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En Adviento abre tu corazón al Dios que viene

 

Este domingo comienza el Adviento. Es un tiempo en que la Iglesia nos invita a renovar nuestras fuerzas y esperanzas, a prepararnos para celebrar el nacimiento del Hijo de Dios, Jesucristo.

Desde nuestro Blog queremos ofrecerte algunas orientaciones, como pequeñas pistas para que puedas vivir este tiempo siendo consciente de la gran bendición que supone abrirle la puerta de tu vida a nuestro Dios que viene.

En estas cuatro semanas de Adviento te proponemos ir preparando la venida del Señor de la historia con un espíritu renovado. Esta renovación se irá alimentando por la Palabra de Dios, que a través de los grandes anunciadores–profetas, recuerda las promesas y las realizaciones que fueron signo de la presencia de Dios en la vida del pueblo.

 

El Adviento es…

  • Un tiempo...

    de vivir la fe en esperanza y expectación.

  • Un tiempo...

    de sentir a Dios como presente y futuro absoluto del ser humano.

  • Un tiempo...

    en que hacemos memoria y revivimos la espera del antiguo Israel por el Mesías.

  • Un tiempo...

    en que nos dejamos inspirar por la palabra profética que nos abre la conciencia, la mente y el corazón y nos dispone para el encuentro con Dios, con los hermanos y con el cosmos.

  • Un tiempo...

    que nos ayuda a volver a asombrarnos ante lo novedoso de su presencia: ayer en un humilde pesebre, y hoy en la sencillez de los corazones abiertos a lo nuevo, en la ternura y la fragilidad de la vida que nace, en la tarea silenciosa de los que siguen construyendo puentes de comunicación entre los hombres y las mujeres de nuestro tiempo.

Adviento: ¡Viene Dios!

El tiempo litúrgico de Adviento hace referencia a la venida, a la llegada del Señor. Lo dice el mismo nombre, ya que deriva del latín “adventus” (advenire: llegar). El Señor llega, viene a salvarnos.

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Es uno de los tiempos fuertes del ciclo litúrgico que abarca las cuatro semanas previas a la Navidad. En este tiempo esperamos la venida del Señor que se realizará el último día de la historia y celebramos la venida que se realizó en la encarnación y el nacimiento de Jesús.

En las primeras Vísperas del Primer Domingo de Adviento se dice esta antífona: “Anunciad a los pueblos y decidles: Mirad, viene Dios, nuestro Salvador”. Al inicio de un nuevo Año Litúrgico la Iglesia nos invita a renovar el gran anuncio a todos los pueblos: “¡Dios viene!” Esta expresión tan sintética contiene una fuerza siempre nueva. No usa el pasado “Dios ha venido”, ni el futuro “Dios vendrá”. Usa el presente: “Dios viene”. Es ahora, ya. Se trata de un presente continuo, es decir, de una acción que siempre tiene lugar. Está ocurriendo, ocurre ahora, ocurrirá una vez más. En cualquier momento… “¡Dios viene!”

“Anunciad a los pueblos y decidles: ¡Mirad, viene Dios, nuestro Salvador!” Clic para tuitear

 

Algunos signos del Adviento

Hay algunos signos que son propios de este tiempo y pueden ayudarte a vivir este espíritu de preparación y espera:

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  • Las lecturas, las oraciones, los cantos, y toda la liturgia en general está orientada a la espera gozosa del Salvador.
  • El color morado que se usa en las celebraciones simboliza “la espera” o “esperanza” en esta gran venida, y a la vez nos recuerda que aún no estamos en la fiesta definitiva.
  • En la eucaristía dominical no se dice el Gloria, pues quedará reservado hasta la gran fiesta de Navidad. Además, la ambientación de las iglesias, capillas y oratorios es sobria y sencilla, para ayudarnos a recordar que aún somos peregrinos.
  • La Corona de Adviento, con sus cuatro velas que semana a semana se van encendiendo y dando cada vez mayor luminosidad, nos prepara para recibir a Cristo que viene como Luz del mundo.

 

El sentido del Adviento

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Ahora bien, ¿cuál es el sentido del Adviento? ¿Qué significa vivir cada año este tiempo litúrgico? ¿Qué quiere despertar Dios en ti a través de esta experiencia de “esperar”?

