Conquista tu madurez humana

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Este artículo fue escrito y publicado originalmente en el Blog "Haciendo Discípulos", de las Hermanas Discípulas de Jesús.

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Una persona inmadura no puede ser feliz

Es una realidad. Muchas veces has experimentado que no puedes alcanzar tus objetivos en la vida. Al mismo tiempo, sientes que te cuesta demasiado llegar a descubrir -y sobre todo a realizar- el plan de Dios para ti. Puede haber varios motivos para que esto suceda, pero uno de los más importantes es que careces de madurez humana.

Además de ser el “cementerio de los buenos proyectos”, la inmadurez es causa de inestabilidad y de frustración en la vida y, por tanto, causa de infelicidad. Es que una persona que vive según las pasiones, las emociones, los sentimientos o las impresiones del momento, no puede hacer una opción clara y decidida en la vida. Y si llega a tomar una decisión, no dejará de replanteársela, de ponerla en duda o de traicionarla muchas veces. En esto perderá tiempo y energías, y se rodeará de una serie de obras emprendidas y nunca terminadas.

Ideas erróneas sobre la madurez humana

Ideas erróneas sobre la madurez humana

Hay una serie de ideas equivocadas con respecto a la madurez. Para algunos se es maduro cuando se llega a una determinada edad. Entonces puedes hacer todo lo que quieras sin límites de ninguna clase.

Estas personas creen que llegando a “la mayoría de edad”, el joven puede ser considerado automáticamente una persona madura, por lo cual tendrá derecho a consumir bebidas alcohólicas, o a frecuentar ciertos lugares, o a realizar ciertos actos. Quienes piensan así se preocupan más por lo que “se puede” hacer, que por la motivación recta para hacerlo.

Ser maduro es mucho más que la posibilidad de realizar ciertos actos considerados maduros. Lo verdaderamente importante es que el joven que llega a esta edad sepa no solamente lo que “puede” hacer, sino sobre todo, “por qué” y “para qué” puede hacerlo.

¿Qué es la madurez humana?

Cuando hablamos de madurez no nos referimos a una cualidad única, sino más bien a una virtud formada por muchos y variados aspectos. Entre ellos podríamos destacar:

  • la estabilidad de espíritu,
  • la capacidad para tomar decisiones prudentes, y
  • la rectitud en el modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres.

Algunos aspectos de la madurez humana

Destacaremos a continuación algunas particularidades que implica la madurez humana:

Usar las cosas para alcanzar tus fines

Usar las cosas para alcanzar tus fines

El uso de las cosas tiene que estar determinado por el fin que tú mismo les pones. De otro modo, serán las cosas las que te dominen y determinen tu vida.

Tú no tomas cualquier carretera por el mero hecho de tener un coche. Para saber por dónde irás, es preciso que tengas una idea de a dónde quieres ir. De la misma manera, es necesario que tengas claro tu objetivo, lo que pretendes lograr en la vida. Esto será lo que determine cómo usarás los medios de que dispongas.

Coherencia entre lo que eres y lo que profesas

Coherencia entre lo que se es y lo que se profesa

La persona coherente es aquella que dice lo que piensa, hace lo que dice y cree en lo que hace. Eres coherente cuando actúas de acuerdo a tus principios y valores, sin dejarte influenciar por tus apetencias del momento, o por lo que digan o hagan los demás.

La coherencia entre lo que piensas, lo que sientes y lo que haces muestra un grado profundo de madurez en ti. Y esto se obtiene no solo del crecimiento que viene con los años, sino sobre todo de la experiencia y del autoconocimiento.

Fidelidad y responsabilidad

Fidelidad y responsabilidad

La fidelidad es la virtud que nos ayuda a dar cumplimiento a una promesa. Eres fiel cuando cumples tus promesas y mantienes tu lealtad, inclusive con el paso del tiempo y a pesar de las circunstancias.

