigue-leyendoSigue leyendo, que al fin te va a pasar como a quien se dedica a aprender un idioma. Lo estudia y lo estudia, y un día sale hablándolo. Así te pasará con la Biblia: si la estudias, Jesús hará contigo como con los discípulos de Emaús, a quienes les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras. Y dirás como ellos: “¡Cómo ardía con fervor nuestro corazón cuando nos habló…!” (cf. Lc 24,13-35).

6. Ora

lectura-biblica-fructifera-oraPide con el rey David: “Abre mis ojos y contemplaré las maravillas de tu Ley” (Sal 119,18). Si lees orando, el Espíritu Santo, que es quien inspiró las Palabras de la Biblia, te iluminará para entenderlas, amarlas y practicarlas.

7. Medita

lectura-biblica-fructifera-meditaPorque las maravillas y tesoros no están en la superficie y deberás sacarlos con atención. Quien desea adquirir la Sabiduría necesita meditar con atención y constancia las Sagradas Escrituras. Medita para adquirir la mentalidad espiritual tan contraria a la mentalidad del mundo.

Meditar es volver a pensar lo que se leyó, aplicándose a sí mismo eso que se ha leído. Para meditar necesitas detenerte un poco para reflexionar en las palabras que has leído, no ir deprisa y evitar el leer solo superficialmente.

Meditar es asimilar, es rumiar. Solo alimenta aquello que fue digerido. Si es necesario, puedes señalar aquellos versículos que más te llaman la atención para volver a leerlos después.

8. Compara

lectura-biblica-fructifera-comparaLas concordancias aclaran muchos puntos. Habrás visto que las Biblias traen en el margen las citas de otros pasajes que se parecen al que estamos leyendo. Esto se llama “concordancia”. Hay personas que interpretan mal un pasaje de la Biblia porque no lo comparan con los demás que se le asemejan.

La mejor explicación de un pasaje de la Biblia es otro pasaje de la Biblia. La mejor explicación de la Biblia es la Biblia misma.

Concordancia, comparar… ¿No será esto lo que Jesús nos quiso recomendar cuando dijo “escudriñad las Escrituras” (Jn 5,39)? Lo que puede parecer oscuro en un lugar, queda claro en otro. Las repeticiones en la Biblia no son sino una ventaja para el lector diligente. Cada escritor sagrado contempló la obra de Dios desde un ángulo diferente. Por eso es necesario reunir y comparar los distintos modos de decir las cosas para obtener la verdad completa. Así, por ejemplo San Pablo dice que “la fe salva” (cf. Gal 2,16), y Santiago añade: “Pero la fe sin las obras está muerta” (St 2,17). Entonces es necesario atender a los dos textos para obtener la verdad completa.

9. Lee el Antiguo Testamento como un “libro incompleto”

lectura-biblica-fructifera-at-incompletoRecuerda que son profecías que quedarán cumplidas en el Nuevo Testamento. Todo queda “completo”, todo queda “cumplido” cuando llega Cristo. El Nuevo Testamento se oculta y se explica en el Antiguo. El Antiguo Testamento se revela y se completa en el Nuevo. Por eso dirá San Agustín: “A lo largo de todas las páginas de la Biblia puede trazarse una línea roja de redención que tiene por centro y ápice la cruz de Cristo”.

10. Lee los comentarios

lectura-biblica-fructifera-lee-comentariosSon las explicaciones que las Biblias católicas traen al pie de página y que te ayudarán a entender los distintos pasajes bíblicos. Hoy en día se acostumbra también usar un diccionario bíblico para comprender mejor el significado de ciertas palabras del texto sagrado. Y la Iglesia siempre ha tenido como norma sapientísima leer las explicaciones que los Santos y Doctores de la Iglesia han hecho acerca de los pasajes bíblicos. Este método es utilísimo para entender y aprovechar mejor la lectura de las Sagradas Escrituras y para evitar errores de interpretación que puedan llevarnos tras falsas doctrinas.