El Adviento te invita a tomar conciencia de que Dios viene cada día. Resuena como una llamada que se hace cada vez más fuerte con el pasar de los días: ¡Despierta! ¡Recuerda que Dios viene! ¡No vino ayer! ¡No vendrá mañana! ¡Dios viene hoy, ahora!

El único verdadero Dios, “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob” no es un Dios que está en el cielo, desinteresándose de ti y de tu historia. Es el Dios-que-viene.

Dios Padre no deja de pensar en ti. Respetando tu libertad desea encontrarte, visitarte, quiere venir, vivir en tu casa, permanecer en ti. Este “venir” se debe a su voluntad de liberarte del mal y de la muerte, de todo aquello que impide tu verdadera felicidad. Dios viene a salvarte.

Por eso esperar la venida de Jesús no es un puro símbolo. Cristo realmente viene a ti, viene a tu vida. Él se hace cercano y presente, y en el Adviento te ofrece la gracia especial de su venida.

De esta manera el Adviento te permitirá tomar una conciencia más viva y completamente nueva del amor y la gracia de Dios. Él se da a conocer como aquel que te quiere y te invita a que tengas una mayor intimidad con su persona.

Dios Padre no deja de pensar en ti. Respetando tu libertad desea encontrarte, visitarte, quiere venir, vivir en tu casa, permanecer en ti... Clic para tuitear

 

¡Maranathá! ¡Ven, Señor Jesús!

Desde esta perspectiva cobra un nuevo significado la hermosa súplica que una y otra vez repetimos en Adviento: “¡Maranatá!” “¡Ven Señor Jesús!” Este grito, pronunciado con sinceridad y fervor, se convertirá en una verdadera esperanza y espera del Señor. Cada día del Adviento, este “¡ven!” te irá colmando más y más del gozo que anhelas. Este “¡ven!” te purificará y te plenificará.maranatha-ven-senor-jesus

Y le dará a tu oración en el transcurso del Adviento un matiz muy especial. Con ella irás preparando un lugar acogedor en tu corazón donde Jesús pueda nacer. Y Él vendrá a habitar en ti, pondrá en ti su morada, te llenará de su gracia, de su amor, de su paz. Te sanará, renovará tu vida y te liberará…

Ese es el proyecto de Dios para ti en el Adviento. ¿No te parece maravilloso?

Te sugerimos esta hermosa oración que puedes hacer tuya durante estos días de espera:

¡Viva Cristo Rey!

La Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, con la que concluye el Año Litúrgico, es una de las fiestas más importantes para nosotros, los católicos. En ella celebramos a Cristo como Rey y Señor universal. Nos recuerda que su Reino es el Reino de la verdad y de la vida, de la santidad y de la gracia, de la justicia, del amor y de la paz.

La Palabra de Dios dice:

Por eso Dios lo exaltó y le concedió el Nombre que está sobre todo nombre. Para que, al nombre de Jesús, toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre…” (Flp 2,9-11).

Es lo que este próximo domingo celebraremos.

 

papa-pio-xiUn poco de historia

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de marzo de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que es Cristo quien gobierna la Iglesia y el mundo. Ante los avances del ateísmo y la secularización de la sociedad quería afirmar la soberana autoridad de Cristo sobre los hombres y las instituciones.

Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Él es el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, de justicia y de servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.

 

Sentido escatológico de la Fiesta de Cristo Rey

Para que comprendas lo que queremos explicarte, primero debes saber que la palabra escatología viene del griego. Etimológicamente está formada por dos términos:

  • Éskhatos: último
  • Logos: estudio

Esto significa que la Escatología es la rama de la Teología que trata sobre las doctrinas de las cosas finales.

Teniendo esto en claro, ya podemos afirmar que esta fiesta tiene un sentido escatológico, es decir, que apunta al final de los tiempos. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de la venida de Jesús al mundo hace más de dos mil años. Pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía.

fiesta-cristo-reyEn la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, en nuestras escuelas, en nuestras empresas, en nuestros ambientes…

 

¿Cómo es el Reino de Jesucristo?

Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 del Evangelio según San Mateo. Nos dice que:

  • “…es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas…” (vv. 31-32);
  • “…es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda…” (v. 33);
  • “…es semejante a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta, y lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo…” (v. 44);
  • “…es semejante a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra…” (vv. 45-46).

