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NUESTRA FORMACIÓN
Estos son nuestros principios de Formación

En nuestro Instituto la formación tiene por objeto ayudarnos a ser verdaderas Discípulas de Jesús. Configurarnos con Cristo, Discípulo Perfecto del Padre.

Como Discípulas de Jesús, somos llamadas por Él a entrar en todas las etapas del discipulado como nos lo presenta el Evangelio: estar con el Señor, escucharlo, contemplarlo y conocerlo cada vez más, consagrarnos  a Él y a su obra, recibir sus enseñanzas y su entrenamiento, aprender de Él la manera de hacer las cosas, responsabilizarnos de lo que Él nos delega y nos manda realizar, ésto implica para nosotras estar dispuestas a ser evaluadas, corregidas y formadas, todo para que nuestra vida esté en plena comunión con Cristo y con nuestras hermanas sea fecunda y produzca fruto abundante, para la gloria del Padre. Somos conscientes que el Señor no sólo pide que seamos buenas, sino que demos fruto.

Sabemos que el Espíritu Santo es quien nos hará Discípulas de Jesús. Nuestra meta en la formación es cristificarnos.

Éste es nuestro ideal:


La Discípula de Jesús será una mujer santa, de fe, con un corazón ardiendo en amor por su maestro y esposo, Jesús. Viviendo con dos pasiones en su corazón: Dios y la salvación de las almas. Dedicada a Jesús como su esclava, su discípula, su esposa. Buscando siempre la gloria del Padre. Ungida por la acción poderosa del Espíritu Santo.


Así buscará ser fiel, casta, pobre y obediente, amable, bondadosa, dócil, callada, que esté a la escucha; sumisa, humilde, sencilla, alegre, valiente y emprendedora, muy trabajadora. Reflejando en sus rasgos las virtudes de la primera Discípula de Jesús, la Virgen María, nuestra madre y maestra.

  • Mujer de alabanza y adoración, de la Palabra, de vida fraterna.
  • Mujer eucarística y mariana, mujer eclesial.
  • Mujer transparente, mujer que vive en la luz.
  • Mujer hospitalaria y acogedora.
  • Mujer dispuesta siempre a servir.
  • Mujer que se ofrece como víctima a Dios por la salvación de las almas.
  • Mujer de combate espiritual
  • Mujer de la cruz.

La formación en este Instituto trata de ser lo más integral y completa posible, abarcando todas las áreas de nuestra persona:

  • En la vida espiritual, ponemos especial esmero en cultivar la relación con Dios;
  • Nos formamos en la lectura, el estudio y meditación de las Sagradas Escrituras, en forma personal y comunitaria, tratando de obedecerla;
  • Somos formadas además, con sólidas bases en nuestra vida cristiana, buscando siempre la conversión auténtica de nuestros corazones y el vivir de acuerdo a la voluntad de Dios.
  • Somos formadas en el estudio de la Sagrada Liturgia, para celebrar con mayor conocimiento y amor el culto a Dios;
  • Recibimos además una buena formación humana que abarca todas las áreas de nuestra persona, buscando fortalecer la madurez de nuestra personalidad para que así seamos capaces de responder al compromiso que implica consagrar nuestras vidas al Señor.
  • Se nos enseña la gran importancia de las relaciones interpersonales, aprendemos a relacionarnos de acuerdo con la Palabra de Dios;
  • Cuidamos nuestra vida emocional para que ésta se desarrolle en forma equilibrada y armoniosa;
  • Se nos fomenta un espíritu de servicio y responsabilidad;
  • Es una prioridad en nuestro Instituto la formación para el apostolado, pues  la evangelización y el discipulado son parte de nuestro quehacer, nos capacitamos para evangelizar de una manera viva y dinámica;
  • La formación doctrinal,  los estudios filosóficos, pedagógicos, teológicos, pastorales  son con el fin de afianzar nuestra formación y de capacitarnos para servir mejor al pueblo de Dios. Participamos de la Escuela de Teología para laicos desde el juniorado y hacemos cursos o estudios de acuerdo a las necesidades de nuestro Instituto o de nuestro apostolado;
  • Sin duda, sobre todo en los primeros tres años de nuestra vida interna, recibimos formación en la vida consagrada;
  • Además de formación en el carácter y en las virtudes femeninas.

Deseamos ser formadas como mujeres maduras, desarrolladas integralmente

Los criterios que nos guían son los de la Palabra de Dios, los criterios del Magisterio de la Iglesia, las sanas Tradiciones del Instituto, lo que el Espíritu Santo desea realizar en nosotras y a través de nosotras. En este Instituto se busca que desarrollemos nuestras capacidades y carismas al máximo, siempre para edificación del pueblo de Dios.

