El reinado de Jesús en tu vida
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Introducción

Jesús, al tercer día de su ignominiosa muerte en la cruz, fue resucitado por el poder de Dios, y sentado a su diestra.

«¡Jesús está vivo!», gritaba la Iglesia primitiva.

«¡Jesús está vivo!», era la Buena Nueva que anunciaban las comunidades cristianas.

«¡Jesús está vivo!». Este es el centro de la vida de la Iglesia.

Y porque Jesús está vivo y presente entre nosotros es que la Iglesia celebra cada año la Solemnidad de Cristo Rey, con la que culmina el Año Litúrgico.

Te invitamos a descubrir hoy qué implica el reinado de Jesús en tu vida, para que lo aceptes como tu Señor y vivas bajo su autoridad. Solo esto traerá paz y felicidad a tu vida, porque si vives el reinado de Jesús, el señorío de Jesús, la salvación llegará a tu casa.

La resurrección de Jesús

Dios no permitió que su Hijo experimentara la corrupción, al contrario, le exaltó y le glorificó.

¿Cómo explica esto la Palabra de Dios? Con una serie de textos que te animamos a reflexionar en estos días:

  • Le dio el Nombre que está sobre todo nombre (Flp 2,9).
  • Le concedió toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mt 28,18).
  • Lo llenó de su Santo Espíritu (Hch 2,33).
  • Lo constituyó Señor y Mesías (Hch 2,36).

La resurrección, exaltación y glorificación de Jesús es el culmen de su obra salvífica. Si Cristo no hubiera resucitado nuestra fe no tendría sentido. Si Cristo no hubiera sido glorificado vana sería nuestra predicación y nuestra esperanza (Cf. 1Co 15,14).

El más grande de los premios y el mayor poder

Sin duda que el culmen de la glorificación es la recepción del Espíritu Santo. El gran premio que el Padre le concedió a su Hijo en su exaltación fue una nueva y más abundante efusión de su Santo Espíritu:

«Exaltado por la diestra del Padre ha recibido el Espíritu Santo prometido…» (Hch 2,33).

Si durante su vida terrena siempre estuvo recibiendo Espíritu Santo, por su gloriosa exaltación lo recibió de una manera infinita.

Y, con la recepción del Santo Espíritu, se le concedió la más alta investidura de poder en el cielo y en la tierra: fue constituido SEÑOR. Así lo expresa la Palabra de Dios:

«Sepa con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús…» (Hch 2,36).

Jesús es «el Señor»

¡Jesús es el Señor!

¿Qué significa que Jesús sea «el Señor»? El título de «Señor» ha constituido a Jesús como dueño absoluto de todo el universo: del pasado, del presente y del futuro. Hombres, animales y toda la creación le están sometidos. Cielo, mar y tierra están bajo su poder. El reinado de Jesús se extiende sobre toda la tierra. Él es el vencedor de la Muerte y del Maligno, Juez de vivos y muertos (Cf. Hch 10,42), el Salvador (Cf. Hch 13,23), el Jefe que lleva a la Vida, el Mesías anunciado por los profetas (Cf. Hch 3,18).

Por otro lado, el título de «Señor» (en griego «Kyrios»), que en el Antiguo Testamento era reservado exclusivamente para Dios, al ser aplicado a Jesús afirma de una manera muy eminente su carácter divino. Por tanto, decir «¡Jesús es el Señor!» equivale a decir: «¡Jesús es Dios!».

Jesús es «tu Señor»

Pero el dominio de Jesús sobre todo el universo debe extenderse de una manera especial y concreta sobre aquellos que creen en su Nombre; sobre cada uno de nosotros. Jesús es «el Señor», pero debe llegar a ser efectivamente «tu» Señor, «tu» Rey.

Debe ser Él quien decida en todas las áreas de tu vida, quien gobierne toda tu existencia. Jesús debe ser quien dirija todos tus deseos y apetitos, el que tome todas las decisiones de tu vida: las grandes y las pequeñas.

Dice la Palabra de Dios:

«Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado…» (Rm 10,9).

Se trata de proclamar el reinado de Jesús, su señorío, en todas las áreas de tu vida. Esto de ninguna manera anula tu personalidad o capacidad de decisión. Todo lo contrario. Se trata de hacer precisamente la decisión fundamental de que en adelante, sea Jesús quien tome todas las decisiones de tu vida.

