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¿Cómo es nuestra vida de oración?

NUESTRA ESPIRITUALIDAD

adoNuestra vida de oración es lo que más cuidamos en el Instituto. Jesús nos llamó para que estemos con Él. Ningún otro quehacer es tan importante como éste. Cada día cuidamos de ofrecer las primicias de nuestro tiempo al Señor.

Buscamos que nuestra primera actividad

del día sea la oración

Nuestras casas tratan de ser verdaderos centros de alabanza y adoración, donde se encuentre a Dios. Somos conscientes de ser un pueblo llamado a alabarle y a adorarle y esta experiencia deseamos trasmitirla a ti, a todos los hombres y a todos los pueblos.

Como mujeres que somos, fomentamos una piedad femenina, alegre; teniendo en cuenta que Cristo es el centro de nuestra vida.

Nuestra espiritualidad es Trinitaria, Bíblica, Eucarística, Mariana y Eclesial; basada en la cruz y muy carismática, es decir, que favorezca el ser guiadas por el Espíritu Santo y la manifestación de sus carismas tan propia de la Renovación Carismática y que se nos narra en los Hechos de los Apóstoles.

Practicamos la oración espontánea en común y con el pueblo, tan propia de la Renovación Carismática y que tanto edifica. Compartimos de manera sencilla y fraterna nuestras experiencias de la vida espiritual,  interesándonos por apoyarnos unas a otras.

Cada día, al iniciar las oraciones, invocamos al Espíritu Santo de manera muy personal con el himno del “Veni Creator”. Reconocemos que sólo por su acción podemos vivir este llamado que Dios nos ha hecho.

Vivimos el espíritu de la Liturgia según el ciclo anual de las celebraciones y fiestas de la Iglesia. Realizamos la Liturgia de las Horas en forma tranquila y sin prisas, cantando los salmos, ésto favorece el diálogo profundo con Dios.

Acompañamos la celebración de la Liturgia de las Horas con un tiempo de alabanza gozosa y adoración, antes o después, según nos ayude más a la contemplación.

Convencidas de que es Dios a quien escuchamos cuando atendemos a su Palabra y que esta Palabra es viva, eficaz y permanente, buscamos cada día estar en esa escucha atenta a través de la Lectio Divina, leyendo, releyendo, meditando, orando y contemplando.

Diariamente participamos de la Eucaristía, conscientes de que ese es el momento culmen de nuestro día, en el cual unidas a Cristo, nos ofrecemos al Padre y ofrecemos también todos nuestros trabajos y afanes por la salvación del mundo.

Para profundizar en nuestra dimensión contemplativa y vivir ese “Estar con Él”, y sabiendo que Dios nos ha encomendado como un quehacer especial la adoración al Santísimo Sacramento, la cultivamos con especial esmero.

Procuramos cada una estar frente al Santísimo expuesto, mínimo media hora en el día y media hora en la noche. Ésto se observa en las casas de formación, en las casas de vida contemplativa y en las de servicio, lo más posible.

Reconocemos a la Virgen María como primera Discípula de Jesús, buscamos profundizar nuestra relación con ella descubriéndola como nuestra Madre y Maestra, imitando cada día sus virtudes y recurriendo a ella en todos nuestros afanes.

Para ello nos ayuda el rezo del Santo Rosario que hacemos cada día. En Comunidad cinco misterios, y los otros, cada una de manera personal según nuestras actividades. Recordamos que hay una gran protección cuando recurrimos a la Virgen María.

En la mañana, después de Laudes, rezamos una oración de consagración a la Virgen María. Después de Vísperas, el rezo del Santo Rosario, y después de las otras Horas Litúrgicas, entonamos una antífona mariana.

Santa María de Guadalupe es nuestra protectora, le amamos con especial cariño y tenemos siempre una imagen suya en nuestras Capillas.