Aquí Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscar y encontrar su Reino, que vivir en el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra, y también que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz.

reino-jesucristoLa Iglesia (tú y yo somos la Iglesia) tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Por eso la predicación y la extensión del Reino debe ser el centro de nuestro afán, lo más importante de nuestra vida. Se trata de lograr que Jesucristo reine en tu vida, en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las sociedades, en los pueblos. Con esto conseguiremos alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna de todos los hombres.

 

¿Cómo reinará Jesucristo en tu vida?

Para lograr que Jesús reine en tu vida, en primer lugar debes conocer a Cristo. La lectura y reflexión de la Palabra de Dios -especialmente el Evangelio-, la oración personal y recibir asiduamente los Sacramentos son los medios por los que podrás conocerlo. De ellos recibirás gracias que irán abriendo cada vez más tu corazón a su amor. Porque se trata de que conozcas a Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.

Acércate a la Eucaristía, que es Dios mismo, para recibir de su abundancia. Ora con profundidad escuchando a Cristo que te habla.

Al conocer a Cristo empezarás a amarlo de manera espontánea, porque Él es toda bondad. Y cuando uno está enamorado se le nota.

El siguiente paso es imitar a Jesucristo. El amor te llevará casi sin darte cuenta a pensar como Cristo, a querer como Cristo y a sentir como Cristo. Empezarás a vivir una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana.

Cuando imites a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podrás experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para ti.

Cuando imites a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podrás experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para ti. Clic para tuitear

Por último, vendrá el compromiso apostólico. Porque inevitablemente llevarás tu amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado. No te podrás detener. Tu amor comenzará a desbordarse.

como-reinara-jesucristo-en-tu-vidaDedicar tu vida a la extensión del Reino de Cristo en la tierra es lo mejor que puedes hacer, pues Cristo te premiará con una alegría y una paz profundas e imperturbables en todas las circunstancias de la vida.

Proclamar a Cristo Rey de tu vida implica vivir una vida radical. Implica… ¡entregar la vida si es necesario!

Proclamar a Cristo Rey de tu vida implica vivir una vida radical. Implica… ¡entregar la vida si es necesario! Clic para tuitear

Como tantos mártires del siglo XX en México, España, Cuba y otros lugares, que murieron gritando “¡Viva Cristo Rey!” Prefirieron morir antes que negar a Jesús.

Este es nuestro tiempo. Hoy somos nosotros quienes tenemos que extender el Reinado de Jesucristo en los corazones. Ahora nos toca nosotros decir: “¡Viva Cristo Rey!”

¿Estás dispuesto?

Cinco claves para entender el Año Litúrgico

¿No te ha pasado que el año se te ha ido volando? Ya se está acabando este 2017 que parece que acaba de empezar… Ya todo está marcándonos el final del Año Litúrgico con la fiesta de Cristo Rey que se acerca. Luego iniciará el Tiempo de Adviento y el nuevo Ciclo nos traerá una oportunidad renovada de caminar con Jesús el camino de nuestra fe.

Por eso hoy te proponemos refrescar tus conocimientos sobre el Año Litúrgico. ¿Qué es? ¿Cuándo inicia y cuándo acaba? ¿Cuáles son sus tiempos fuertes? ¿Para qué nos lo propone la Iglesia?

Todo esto y mucho más encontrarás en este post. Esperamos te sea de mucha ayuda en la profundización del misterio de Jesús, centro y cumbre de nuestra fe.

 

1. ¿Qué es el Año Litúrgico?

Se llama Año Litúrgico al tiempo que va entre el primer Domingo de Adviento y la fiesta de Cristo Rey. Durante este período la Iglesia celebra entero el misterio de Cristo, desde su nacimiento hasta su última y definitiva venida, llamada Parusía. Por lo tanto podemos decir que el Año Litúrgico es una realidad salvífica. Esto significa que si lo recorremos con fe y amor, Dios saldrá a nuestro paso ofreciéndonos la salvación a través de su Hijo Jesucristo.

En la Carta Apostólica Spiritus et Sponsa, el Papa Juan Pablo II nos dice que el Año Litúrgico es el “camino a través del cual la Iglesia hace memoria del misterio pascual de Cristo y lo revive (n.3).

que-es-el-anio-liturgicoY precisamente “hacer memoria” no es solamente recordar, sino volver a vivir los acontecimientos de la Historia de la Salvación. Esto se hace a través de las fiestas y celebraciones, en las que se conmemoran y actualizan los acontecimientos más importantes del Plan de Salvación. Por eso el Año Litúrgico es un camino de fe que nos adentra y nos invita a profundizar en el Misterio de la Salvación. Un camino de fe para recorrer y vivir el amor de Dios que nos lleva a la salvación.