Esta virtud está relacionada también con la puntualidad o exactitud en la ejecución de algo.

Por su parte, la responsabilidad es la capacidad existente en todo sujeto para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente.

Una persona responsable es, entonces, aquella que lleva a cabo una acción de manera consciente, y que puede responder por las derivaciones que surjan de dicha acción. Eres responsable cuando eres capaz de asumir las consecuencias de tus hechos y de responder ante los demás acerca de tus decisiones.

Equilibrio emocional

Equilibrio emocional

La persona madura es aquella que ha alcanzado la estabilidad de espíritu, es decir, la integración serena de las fuerzas emotivas y de los sentimientos bajo el dominio de la razón y de la voluntad, de la fe y de la caridad.

No se aferra a sentimientos o pasiones del momento y recuerda siempre sus propios principios y su estado de vida.

Cuando no vives a merced de sentimentalismos, impulsos o tendencias, sino que te guías por tus principios y tus convicciones, y eres capaz de

dominio personal, aunque a veces los sentimientos quieran dominarte, entonces puedes afirmar que has logrado un grado de madurez humana que te permitirá realizarte como persona.

Saber lo que quieres y alcanzarlo

Saber lo que quieres y alcanzarlo

Puedes afirmar que estás madurando cuando vas logrando una mayor claridad en tus objetivos, cuando sabes lo que quieres en tu vida, cuando puedes ir perfilando tu futuro.

Al mismo tiempo esto supone crecer en tenacidad y decisión para conseguir dichas metas; ya que, de otro modo, todo se quedaría en buenas intenciones, en deseos muy altos sin concreción.

Tener una conciencia rectamente formada

Tener una conciencia rectamente formada

Según el nº 16 de la constitución pastoral Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, “el hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón”. A esto es a lo que llamamos “conciencia”, a esta voz de Dios que resuena en nuestro interior y nos dice qué es lo que está bien y qué es lo que está mal.

Pero esta conciencia, para que sea capaz de discernir, necesita ser rectamente formada. Algunas personas la descuidan y se les atrofia; otras la malforman y tienen conciencias enfermas. Si tú la cultivas bien, la conciencia te ayudará a ser una persona madura e íntegra.

Tener una actitud de apertura y donación constante a los demás

Quien ha logrado un cierto grado de madurez humana, rechazará todo tipo de egoísmo, de encerramiento en sí mismo, de particularismo y de individualismo.

En este punto reside la verdadera madurez. La principal señal de que eres una persona madura es esta capacidad de salir de ti mismo y ver por las necesidades de los demás.

En ocasiones podremos encontrar personas con control, con autonomía, que han hecho una opción en la vida aparentemente noble y que viven de acuerdo a ella, pero que, sin embargo, no son capaces de salir de ellos mismos y mirar a los

demás. Todo lo centran en sí mismos, en sus deseos, gustos o necesidades. En este caso no se trata en absoluto de una verdadera madurez humana, sino más bien de una fuerte dosis de orgullo, egoísmo e individualismo que los llevará vivir aislados, tristes y solos.

Para madurar… ¡Conócete y acéptate!

Para madurar… ¡Conócete y acéptate!

El autoconocimiento y la aceptación de ti mismo te permitirá trabajar con realismo y serenidad en tu propia superación. Por eso, si en verdad quieres llegar a ser una persona madura, debes trabajar primero en saber quién eres, y en aceptarte y amarte con todas tus capacidades, pero también con tus debilidades.

Además, tendrás que esforzarte para lograr que tu inteligencia y tu voluntad rijan tus impulsos, tus sentimientos y tus emociones. De esta manera se irá formando en ti un carácter firme y una voluntad sólida, iluminada por la razón y la fe.

Solo así adquirirás un recto orden en tu vida, y llegarás a ser el hombre o la mujer que Dios soñó al crearte.

Por eso, trabaja duro para conquistar tu madurez humana, y con la gracia de Dios lo alcanzarás.


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