Conscientes de que vivimos en un combate espiritual, usamos las armas espirituales que Dios nos ha ido mostrando para nuestra protección, como el rezo del Santo Rosario, la adoración al Santísimo y el ayuno. Además de revestirnos cada día con las armas espirituales que nos recomienda San Pablo en la Carta a los Efesios.

Cada ocho días, hacemos la oración con los pasos del Tabernáculo, pues es una oración que nos lleva a un encuentro profundo  con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Tratamos de hacer de nuestra vida una alabanza

permanente a Dios.

Reconocemos que Jesucristo es Vida, y vida en abundancia. Una de las formas como nos da de su vida es a través de los Sacramentos. Recurrimos a ellos con gozo sabiendo que Jesús nos da vida, salud y fortaleza en ellos. Acudimos todos los días a recibir a Jesús en la Sagrada Eucaristía. Aprovechamos este momento, este encuentro, para unirnos plenamente a Él en adoración y gozo, en donación plena. Como Discípulas de Jesús, aprovechamos este momento para asemejarnos a nuestro Maestro, tomando de sus virtudes, de todo su ser, para irnos configurando con Él y ser así la complacencia del Padre.

Frecuentamos el sacramento de la Reconciliación buscando encontrarnos con el amor, la misericordia y la fortaleza que necesitamos para salir de nuestras debilidades y pecados. Seguras del amor incondicional de Dios, recurrimos a su perdón cada día en nuestra oración y una o dos veces por mes en el Sacramento de la Reconciliación.

Practicamos el silencio, como un medio excelente para escuchar al Señor. En nuestra vida diaria guardamos silencio en la noche, después de Completas hasta el día siguiente después de la oración personal y durante el día, en el tiempo de descanso. También buscamos guardar silencio el día de desierto personal y en los demás días de retiros en los tiempos que se crea necesario. La caridad es la máxima ley y cuando sea necesario escuchar a la hermana lo hacemos aún en tiempos de silencio.

Vemos que es importante guardar recogimiento interior siempre, aún en nuestras múltiples actividades y conversaciones, pues sólo así podemos ser sensibles a la presencia y dirección de Dios en nuestras vidas. Así vivimos también la dimensión contemplativa de nuestro Instituto, siendo contemplativas en la acción.

De la penitencia se dice que "rompe todas las cadenas, reprime toda tibieza, dulcifica toda adversidad, cura toda llaga, disipa toda tiniebla y repara todo lo que se halla desesperado” (San Juan Crisóstomo).  Con este mismo sentir, tratamos de ofrecer nuestras vidas y nuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios Padre (Rom 12, 1-2) y, uniéndonos a la Pasión y Muerte de Jesús, tratamos de dar un valor redentor a todas nuestras penitencias.

Formas como solemos practicar la penitencia:

  • Amando y sirviendo a nuestros semejantes “gastándonos hasta que duela”.
  • Soportando con paciencia los defectos y detalles que nos molestan de los demás.
  • Aceptando la cruz de cada día con alegría, sin quejarnos.
  • Haciendo con excelencia los trabajos que nos encomienden.
  • En el fiel cumplimiento de los votos.
  • Negándonos voluntariamente a disfrutar de aquello que nos gusta más.
  • Con el ayuno.  Reconocemos que el ayuno es un arma poderosa contra los espíritus malignos y nos ayuda a entrar en una relación más profunda con Dios, por lo cual, es bueno aprender esta disciplina en nuestra vida. El ayuno, según San León Magno, engendra los pensamientos castos, la voluntad razonable y recta y nos impulsa a los  más saludables consejos.

Acostumbramos ayunar:

  • Dos días a la semana por la mañana (Miércoles y Viernes).
  • En Cuaresma y Adviento, tomando desayunos y meriendas ligeras.
  • En los días de retiro se puede observar un ayuno más riguroso.
  • En otros tiempos que necesitemos, previo permiso de nuestra superiora.

Todo ésto cuidando que nuestra salud no  se destruya.

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