Nuestra Consagración.
"Dios es mi gozo, mi fortaleza,
Dios mi riqueza, Dios mi Señor.
Dios mi morada,
Dios es mi herencia,
para mi alma basta Dios.
Nada me falta pues todo lo encuentro en Dios,
mi alma descansa y me envuelve su amor,
toda mi vida será Señor
como una ofrenda de adoración".
Nos consagramos a Dios más plenamente abrazando los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, comprometiéndonos a vivir este estado de manera estable y definitiva. El Señor nos ha llamado a vivir un estilo de vida que favorece la comunión con Dios y el pleno desarrollo humano en fraternidad.
Por el voto de castidad nos consagramos totalmente a Dios amándolo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, comprometiéndonos a vivir la continencia perfecta en el celibato. "Queremos que Él sea nuestro gozo, nuestra vida, nuestra plenitud, que nada nos distraiga de lo único necesario: la comunión con el Señor."
Tratamos de vivir la renuncia y olvido del yo, cultivando la pureza de corazón y la vida de fraternidad, apoyándonos unas a otras para ser mujeres que vivan plenamente para Dios y para la extensión de su Reino.
Por el voto de pobreza deseamos seguir a Jesucristo, que nos llama a compartir su estilo pobre de vida. Renunciamos a todo apego material, nos confiamos a la providencia de nuestro Dios y dependeremos de nuestras Superioras en el uso de los bienes.
Cada una trabajará fiel y responsablemente, sirviendo en aquello que contribuya a la obra de Dios de acuerdo a nuestros objetivos. Si buscamos primero el Reino de Dios y su justicia, Él suplirá nuestras necesidades.
Por el voto de obediencia seguimos a Cristo, que nos enseña la perfecta obediencia despojándose de sí mismo y obedeciendo hasta la muerte.
Por lo tanto, todas vivimos sometidas a Dios y unas a otras, según las constituciones, amando la corrección y la disciplina. Siendo dóciles en la formación para llegar a reflejar el carácter de Cristo y de María. Con disposición a renunciar a nosotras mismas, para seguir la voluntad del Señor, para lograr la madurez personal y la libertad de los hijos de Dios.
Nuestro Hábito...
Llevamos el hábito del Instituto
como signo de consagración y testimonio de pobreza
Nuestro hábito es blanco (color perla). Consiste en una túnica talar, ceñida de un cinturón negro y sobre ella un escapulario.
Las hermanas de votos perpetuos llevan en el escapulario, a la altura del pecho, una cruz dorada. Con el hábito usamos velo y huaraches negros. Las novicias usan velo blanco. Todas usamos un rosario negro colgado del cinturón, al lado derecho.
En la casa, en las horas de trabajo usamos el hábito de túnica gris y escapulario negro para las profesas perpetuas;Las novicias y profesas temporales, túnica y escapulario gris.

En algunos momentos que requiere nuestro servicio o apostolado usamos falda negra y blusa blanca, llevando al pecho una cruz pequeña que dice: "Discípula de Jesús" para las profesas perpetuas. Las postulantes, novicias y profesas temporales, con una cruz pequeña que dice: "Jesús es mi Señor", deseamos con nuestra manera de vestir mostrar nuestra identidad religiosa, sin destruir nuestra feminidad.