 

2. Finalidades del Año Litúrgico

Por esto que acabamos de explicar, podemos decir que el Año Litúrgico tiene dos objetivos o finalidades:

  • Una finalidad catequética, porque a través de él puedes aprender los misterios de Cristo (Navidad, Epifanía, Muerte, Resurrección, Ascensión, etc.). El Año Litúrgico celebra el misterio de la salvación en las sucesivas etapas del misterio del amor de Dios, cumplido en Cristo.finalidades-anio-liturgico
  • Una finalidad salvífica, porque en cada momento del Año Litúrgico recibes la gracia especifica de ese misterio que estás viviendo. Por ejemplo, la gracia de la esperanza cristiana y la conversión del corazón para el Adviento; la gracia del gozo íntimo de la salvación en la Navidad; la gracia de la penitencia y la conversión en la Cuaresma; el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte en la Pascua; el coraje y la valentía el día de Pentecostés para salir a evangelizar; la gracia de la esperanza serena, de la honestidad en la vida de cada día y la donación al prójimo en el Tiempo Ordinario, etc. Así puedes apropiarte de los frutos que Cristo nos trae aquí y ahora para nuestra salvación, puedes progresar en la santidad y prepararte para su venida gloriosa o Parusía.

 

3. Tiempos del Año Litúrgico

Como ya dijimos, durante el Año Litúrgico hacemos memoria de los hechos históricos de nuestra salvación. De esta manera en la liturgia estos hechos son actualizados y convertidos, bajo la acción del Espíritu Santo, en fuente de gracia divina, aliento y fuerza para nosotros.

anio-liturgico-memoria-de-salvacionTodos ellos se organizan en diferentes Tiempos Litúrgicos, de acuerdo con alguno de los misterios de la vida de Cristo:

  • Adviento: tiempo de alegre espera, pues llega el Señor. Las grandes figuras del Adviento son: Isaías, Juan el Bautista y María. Con Isaías puedes llenarte de esperanza en la venida de Cristo, que traerá la paz y la salvación. San Juan Bautista te invitará a la penitencia y al cambio de vida para que puedas recibir con el alma ya purificada y limpia al Salvador. Y María, que espera, prepara y realiza el Adviento, será para ti ejemplo de esa fe, esperanza y disponibilidad al plan de Dios en tu vida.
  • Navidad: tiempo en el que se conmemora el nacimiento de Jesús en la Iglesia, en el mundo y en el corazón del hombre. Él te traerá una vez más la salvación, la paz, el amor que trajo hace más de dos mil años. Podrás apropiarte de los mismos efectos salvíficos de su primera venida, en la fe y desde la fe. Basta que tengas el alma bien limpia y purificada, como recomendaba san Juan Bautista durante el Adviento.
  • Epifanía: el día de Reyes es la fiesta de la manifestación y revelación de Dios como luz de todos los pueblos, en la persona de esos reyes de Oriente. Cristo ha venido para todos: Oriente y Occidente, Norte y Sur, Este y Oeste; pobres y ricos; adultos y niños; enfermos y sanos, sabios e ignorantes. Cristo ha venido para ti y para mí…
  • Primer tiempo ordinario: tiempo que va desde Epifanía hasta Cuaresma.
  • Cuaresma: es tiempo de conversión, de oración, de penitencia y de limosna. No se dice ni se canta el Gloria ni el Aleluya. Estos himnos de alegría quedan guardados en el corazón para el Tiempo Pascual. Puedes rezar el Vía Crucis cada día o, al menos, los viernes, para unirte a la Pasión del Señor y en reparación de tus pecados y los de todos los hombres.
  • Pascua: tiempo en que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús, sacándonos de las tinieblas del pecado a la claridad de la luz. Y tú mismo puedes morir junto con Él, para resucitar a una nueva vida, llena de entusiasmo y gozo, de fe y confianza, comprometida en el apostolado.
  • Pentecostés: fiesta en la que se conmemora la venida del Espíritu Santo, para santificar, guiar y fortalecer a su Iglesia y a cada uno de nosotros. El Espíritu volverá a renovar en ti el ansia misionera y te lanzará a llevar el mensaje de Cristo con la valentía y arrojo de los primeros apóstoles y discípulos de Jesús.
  • Segundo tiempo ordinario: tiempo que va después de Pentecostés hasta la fiesta de Cristo Rey.