NUESTRA FORMACIÓN ABARCA LAS SIGUIENTES ETAPAS:

Postulantado, noviciado, juniorado o período de profesión temporal y la profesión perpetua. A partir de la profesión perpetua seguimos con la formación permanente toda la vida.

Comienzo de nuestro proceso de formación.

La mayoría de nosotras procedemos de Comunidades o grupos de oración de la Renovación Carismática o de las Comunidades de Alianza, que son también comunidades Carismáticas.

Iniciamos un proceso vocacional en el Instituto a través de un retiro vocacional o de alguna visita de experiencia con las hermanas, o de un proceso vocacional con ellas en los grupos juveniles que ellas han formado.

una vez tomada la decisión de ingresar, iniciamos la etapa del...

 

ASPIRANTADO

Esta etapa consta de 3 meses cuyo objetivo se resume en este texto:

“¿Maestro dónde vives? Les respondió: “Venid y lo veréis” Jn 1,38-39

Cuya finalidad es conocer a las hermanas que desean ingresar al Instituto y que ellas nos conozcan, confirmar su deseo y su capacidad para ser Discípulas de Jesús. Cuando hemos confirmado que ésto es lo que deseamos y se confirma que podemos vivir ésto pasamos a la siguiente etapa que es el postulantado.

 

POSTULANTADO

Se le llama a esta etapa: PREPARACIÓN PARA EL NOVICIADO O POSTULANTADO. El siguiente texto manifiesta su intención.

“Fueron pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él” Jn 1,39

El objetivo de este tiempo es ayudarnos a tener un grado de madurez humana que nos capacite para responder al llamado con una opción suficientemente libre y responsable. Se nos ayuda a descubrir nuestra identidad de mujer y a crecer en las habilidades y virtudes propias de la mujer.

En esta primera etapa, se nos ayuda también a despojarnos de los criterios mundanos y a tomar una actitud de sierva a semejanza de Jesús que no vino a ser servido sino a servir y dar su vida como rescate por muchos. Buscamos estar dispuestas a participar del Misterio Pascual de Cristo: morir para resucitar, renunciar a todo incluso a sí misma, por el Señor y por su Reino. Deseamos adquirir los frutos del Espíritu Santo como señal de la autenticidad del camino que hemos emprendido.

Este periodo de postulantado está bajo  la responsabilidad de una hermana de votos perpetuos, elegida por el Consejo General, la cual vela por nuestra  formación y discipulado; tenemos entrevistas personales con ella y nos da el entrenamiento teórico y práctico requerido.

La maestra de postulantes nos invita a seguir en todo, el ejemplo de Cristo, nos promueve la vida en el Espíritu, llevándonos en un proceso de conversión y madurez que deberá continuar en las etapas siguientes. Esta etapa dura un año.

Una vez aprobadas en esta etapa, somos admitidas al Noviciado.

 

NOVICIADO

 

"Y los llamó para que estuvieran con Él..." Mc 3,14a

Entramos de manera oficial al noviciado a través de una ceremonia, donde se bendicen los hábitos y después se nos entregan de parte de la Superiora General o su Delegada, o la Maestra de novicias.

Al entregarlos nos dicen lo siguiente:

“Recibe esta túnica como signo de tu consagración a Dios; recibe este escapulario como signo de la cruz de cada día que llevarás con alegría para imitar a Jesús; recibe este velo, este cinturón y estos huaraches, como signo de la obediencia, castidad y pobreza que aprenderás a vivir para ser verdadera Discípula de Jesús; recibe este Rosario, úsalo como una protección de tu consagración y para que crezcas en amor a la Virgen María a quien te encomiendo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”.

Luego pasamos a un lugar privado donde nuestra madrina que previamente, hemos escogido de entre las hermanas, nos ayuda y enseña a portar el hábito. Luego regresamos  a la Capilla donde firmamos nuestro compromiso con Dios y con el Instituto por un año, el cual renovaremos cuando pasamos al 2º año del noviciado.

A continuación se ora por nosotras, se nos felicita y... ¡Se hace fiesta por nosotras!

En el noviciado se vive en  un ambiente de profunda oración, estudio y reflexión, para ayudarnos  a encontrarnos con Jesús, principalmente como nuestro Maestro y aprender a escucharlo y seguirlo para formarnos como verdaderas Discípulas de Jesús. Es el tiempo de descubrir a Jesús como nuestro Amado, nuestro Esposo, es el tiempo de profundizar en la relación esponsal con Él, que es el fundamento de nuestra consagración.