Jesús, un Señor que lo exige todo

Ahora bien, el señorío de Jesús es total o no es señorío. O Jesús es tu Señor y Rey cien por ciento, o no lo es. Él no acepta el cincuenta por ciento de tu vida, ni el ochenta, ni el noventa… Ni siquiera el noventa y nueve por ciento. Para que Jesús sea realmente «tu» Señor, le tienes que rendir todas las áreas y aspectos de tu vida. Debes abrirle todos los rincones de tu corazón y permitirle que al entrar en ellos, los inunde con su luz.

Jesús no pide mucho… ¡Jesús lo pide todo! Él no se contenta con formar parte o ser un aspecto de tu vida. Él quiere ser el centro único de tu existencia. O todo o nada. O frío, o caliente, pero no tibio. Porque a los tibios los vomita de su boca (Cf. Ap 3,15-16).

Él no admite ser solo un adorno decorativo en tu vida, quiere ser una persona real que vive en tu corazón y gobierna efectivamente todo tu ser. Jesús quiere ser verdaderamente el Rey de tu existencia, y debes permitir que el reinado de Jesús llegue hasta a los rincones más profundos y ocultos de tu ser.

El reinado de Jesús

¿Cómo es el reinado de Jesús?

Jesús no reina como los reyes de la tierra

El reinado de Jesús no es como el de las monarquías constitucionales que conocemos en la actualidad; no es como la monarquía de Inglaterra, de Bélgica o de Suecia. ¡No!

En Inglaterra, por ejemplo, la reina Isabel II es un personaje muy importante: su imagen y su retrato está por todas partes: en los billetes y las monedas, en las estampillas postales y en las oficinas de gobierno. En el sitio más importante del Parlamento inglés, está la imagen de la reina. Tiene un palacio, ricas joyas y su carroza es tirada por doce caballos blancos. ¡Ella es la reina! Sin embargo, ella no es la que gobierna en Inglaterra. La autoridad suprema no es ella sino el Primer Ministro y el Parlamento. En el Parlamento está la fotografía de la reina, pero no es ella quien toma las decisiones importantes.

La reina es para los desfiles, para las fiestas importantes y los aniversarios, pero no gobierna el país. Ella, ciertamente, firma los tratados y las leyes, pero los tratados y las leyes fueron elaborados por el Primer Ministro y el Parlamento. A ella simplemente se los dan para que los firme.

Tú ¿en qué grupo estás?

Hay varias formas erradas de tomar el reinado de Jesús. Aquí vamos a describirte unas cuantas, y el desafío es que veas si te identificas con alguna de ellas.

* Jesús es el Rey… pero tú el «Primer Ministro»

En este caso, tú tomas el reinado de Jesús, Rey de reyes, como el de la reina de Inglaterra. Aquí se trata de que eres tú quien hace las leyes de cómo quieres vivir, haces los proyectos de tu vida. Eres cristiano, crees en Dios, pero «a tu manera».

Eres tú mismo quien toma tus propias decisiones y luego nada más vas a Jesús para que Él las apruebe y firme, no permitiéndole que tenga parte alguna en su elaboración. Jesús es el Rey… ¡pero tú eres el Primer Ministro!

* Jesús es el Rey… pero desde fuera

Te cuelgas la imagen de Jesús en una medalla de oro con una linda cadena… pero nada más. Jesús y su reinado es solo algo exterior para ti, porque quien gobierna tu vida no es Él, eres tú mismo.

Jesús es «algo» externo a ti, está fuera de tu vida, es solo un adorno… Tal vez forma parte de tu vida: vas a Misa alguna vez, rezas un Padrenuestro de vez en cuando y te sientes satisfecho. Pero Jesús no es el centro; no es verdaderamente tu Señor.

* Jesús es el Rey… pero de adorno

Tienes la imagen de Jesús en tu casa, pero solo es un simple adorno, porque quien gobierna tu hogar y tu familia no es Jesús, sino tú mismo. El cuadro es un adorno artístico pero Jesús no es realmente el Señor allí.

Cuentan que en el comedor de una casa había una imagen del Señor Jesús muy hermosa, enmarcada en oro y terciopelo, iluminada con un reflector que la hacía resaltar aún más, causando la admiración y el comentario de todos.

– Ya tiene treinta años ese cuadro en nuestra casa, dijo un día el padre de familia. El Señor Obispo lo colocó aquí.