Durante los tiempos ordinarios del Año Litúrgico no se celebra un aspecto concreto del misterio de Cristo. Se profundiza en los distintos momentos históricos de su vida para que te adentres con Él en la historia de la Salvación.

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4. Efectos del Año Litúrgico

Gracias al Año Litúrgico, las aguas de la redención te cubren, te limpian, te refrescan, te sanan, te curan, aquí y ahora. Continuamente te estás bañando en las fuentes de la Salvación. Y esto se logra a través de los Sacramentos. Es en ellos donde se celebra y actualiza el Misterio de Cristo. Los Sacramentos son los canales, a través de los cuales Dios te da a beber el agua viva y refrescante de la Salvación que brota del costado abierto de Cristo.

efectos-anio-liturgicoPodemos decir en verdad que cada día, cada semana, cada mes vienen santificados con las celebraciones del Año Litúrgico. De esta manera los días y meses de un cristiano no pueden ser tristes, monótonos, anodinos, como si no pasara nada. Al contrario, cada día pasa la corriente de agua viva que mana del costado abierto del Salvador. Quien se acerca y bebe, recibe la salvación y la vida divina, y la alegría y el júbilo de la verdadera liberación interior.

 

5. Los ciclos del Año Litúrgico

El Año Litúrgico está organizado en dos ciclos:

1- Ciclo cristológico: dedicado a Cristo. Se divide a su vez en dos ciclos: el de Navidad, que comienza con el tiempo de Adviento y culmina con la Epifanía, y el Pascual, que se inicia con el miércoles de ceniza, Cuaresma, Semana Santa, Triduo Pascual y culmina con el domingo de Pentecostés.

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2- Ciclo santoral: dedicado a la Virgen y los santos. Cada uno de los santos es una obra maestra de la gracia del Espíritu Santo. Por eso, celebrar a un santo es celebrar el poder y el amor de Dios, manifestados en esa creatura.

Los santos ya consiguieron lo que nosotros deseamos. Este culto es grato a Dios, pues reconocemos lo que Él ha hecho con estos hombres y mujeres que se prestaron a su gracia. “Los santos, –dirá san Atanasio- mientras vivían en este mundo, estaban siempre alegres, como si siempre estuvieran celebrando la Pascua”.

Este culto también es útil a nosotros, pues serán intercesores nuestros en el cielo, para implorar los beneficios de Dios por Cristo. Son bienhechores, amigos y coherederos del Cielo.

Por eso es bueno que los veneres, los ames y le agradezcas a Dios lo que por ellos te viene de Dios. Son para ti modelos a imitar. Si ellos han podido, ¿por qué tú no vas a poder, con la ayuda de Dios?

Sobre todos los santos sobresale la Virgen, a quien honramos con culto de especial veneración, por ser la Madre de Dios. Cristo, antes de morir en la cruz, nos la ha regalado como Madre. Ella es la que mejor ha imitado a su Hijo Jesucristo.

 

Concluyendo

La Iglesia, que es una Madre muy sabia, ha ido estructurando a lo largo de la historia el Año Litúrgico de manera que todos podamos encontrarnos con Cristo y revivir con Él los misterios de la Salvación.

plan-anio-liturgicoPara este nuevo Año Litúrgico que está por comenzar te proponemos este pequeño plan:

  • Haz conscientemente este camino.
  • Recórrelo de la mano de María, vive con Ella los acontecimientos de la vida de su Hijo.
  • Evita las prisas, lo superficial.
  • Interioriza el mensaje.
  • Profundiza los misterios que se van presentando día a día a lo largo del camino.

Verás qué maravillosa experiencia…

Pongamos de moda la santidad

Hoy celebramos con toda la Iglesia la gran fiesta de todos los santos. Y ¿qué significa esto? ¿Qué supone para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI celebrar la santidad? ¿Qué supone para ti?

Sin duda no se trata solamente de recordar historias pasadas de personas que hicieron grandes cosas. Ciertamente es bueno recordar, porque la Iglesia nos los ha dado para que los imitemos. Pero la experiencia de los santos nos puede resultar una cosa lejana si no nos damos cuenta de que la santidad es algo para ti y para mí.