Las novicias somos formadas en la espiritualidad del Instituto, en las prácticas de mortificación, en las virtudes humanas y cristianas, especialmente las que más nos identifican como Discípulas de Jesús. Es el tiempo donde nos formamos de manera profunda en la experiencia de la vida consagrada al estilo de este Instituto.

 

EN EL SEGUNDO AÑO DE NOVICIADO

"...Y para enviarles a predicar" Mc 3,14b

Se atiende a la formación pastoral y eclesial. Este es el tiempo de formarnos como apóstoles, recordemos que hemos sido llamadas para estar con Él y para enviarnos a predicar. Somos formadas para extender el Reino de Dios, para evangelizar, para dar a conocer su amor, para que de esta manera: Cristo sea conocido, amado y servido.

En este tiempo se alternan períodos de estudio y oración con períodos de actividad apostólica. participamos más intensamente de misiones y servicios pastorales en grupos de oración, en la atención de jóvenes en las comunidades carismáticas o en todo servicio que la Iglesia nos solicite.

 

JUNIORADO O PROFESION TEMPORAL

Dos meses antes de terminar el noviciado, si estamos firmes en nuestra decisión de comprometernos en este Instituto, solicitamos por escrito la gracia de emitir votos temporales.

El día de la profesión temporal, como nuevas profesas recibimos el velo negro, las Constituciones y el Directorio del Instituto, que desde ese día nos comprometemos a observar.

Las hermanas que ya pertenecen plenamente al Instituto, una vez admitidas, nos dan la bienvenida de todo corazón y se hace fiesta por nosotras. La profesión temporal es ya una pertenencia plena al Instituto.

En este proceso de formación, se cuida que estemos bien integradas. Pues el juniorado es la etapa en la que más somos impulsadas a fortalecernos en la adhesión a Él y al Instituto.

La formación es sistemática, se acomoda a la capacidad de cada una, espiritual, apostólica, doctrinal y a la vez práctica también, si es oportuno, estudiamos para obtener algunos títulos pertinentes, que ayudan al mejor desarrollo de nuestro Instituto o de nuestro apostolado, estos títulos pueden ser tanto eclesiásticos como civiles. En esta etapa del juniorado se nos facilita el estudio de la Teología.

Hacemos estudios en cuestiones doctrinales o teológicas y si se ve conveniente para nosotras y para el Instituto algunas hacen estudios en alguna carrera.

 

LA PROFESIÓN PERPETUA

Después de 4 años de formación en el juniorado o más si lo requerimos, se nos invita a la profesión perpetua, la juniora recibe el escapulario con la cruz dorada y el anillo como signo de total pertenencia a Cristo.

Después de la profesión perpetua, nuestra formación continúa durante toda la vida en lo espiritual, doctrinal y práctico, tanto en forma comunitaria como personal.

Las hermanas debemos estar en una actitud de formación continua y progresiva conversión a Cristo, buscando la perfección en el amor a Dios y al prójimo.

En el retiro general de fin de año, en oración buscamos al Señor para evaluar el año que termina y programar el que se inicia. Elaboramos nuestro proyecto general de trabajo del año y después cada casa elabora el suyo propio para concretar en su realidad el proyecto general del Instituto, incluyendo medios, actividades y tiempos convenientes para una constante preparación personal y comunitaria.

Algunos elementos para la formación permanente en el Instituto son:

  • Retiros. Tenemos dos retiros al año en comunidad, uno general y otro por etapa de formación, tienen como finalidad estimular y fortalecer la relación con Dios, la vida fraterna y captar la visión y la voluntad de Dios para nuestro servicio pastoral.
  • Clases.
  • Célula. Tiempo en el que compartimos más a fondo nuestra vida espiritual, apostolado, experiencias, etc., tiene como finalidad apoyarnos unas a otras para crecer en el carácter de Cristo, crecer en nuestra relación con Dios, en nuestras relaciones fraternas, en el compromiso con nuestro Instituto y mejorar en los servicios y obras pastorales que están bajo nuestra responsabilidad.
  • Diálogo o entrevista personal.

Implica para nosotras fidelidad y perseverancia

La fidelidad y perseverancia las cuidamos cada día viviendo intensamente nuestra consagración, en una íntima y profunda relación con Dios y en una profunda experiencia de vida fraterna, poniendo en la luz, en la célula y en la entrevista personal, nuestras cargas y caídas, nuestras dudas, anhelos y esperanzas.

Esto implica aprender a cargar la cruz de cada día con valentía y coraje. Ser mujeres de fe y de una sola decisión hasta la muerte.

¿Qué te parece nuestra formación?

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