– Sí -continuó la esposa-, pero hace apenas dos años que el Espíritu Santo lo puso como Señor de nuestro corazón.

El verdadero reinado de Jesús

Jesús debe reinar en tu corazón

Cristiano no es el que tiene una imagen de Jesús en su casa o en su cuello, sino el que «es» una imagen de Jesús en su casa y fuera de ella. Cristiano no es el que dice con su boca: «Señor, Señor», sino el que realmente vive haciendo la voluntad del Padre de los cielos (Cf. Mt 7,21).

Si de alguna manera se pudiera sintetizar o describir la experiencia de quien se ha encontrado verdaderamente con Cristo y se ha convertido al Señor, sería con las frases: «Jesús es mi Señor», «Jesús es nuestro Señor», hechas realidad.

La diferencia fundamental entre un verdadero cristiano y un cristiano «de mentiritas», es que el que se dice cristiano pero no lo es, habla, se divierte, piensa y vive según los deseos de la carne, con los criterios mundanos y haciendo siempre su propia voluntad.

Por el contrario, el cristiano verdadero, el que realmente vive el reinado de Jesús, vive según la voluntad del Señor, regido por los valores del Evangelio, con los criterios de Cristo y al impulso del Espíritu.

Porque, recuérdalo: no basta que Jesús sea tu Salvador. Es necesario que llegue igualmente a ser tu Señor, de otra manera quedará incompleta su obra salvífica en ti. Y para esto debes vivir haciendo su voluntad.

¿Cómo te dirá Jesús cuál es su voluntad?

Es muy sencillo descubrir la voluntad de Jesús en tu vida. En cada circunstancia en que te encuentres bastará con preguntarte: «¿Cómo actuaría Jesús si estuviera en mi lugar?».

Es más, debes preguntarle al mismo Jesús: «¿Comprarías este vestido, Señor Jesús?»; «¿Cómo usarías Tú el dinero, Señor Jesús?»; «¿Cómo amarías, Jesús, a tus hermanos, amigos y enemigos; a este que me cae tan mal, a este otro que me lastimó?»; «¿Cómo reaccionarías Tú en este problema de mi trabajo?»; «¿Cómo le responderías a mi hijo en esta situación?»…

Ten la certeza de que Él te responderá, porque tu conciencia te irá moviendo a lo que debes realizar en cada ocasión. Entonces, la fórmula es: pregunta, escucha… y luego haz todo tal y como lo haría Jesús.

Proclamación del Señorío de Jesús, aquí y ahora

Si Jesús no es todavía realmente el Señor de toda tu existencia, este es el momento en que lo puedes proclamar como tal. Este es lugar para hacerlo. Decídete a vender todas las perlas para poder comprar la Perla preciosa. Decídete a entregarlo todo para quedarte con Jesús. En verdad vale la pena.

Ya sabes que, concretamente, el Señorío de Jesús consiste en que hagas todo y solo lo que Él quiere, como Él quiere y cuando Él quiere. Si estás decidido a vivir así, dile desde el fondo de tu corazón:

Jesucristo, yo creo en Ti. Creo que Tú eres el Hijo de Dios. Creo que moriste por mí en la cruz, que resucitaste y vives para siempre. Te reconozco y acepto como mi Dueño y Señor para siempre. Cristo Jesús, toma posesión de cuanto tengo y cuanto soy. Ven, Señor Jesús. Te entrego mi pasado, mi presente y mi futuro. Quiero estar bajo tu autoridad y jurisdicción; quiero escucharte y obedecerte. Haz que yo pueda vivir contigo la vida nueva de hijo de Dios, por el poder del Espíritu Santo. Amén.

Todos los días repite esta oración, consagrándote al Señor para permitir el reinado de Jesús en tu vida. Vive intentando siempre y en todo hacer lo que Jesús quiera. Así Él será verdaderamente el Rey, el Señor, «tu» Señor.

"Hagan todo lo que Él les diga..."

Conclusión

«Hagan lo que Él les diga», dijo la Mujer que realmente fue «esclava del Señor» y en quien la Palabra de Dios se hizo carne. Si obedeces a esta invitación que te hace María, podrás experimentar el reinado de Jesús en tu vida.

Y recuerda que «si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvado. Pues con el corazón se cree para conseguir la justicia y con la boca se confiesa para conseguir la salvación…» (Rom 10,9-10).

¡Que Dios te bendiga!


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