 

Esperamos que estos sencillos consejos te sean útiles en el momento de hacer tu lectura bíblica, y te animamos a emprender este apasionante camino de conocer cada día más la Palabra de Dios.

 

El próximo será el último de los temas de esta serie. Por eso… no te lo pierdas !!!

Dios te bendiga.

Sencillo plan de lectura bíblica para que pongas en práctica… y disfrutes de tu encuentro con la Palabra de Dios

Encontrarte con la Biblia es encontrarte con Dios

La Biblia no es un libro como cualquier otro. No la puedes leer así, de corrido, como a una novela o a un periódico. Siendo Palabra misma de Dios, deberás leerla y meditarla como un encuentro vivo con Dios. Nos dice el documento del Concilio Vaticano II:

“Los cristianos deben recibir los libros sagrados con devoción, porque expresan un vivo sentido de Dios, contienen enseñanzas sublimes sobre Dios y una sabiduría salvadora acerca del hombre, encierran tesoros de oración y esconden el misterio de nuestra salvación” (Dei Verbum, n. 15).encontrarte-con-la-biblia-encontrarte-con-dios

Por eso a la Biblia debes acercarte con los pies descalzos, con el corazón abierto y con la voluntad disponible para escuchar a Dios y encontrarte con Él. Su Palabra es luz para tus pasos, alimento para tu alma y camino de salvación.

Debes leer la Biblia con el mismo espíritu con que fue escrita. Pero no podrás adentrarte en ella sin un guía, pues te perderás. La Biblia no puede leerse ni entenderse provechosamente si no es explicada.

 

Por qué es importante un plan de lectura bíblica

Por otra parte debemos considerar que la Biblia no es un libro sino más bien una biblioteca de 73 libros. Son muy diferentes unos de otros, tienen estilos muy distintos, fueron escritos en épocas muy distantes y en situaciones muy diferentes.

por-que-es-importante-un-plan-de-lecturaImagínate que llegas a una biblioteca así y empiezas a leer el primer libro que ves en el estante, y luego sigues con el segundo, el tercero, y así te propones llegar hasta el final. Esa lectura va a ser muy poco productiva y vas a cansarte muy rápido. Seguramente no vas a entender mucho de lo que leas y te vas a desanimar. Eso es lo que pasa cuando quieres empezar a leer la Biblia por el principio, es decir, desde el Génesis. Es muy probable que pronto te canses porque no consigas entender el mensaje, se te haga todo muy confuso y pesado y lo dejes.

Por eso es necesario tener un plan de lectura bíblica. Al principio habrá muchas cosas que no vas a entender, y eso es muy natural. También en la lectura de una novela te pasa eso, hasta que te vas familiarizando con los personajes, con la trama… Cuando eso te suceda ¡no te pares! ¡Sigue leyendo! A medida que vayas avanzando las cosas se irán aclarando. Es una regla de oro: la Biblia se explica por sí misma. Por eso es tan importante, especialmente al leer la Biblia por primera vez, seguir un plan de lectura.

 

El plan que te proponemos

Debes saber algo muy importante: no existe un único y perfecto plan de lectura bíblica. Hay varios, todos ellos buenos y válidos. Aquí vamos a presentarte uno en concreto. Está destinado a aquellos que desean empezar a leer la Biblia y no tienen otros recursos, como Comentarios Bíblicos u otros estudios y explicaciones. Este plan te ayudará a conocer la Biblia a través de ella misma. Para ello te recomendamos que siguas el orden indicado aquí:

 

Primera etapa: Conoce la Salvación a la que has sido llamado y a tu Salvador, Jesucristo

primera-etapaEn primer lugar puedes comenzar por la 1º Carta de San Juan. ¿Por qué? Esta pequeña carta fue escrita con el propósito de darnos la certeza de la salvación: “Les he escrito estas cosas a ustedes, que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen Vida eterna” (1Jn 5,13). Y esta es la primera necesidad de un cristiano: tener la certeza de su salvación. Saber que Dios le ama y le ha elegido. Leyendo esta carta descubrirás que gratuitamente, y sin ningún merecimiento por tu parte, Dios te puso en la lista de los que quiere salvar. ¡Fue una elección gratuita! ¡Amorosa! ¡Estás salvado ¡Eres elegido!