 

Estás llamado a la santidad

estas-llamado-santidadComo hijo de la Iglesia, como bautizado, debes comprender que estás llamado a ser santo. ¿Por qué? En primer lugar porque el que te llamó, Jesucristo, es Santo (cf. 1Pe 1,15). Y este llamado implica para todos los cristianos ser siempre y enteramente santos. Cuando el mismo Jesús invitó a seguir su camino hacia la plenitud enseñaba: “Sean perfectos como es perfecto vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,48).

El que te llamó, Jesucristo, es Santo... Clic para tuitear

El Concilio Vaticano II habla muy claramente de este hermoso llamado a la santidad que los cristianos hemos recibido. Al ser tan importante le dedica todo el capítulo V de la Constitución Dogmática Lumen Gentium. Allí se habla de la santidad como del estilo de vida que eligió Jesús para sí mismo y al que llama a todos sus discípulos:

“El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y a cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que Él es iniciador y consumador…” (LG nº 40).

Por eso este es un llamado también para ti. Si quieres ser discípulo de Jesús, si quieres seguirlo, imitarlo, vivir como Él vivió… ¡tienes que ser santo! La santidad tiene que ser tu modo de vida. Y la santidad es vivir en el amor, un amor tal como nos lo muestra el Evangelio, tal como lo vivió Jesús. Un amor que es entrega, generosidad, renuncia, sacrificio donación… Un amor que es tan grande que… ¡da la vida!

Si quieres ser discípulo de Jesús… ¡tienes que ser santo! Clic para tuitear

 

No hay excusas para desoír este llamado

no-desoir-llamadoNadie que realmente quiera ser cristiano puede considerarse exento de este llamado a la santidad. Aquí no vale ninguna excusa, como la dificultad de ese camino, o las atracciones del mundo, o lo complejo de la vida moderna… Porque la santidad, aunque parezca un camino duro, o difícil, tiene una única meta: tu felicidad. Por eso no puede haber excusas válidas para desoír el llamado a caminar hacia la plenitud, hacia la felicidad plena.

Claro que existe la libertad de decir “no”; siempre existe esa posibilidad. Pero al decir “no” te estarás cerrando al designio que Dios te tiene preparado, es decir, estarás renunciando a tu felicidad. Es posible decir “no”, pero esa es una actitud que tendrá gravísimas consecuencias para ti y para la misión que estás llamado a realizar en el mundo.

En el fondo, decir “no” es optar por la muerte. Es, sin duda, rechazar la Vida que trae el Señor Jesús, es no conformarse a la vida cristiana que de Él proviene, es cerrarse al camino de profunda transformación y quedarse sumergido en las propias inconsistencias, en el anti-amor, en la anti-vida… ¡Es una locura!

 

El llamado a la santidad es para todos

llamado-santidad-para-todosHay un pasaje fundamental de la Constitución Dogmática Lumen Gentium en el que conviene reflexionar:

“Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, y esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena…” (nº 40)

Si bien la santidad en la Iglesia es la misma para todos, ella no se manifiesta de una única forma. Por ello la insistencia en que cada uno ha de santificarse en el género de vida al cual ha sido llamado, siguiendo en él al Señor Jesús, modelo de toda santidad.

En primer lugar reflexionemos en el hecho de que la santidad es la misma para todos. ¿Qué significa esto? Que es el Espíritu el que nos santifica. Toda santidad viene de Él, no puedes ser santo sin su acción.

Por tanto tú, en tu estado de vida y en tu ocupación, desde tus circunstancias concretas, debes avanzar por el camino de la fe viva, que suscita la esperanza y se traduce en obras de amor (Cf. LG nº 41). Pero debes saber que en todo este trabajo de santificación te guiará y te ayudará el Espíritu Santo.

Toda santidad viene del Espíritu Santo... Clic para tuitear

 

¡Pongamos de moda la santidad!

Dicen los expertos que para que algo se ponga de moda, primero surge como una tendencia. Las tendencias nacen en pequeños grupos llamados “Influyentes”, que son personas que por alguna razón comienzan a llevar algo, a pensar de una manera distinta, a decorar con ciertos colores o a actuar en cierta forma y contagian a los demás.

El desafío de hoy para ti, que quieres seguir a Jesús, es que seas parte de este grupo de “Influyentes”. Que empieces a pensar de manera distinta a como piensa el mundo, que empieces a vivir a contra corriente.moda-santidad

¿Acaso Jesús no marcó la diferencia? ¡Él sí que fue un “Influyente”! Él inició esta aventura de vivir en santidad hace más de 2000 años y hoy tú y yo estamos llamados a seguir este estilo de vida que Él inició.

Su proyecto está explicado en las Bienaventuranzas.

Tienes la ayuda de los Sacramentos, especialmente el alimento de la Eucaristía, que es la clave para vivir con coherencia tu fe en medio de las dificultades de la vida.

Te dio el ejemplo viviendo Él mismo santamente.

Tienes la ayuda y el modelo de tantos hombres y mujeres que, empezando por nuestra Madre, la Virgen María, vivieron la santidad a lo largo de toda la historia de la Iglesia.

Y cuentas, además, con la fuerza y el poder del Espíritu Santo. Si le permites ser el protagonista de tu vida, Él mismo te santificará…

¿Qué más quieres?

¡Es hora de que te pongas en marcha!

¡Únete a esta campaña!

¡PONGAMOS DE MODA LA SANTIDAD!

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¡Feliz cumpleaños, María!

Comienza septiembre y estamos de fiesta. Exactamente 9 meses después de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, la Iglesia nos presenta la Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María… ¡El cumpleaños de nuestra Mamita del Cielo! ¡Feliz cumpleaños, María!

En la Inmaculada Concepción celebramos el momento en que María es engendrada por sus padres, San Joaquín y Santa Ana, libre de pecado original, limpia, pura, santa, Inmaculada, en previsión de los méritos de Cristo Jesús. Y hoy es la gran fiesta de su nacimiento en este mundo.

 

Si Cristo es la Luz del día, Ella es la Aurora

¿Por qué celebramos con tanto gozo su nacimiento?

Podríamos decir que el nacimiento de María, tanto o más que el de Juan Bautista, es como el preludio de la Salvación, su anticipo, su anuncio.

ella-es-la-auroraAsí como en el comienzo del día, antes de que salga el sol, viene la aurora, así llega María. La aurora es ese primer momento del día: todavía no amanece, todavía la oscuridad llena la tierra, pero hay una claridad que ya va anunciando el amanecer, que va pintando todo con una tenue y sonrosada luz. Los pájaros despiertan, la vida vuelve, todo anuncia el nuevo día.

Así es Ella. Llega María y todo anuncia que ya llega la Salvación, que ya viene Jesús, que el gozo está cerca, que la Redención es nuestra, que este amanecer ya no tendrá ocaso, que Jesús vendrá y que su Salvación, preanunciada por Ella, es real y definitiva.

 

Esperada por los siglos

esperada-por-los-siglosMaría fue anunciada ya en el Paraíso por el mismo Dios cuando le dijo a la serpiente (el Diablo), después que el hombre cometiera el pecado original: Establezco enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia, Él te aplastará tu cabeza, y tú le acecharás el calcañar” (Gn 3,15).

Más tarde fue esperada y anunciada por los profetas, así como fue esperado el Mesías. Miqueas habla de “la que ha de dar a luz” (Mq 5,2), Isaías de “una doncella que está encinta y va a dar a luz un hijo” (Is 7,14).

Su nacimiento es el anuncio de que la salvación esperada por los siglos está por llegar. Ella es quien anuncia la “plenitud de los tiempos”, como dirá San Pablo: “Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva…” (Ga 4,4-5)

 

Donde llega María llega la alegría

Si leemos atentamente los Evangelios podemos ver que cuando María aparece en escena su presencia siempre es fuente de alegría.

Lo vemos especialmente cuando visita a su prima Isabel: “…el niño saltó de gozo en mi seno…” (Lc 1,44) y en las bodas de Caná, cuando gracias a ella Jesús convierte el agua en vino (¡Era mucho vino…! Según los estudiosos, entre 480 y 720 litros!) y alegra la fiesta de unos novios que estaban en problemas (Jn 2,1 y sig).

Donde Ella llega, llega el gozo, la alegría, la plenitud, la salvación, porque Ella siempre anuncia a Jesús, y Jesús es la fuente de todos esos bienes.donde-llega-maria-llega-la-alegria

Por eso hoy, en su cumpleaños, te invitamos: ¡Déjala entrar en tu vida! ¡Permite que entre en tu casa! No le cierres la puerta de tu corazón… Como Aurora que anuncia la plenitud de la Luz, Ella anunciará en tu vida un nuevo amanecer, un nuevo gozo, una esperanza renovada para que puedas levantarte de todas tus penas y soledades y caminar a la luz de Jesús.