Luego puedes continuar por los Evangelios Sinópticos. El de San Mateo es el más pedagógico. Es rico en parábolas y contiene cinco grandes discursos de Jesús, entre los cuales el célebre “Sermón de la montaña” (5,1-7,29). Es considerado como el texto más rico en valores morales y por siglos ha inspirado pueblos de toda cultura y religión.

El de San Marcos es el más resumido. Tiene un tono más narrativo: rico en particularidades, pinta eficazmente la Palestina de la época de Jesús. Está marcado por el “camino”: el viaje de Jesús hacia Jerusalén para el cumplimiento del misterio pascual.

El de San Lucas es el más fácil de entender. El corazón de la obra es la actividad de Jesús en Jerusalén, su misión redentora y su amor por los pobres. Forma una sola obra junto con los Hechos de los Apóstoles, que puedes leer a continuación, una narración bellísima y fácil acerca de los primeros tiempos de la Iglesia.

A continuación puedes leer el Evangelio según San Juan. Es muy distinto a los otros, aun estilísticamente. Es más espiritual, más teológico. Contiene menos parábolas y menos milagros. Aparecen, sin embargo, nuevas expresiones para hablar de Jesús, como por ejemplo, “Verbo de Dios”.

 

Segunda etapa: Conoce los fundamentos de tu fe

segunda-etapaDespués puedes seguir con las Cartas de San Pablo: Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón.

Terminadas estas, sigues con las Epístolas Católicas que te faltan leer: 2 y 3 de Juan, Santiago, 1 y 2 de Pedro y Judas.

Luego puedes leer la Carta a los Hebreos, que es un tratado de teología donde se hace una defensa acerca del sacerdocio de Cristo, superior al sacerdocio levítico. Su objetivo es animar a los cristianos en momentos duros de persecución para que se mantengan fieles a la grandeza de su fe y recordarles que ¡vale la pena ser cristiano!

Y puedes terminar el Nuevo Testamento con la lectura del Apocalipsis. Esta te puede resultar un poco más dificultosa de comprender a causa de la gran cantidad de símbolos y signos que posee. Por ello te recomendamos que te apoyes de un buen Comentario o Diccionario Bíblico (procura siempre que sea católico para que no te confunda o te desvíe de la sana doctrina).

 

Tercera etapa: Conoce la Historia del Pueblo de Dios

tercera-etapaCuando ya hayas leído el Nuevo Testamento, entonces sí estarás preparado para comprender mucho mejor el Antiguo Testamento, ya que toda esta primera parte de la Sagrada Escritura se refiere a Jesucristo y en Él encuentra pleno sentido y significación.

El Antiguo Testamento lo puedes leer en el orden en que viene en la Biblia

Una recomendación es que paralelamente a tu lectura del Nuevo Testamento vayas leyendo también los Salmos. Son las oraciones del Pueblo de Dios. Con ellos Jesús mismo oró, y seguramente te encontrarás reflejado en ellos. Léelos. Repítelos. Medítalos. Hazlos tuyos. Verás cuánto bien encontrarás en esas palabras. Más adelante haremos un post dedicado exclusivamente a explicarte algunas maneras de orar con los Salmos.

 

 

Esperamos que este plan de lectura bíblica te sea de utilidad y puedas aplicarlo a tu vida. Y te invitamos a que nos compartas tus experiencias y tus dudas en los comentarios.

Que el Señor te bendiga y te haga crecer cada día más en amor a Él y a su Palabra.